martes, 13 de marzo de 2018


OFERTA ESPIRITUAL

Vivimos tiempo difíciles es innegable. La pregunta eterna se potencia en la mente: ¿Cuándo no ha sido así para la vida del hombre sobre este planeta? El mundo antiguo mostró una raza humana muy aguerrida, sobre valorando a los guerreros, quienes llegaban a pueblos y aldeas saqueando, matando, quemando y esclavizando. Unos eran movidos por intereses personales, otros enarbolaban las banderas de hombres poderosos, de seres ansiosos por extender sus propios imperios. Hoy en día, los guerreros no son como los de esos años, están camuflados entre nosotros y nosotros mismos formamos parte de sus filas. Desde la mañana hasta la siguiente mañana, nuestra vida es una lucha constante; el ansia nos carcome el Alma, la impaciencia nos arruina la tranquilidad; nuestras noches de descanso se desvanecen fácilmente bajo la angustia inquietante de anhelar un nuevo amanecer, pero únicamente para llevar a cabo lo que aún no ha madurado en nuestras vidas, para amar sin freno, para posicionarnos como personas exitosas y recibir el aplauso del mundo, para perdonar sin quedar resentidos o para saciar el anhelo de poseer y de alcanzar por fin, nuestra felicidad. 

Se nos ha dicho: “El mundo es de los valientes y aguerridos”, solo ellos dan en el blanco y no obstante: ¿Cuántos de nosotros en realidad nos tenemos plena confianza y conquistamos fácilmente todo lo añorado, todo lo soñado y cumplimos con los deberes a los que nos hemos sometido? Muy pocos salen a la aventura del mundo con la cara en alto y confiando en sus propias fuerzas internas. La mayoría, para tener asegurada su anhelante existencia, interiormente luchan consigo mismos y se recriminan sobre aquellas facultades o actitudes que les hacen faltan para convertirse en ese gran luchador y estar entre los primeros, encabezando las listas de los pioneros, de los aventajados. Si alguien no nace en una prestigiosa familia, se le dice desde niño: “Lo mejor es educarse, saber una profesión, tener un oficio” Entonces a través de la academia, presuponen que quedarán dotados de aquellas actitudes con las que no nacieron. Buscan afanosamente el estudio y serpentean alrededor de los lugares en donde podrán formarse profesionalmente y quedan atrapado en un extenuante juego al que le acompañan ciertas promociones: “Cuanto más conocimiento tengas, más éxito alcanzarás; cuanto más te actualices en lo que sabes, más clientes te llegarán”. Por eso muchos empoderan sus vidas con la academia y no perciben más allá de sus libros, tesis, doctorados y demás especializaciones. Es bueno educarse, pero ese deseo, no debe convertirse en el anhelo obsesivo de la existencia; es adecuado buscar ser competentes en cualquier área, pero que eso no sea la razón por la cual, se pierde la belleza de estar vivos.

De otro lado, algunos, mucho más osados, se alejan de la estructura académica y corren sin vacilación a tener una vida holgada y sin mayores preocupaciones, haciendo su dinero de manera fácil. Se prestan para negocios turbios, para el robo, el pillaje o el sicariato, porque siente poseer madera para el mando, facilidad para retar los esquemas impuestos y las leyes operantes; cuanta más ambición posean, más poder alcanzarán. Pero la mayoría terminan su vida en una cárcel o  muertos de manera violenta. De igual manera, muchos corren tras los oficios de cantantes, futbolistas, actores o demás, pero siempre pensando que un destino cruel puede ser el origen de los infortunios, cuando la fama no llega o no se establece en sus vidas.

Hay un ofrecimiento en el mundo que empuja fervientemente al éxito, pero la ganancia, por lo común, gira en torno a lo material. Se anhela una buena casa para vivir, mucho dinero para gastar, bastantes títulos para exhibir delante de los amigos o familiares, queriendo con todos ellos, demostrar lo tan aventurero y competente que se es. Esa oferta es el condicionamiento social y desde niños la hemos escuchado de nuestros padres, de nuestros educadores, de los amigos y la repiten, constantemente los medios de comunicación. La oferta está ahí y nosotros la sostenemos con nuestros miedos, nuestros temores y nuestras inseguridades. La oferta está ahí y crece día a día, porque tal vez nuestras miras personales están sumergidas en un mundo muy pequeño, limitado y cerrado solo a unas cuantas creencias, conceptos y metas. Se ha de saber que existe otro regalo que se ofrece al hombre y es uno de carácter espiritual, pero de ese, nada sabemos en realidad y ni siquiera es reconocido por la gran mayoría de los humanos y menos aún en estos tiempos: tiempos de ateísmo, momento de materialismo extremo, etapa de poderoso orgullo intelectual. La fe en una fuerza suprema que se ha desvanecido en el inclemente mundo que nos exige poder, fama y fortuna, pero esas cosas se buscan a  expensas de nosotros mismos, quienes nos ofrecemos como el máximo poder y gloria, como seres independientes y solitarios en este mundo, con todo el poder personal y sin reconocer la pertenencia a una mayor comunidad, que es la humanidad.
 
Desde que el hombre fue presa de este mundo material, sus ojos se cerraron a la percepción de su Alma. En realidad, la creación implica un peregrinaje a través de diferentes niveles o mundos, y el plano material solo es una parte infinitesimal del recorrido total que realiza el hombre por el universo manifestado. Este mundo vibra en diversidad de niveles y planos. Es como cuando se escucha una sinfonía. No todo el sonido proviene del violín, sino que le acompañan instrumentos de percusión y de viento. Los músicos que tocan los instrumentos, son dirigidos por un líder, alguien con un conocimiento más extenso y global sobre la música. Así es nuestro mundo, como una sinfonía. Los instrumentos son como los niveles de vibración o mundos; los músicos, son los encargados de esos niveles, y el director de la orquesta representa a quien dirige todo el conjunto. Ese director, en el caso del mundo, es la Divina Mente Universal, Dios, Brahman o Allah. 

Brahman es como el aire que se dispersa por todos los lugares de un recinto, está en todas partes. Su energía se entrega a todos sin discriminación, como cuando el sol se pone en el oriente. Pero, Brahman no es sólo el mundo, lo supera, lo trasciende, porque si su presencia estuviera solo en este mundo, podría decirse de él, que es un perro, o un gato, Angel, demonio u hombre. No puede calificársele, ni encerrársele en una forma específica, porque es la Realidad que todo lo abarca. Si se le dan atributos se limita, tanto como se limitan las formas que de él descienden. El mundo, es el escenario onírico de Allah o Brahman y él sueña con formas y seres de diversa condición viviendo en la creación. Unas veces las formas son hombres, otras mujeres, otras Angeles, y en algunas ocasiones, demonios o plantas. Esas formas, en el caso del hombre, tienen consciencia de existencia y cuando esto sucede, se apega a sus formas y ellas se convierten en personajes que actúan en una obra de teatro, siendo éste el escenario onírico de Dios. El hombre luego ama profundamente sus personajes, y percibe un mundo de acuerdo a como es su rol, encerrándolo en el escenario en el que actúa con todo lo todo lo que hay en él y creyendo que es bueno, malo, pacifico o violento, según sea su nivel de actuación. En este momento el hombre se limita, se encierra, porque se identifica con el rol que representa y con lo que le acompaña. Si acaso, en el escenario, que es el sueño de Dios, adopta un rol de protagonista, entonces se convierte en el héroe, en el líder que abandera a una familia o a una comunidad y construye sus metas, basado en esas cualidades. Si villano, entonces, arriba a un temperamento ambicioso y más egoico. Si es banquero o comerciante, su mundo onírico se fundamenta en la acumulación de dinero. Un personaje político, necesita adulación y poder, y sus acciones tiene un sello muy característico. Así que, en un determinado escenario onírico, existen variados personajes, unos deseando gobernar a otros, y otros, queriendo ser solo seguidores de los fuertes. Muchos se dejan obnubilar por los objetivos personales de los más fuertes y corren desaforados tras sueños, muchas veces irrealizables. Así la vida del hombre se hace tensa, se percibe difícil y siente un sopor muy poderoso durante toda la existencia.    

No hay que olvidar que en cada escenario, existe el sello de lo Absoluto, porque Brahman, se encuentra en todas partes. Por eso, cada personaje, no se presenta solo como una forma física, también tiene vitalidad, emociones y algunos, mucha inteligencia. En cada parte del universo están todos los niveles vibratorios: el físico, el energético, el emocional, el mental, el supra mental, el intuitivo, el de la unidad, etcétera, porque así fue como diseño el Arquitecto Divino el mundo creado. El aire, que es la forma como comparamos el universo, está compuesto de muchos elementos químicos y es imposible, que en un recinto, como puede ser la alcoba, haya solo oxígeno y esté ausente el hidrógeno. Eso no sucede o si no moriríamos cada vez que cambiáramos de lugar. Así es la Consciencia Divina o la presencia de Dios en este mundo, nunca falta en ningún lugar, ni siquiera en este pedazo material. Y no se percibe más allá de cierto nivel, solo por ignorancia y por apego.

¿Qué se ignora? Las otras dimensiones de la existencia. ¿Y cómo sucedió esto? Por apego. Creemos que son nuestros sentidos físicos, los únicos medios del conocimiento y confiamos ciegamente en ellos, ellos son como la niebla que hace perder la claridad del camino. Así que todos los personajes, no superan la visión de este mundo material y en consecuencia, pierden el contacto con la presencia de lo sutil, que también está en este mundo. En consecuencia, la gran mayoría de los hombres se hacen insensibles a la fuerza espiritual, entendiéndose, por ella lo que supera la material. No ven otros aspectos divinos, no sienten el llamado que les protege de perderse en este nivel y que les impulsa a dejar el personaje al que se han acostumbrado. Esas fuerzas sutiles abren portales a través de los cuales se cambia de escenario o de escenarios y se alcanza una mayor libertad. Si cerramos las ventanas y las puertas de un lugar específico, el aire se enrarece y si lo ventilamos poco, llega a ser sofocante. Por eso, la oferta material es poderosa, porque se han cerrado los portales que permiten la percepción de otros escenarios. Y entonces cuando el director del escenario dice: “Se acabó la función” nadie escucha y continúan todos ejerciendo sus papeles, de manera continua y extenuante. Eso sucede porque el apego ha llegado a extremos y se desconoce que existe una entidad superior, que es Dios, a quien se percibe lejano o no se percibe en lo absoluto.   

Los grandes yoguis de la India, los sufís del Islam, los cabalistas del judaísmo, los gnósticos del Cristianismo, los budistas esotéricos, los shivaitas o vasnavas y también los vedantistas, describen en sus cosmogonías la existencia de un universo cuya manifestación se llevó a cabo por una poderosa fuerza espiritual. Ellos enseñan también que la creación trascurre en eventos cíclicos y todos concuerdan, en que existen épocas en las cuales la visión sutil de los hombres, es mayor que la material y otras, en las que ocurre lo contrario. Se narra en la Biblia por ejemplo que Adán y Eva vivían en el Edén y que luego de ser tentados por la serpiente, fueron expulsados de él y perdieron un hogar que era cálido, que les daba todo lo necesario para vivir y en el que llevaban una existencia feliz. El Edén es el nivel de vibración por encima del físico y cuando perdieron la visión de éste, despertaron en el mundo de la materia, lleno de peligros y en el que debían sobrevivir por sus propios medios. Ese mismo relato se asemeja en la tradición india a los ciclos cósmicos llamados yugas. Ahora estamos inmersos en el Kali Yuga –que durará 432 mil años-, altamente cegador de lo espiritual, pero potencialmente activador de lo material; comenzó este ciclo en el año 3102 a.C o sea que han trascurrido solo 5030 años de este yuga. El Kali Yuga forma parte de otros ciclos mayores que son: Dwapara Yuga, Tetra Yuga y Satya Yuga. En el tiempo del Satya Yuga, el género humano percibía toda la creación como “materia mental” y la mayoría de los seres, comprendían que el universo era una proyección de la conciencia divina. En el Satya Yuga reinaban la verdad, la justicia y el entendimiento y el hombre experimentaba lo divino de manera directa. En cambio, en el Kali Yuga el hombre toma papeles muy violentos, mostrando una gran decadencia moral y por eso existe esa proliferación de la maldad. Los escenarios de todos los mortales están llenos de conflictos, traiciones, corrupción política, enfermedad y mucho sufrimiento. 

No obstante, en el Kali Yuga la oferta espiritual de Dios es elevada, porque cuanto más apegado el hombre se encuentre de sus fantasmagóricos personales, mas misericordia le llegará de lo alto. Dios desea que sus hijos retornen a él y por eso la Divinidad bombardea al mundo con altas dosis de su amor en estos tiempos. Dios desea despertar de su pesadilla en cada hombre y por eso en esta época, los Mensajeros, los Avatares, la Jerarquía Angélica y los Enviados Divinos, se precipitan en raudales, cuando un hombre exclama por su liberación. Aunque se sepa que el demonio llamado Kali –no la diosa hinduista-, nos impele a escoger la oferta material en esta época, la misericordia es tan elevada en este tiempo, que si un hombre decide salirse del escenario, es decir despertar de su pesadilla, podrá hacerlo más fácilmente que en cualquier otro periodo o yuga. Aunque la competencia entre la oferta espiritual y material es muy poderosa en estos tiempos, si alguien decide levantar su voto por la gracia de Dios, despertando en su corazón la añoranza de su origen, la potencialidad de la Misericordia Divina, se desplomará, tan fuertemente como lo ha hecho para alentar el crecimiento material. Se dice que en el Satya Yuga, alcanzar el Samadhi o sea identificarse con nuestro origen, con el Alma Divina, era el resultado de grandes sacrificios y austeridades. Ahora en el Kali Yuga, luchar para tornar al Edén, precisa menos tiempo y menos sacrificios.

Un personaje, cansado de vivir lo mismo día a día y lleno de desesperanza y miedo, puede clamar por una mejor oportunidad diciendo: “Ya basta, quiero vivir una vida diferente”. Entonces, la Gracia Divina, le permite ver más allá y descubrir que existen otros escenarios. En el caso de los personajes de la obra de teatro, eso significa que por fin escucha al director cuando dice: “La obra termino, todos a sus casas”.  Estando afuera del recinto el actor le pide al director, que le deje participar en otras obras, porque está cansado de ser tal vez el valentón de una película y desea ahora actuar con más moderación y desapego. Y el director le dirá: “!Claro! Pero tendrás que prepararte para ejercer un nuevo rol y buscar alguien que te enseñe, que te dote con las otras cualidades”.  De manera idéntica sucede cuando se desea superar el dominio de lo material y entrar en contacto con la oferta espiritual. El educador, en este caso en un Maestro, un Gurú, el cual le explica los beneficios de su nuevo trabajo, y además, le ofrece un camino mucho más eficaz y rápido que el que hubiese necesitado un hombre del Dwapara Yuga o de otro yuga para despertar a su realidad espiritual. Tentadora no? Amigo lector, anhela el Gurú y el camino hacia El, se te despejará. 

Ya lo dije anteriormente en otro escrito, que a partir del año 2015, entramos en un ciclo astrológico muy benéfico. Este espacio de tiempo, empodera en el ciclo del Kali Yuga, una gran oportunidad. Es como si te dijeran a ti que eres pintor lo siguiente: “Mira viene el mejor pintor del mundo a dar una clases gratuitas. Tómalas y te beneficiarás mucho de ellas”. Ni de pensarlo sería y apenas se riegue la noticia, de inmediato se toma la participación. Es tan elevada la fuerza divina que se ha precipitado en este momento, que un ser humano puede liberarse en cualquier instante del Samsara. Es decir, si el personaje que era héroe y que ahora decide ser menos salvador y, luego, anhela ser mártir o esposo y posteriormente, un líder mundial o un banquero rico, entonces el Gurú, le asegura que él también, por Gracia Divina, le puede liberar de todos los posibles escenarios con los que el sueña, y más bien hacerlo uno con el Soñador y no ser más uno de sus personajes. Le promete que a través de ciertos sacrificios y desapegos, podrá ser parte del Mismo Creador y ya no más una ficha de su Creación. Le enseña que la creación le ha llevado a sentirle separado de Dios, vacío de bienaventuranza o gozo, de conciencia divina y de esencia sublime, y que puede superar ese estado para mirar nuevamente al mundo como solo un sueño divino; le invita pues a despertar y a salir de su pesadilla.

Ahora, en este momento, los Mensajeros Divinos están aquí, así la historia los haya olvidado; los Maestros se encuentran atentos, aunque no se sepa mucho de ellos; los caminos hacía Dios están abiertos, aunque nos hallamos alejado de la verdadera espiritualidad. Poderosa es la campaña espiritual en este momento; lo es tanto, que los doctos en los asuntos espirituales, han expresado lo siguiente con respecto a quien desee despertar de este sueño pesado y abrumador: “Si anhelas tu liberación, necesitarás lo siguiente: 25 % de tu esfuerzo personal, 25 % de la ayuda del Maestro y 50% de la Misericordia Divina”. O como lo ha expresado Mahavatar Babaji, el Maestro de Maestros: “Si das un paso hacia mí, yo doy 10 pasos hacia ti”. ¡Tentadora oferta no!! Llámalo y te llegará, búscalo y te encontrará.      

El que bien busca, bien encuentra y no corre el peligro de perderse en ofertas que se creen espirituales, pero que en realidad, son publicitadas por falsos profetas. El que bien llama, atrae la provecha cercanía de hombres virtuosos, y porque no de su Maestro y de varios Maestros. Muchos Mensajeros, encabezando las listas de las Cadenas de Oro -de eso ya hay mucho escrito en este blog, disponible en 27 artículos ya publicados, están atentos a aquel que despierta en su corazón una luz de esperanza y le comienzan a rodear para llevarlo al pórtico divino. Los Avatares están listos para cuando un número suficientes de hombres, reclamen la presencia de la bondad en este mundo. Une tu clamor y tal vez antes de que mueras veas a uno de Ellos en tu país y en tu vida presente. Los Enviados Divinos están al asecho y esperan por ti, porque eres Dios mismo en forma de hombre con la potencialidad de convocar a la Divinidad y cuando clamas, la presencia divina llega y abre todas las ventanas -todos los sentidos sublimes- y así te aseguras la visión de lo que estaba oculto. Los Angeles te bendicen día a día, porque ellos fueron creados para servirte y en tanto anheles una vida plena y llena de realidad espiritual, te cobijaran con su manto de Misericordia Infinita y ya más nunca llegará a ti la enfermedad, el frio y el sufrimiento.

Cuando vives para este mundo, tu mente se inquieta por el mañana, porque el deseo la empuja a recrearse en un lugar construido maravillosamente con una serie a veces inacabable de intenciones, intenciones éstas que se multiplican en los decires de toda la gente. El deseo te mantiene ocupado todo el tiempo y a éste le sigue la frustración, cuando percibes cercano el fracaso, porque te das cuenta que no eres el todo poderoso, aquel que se ocupa al mismo tiempo de sí mismo, de las necesidades de otros y de salvar al mundo entero. El mundo material es muy limitante, te cierra muchas oportunidades, porque enfoca tu atención en un punto muy pequeño. Y ese pequeño punto es tu ego, que te limita aún más, para protegerse, cuando percibe que no es tan poderoso ni eficiente. Creyendo ser apto, es en realidad incapaz de realizar muchas cosas y necesita entonces, salir al mundo mostrando lo que no es, y además compite con otros para demostrar que es capaz y responsable por este mundo, que es bueno para ayudar a este mal mundo, que es la clave necesaria para elevar a este mundo. De otro lado, al estar en armonía con la oferta sutil, entiendes que tu presencia en este mundo es solo para percibir a Dios y descubrir sus señales, las cuales al ser tomadas, te ayudarán a madurar y solo eso, puesto que te permitirán cumplir un plan específico divino a través de ti. Entiendes que debes abandonar la inquietud de hacer muchas cosas, que solo debes esperar y observar para descubrir los momentos adecuados para ti y solo para ti. Momentos que te llevarán, tal vez a que alcances la fama o el conocimiento o el amor o para aceptar que ninguna de esas cosas vendrá a ti.

Haciéndote copartícipe de la Gracia Divina vertida en estos tiempos,  crecerá en ti una fe infinita y comprenderás que desde que naciste, vienes dotado para alcanzar tu misión en este mundo. De igual forma solo serás responsable de lo que abarca tu pequeño mundo. De hasta donde, ves con tus ojos y nada más. De hasta donde, escuchas con tus oídos y nada. Y entonces cuando en la TV veas niños muriendo en Africa, únicamente, orarás y pedirás a Dios por ellos. No correrás a ese lugar, porque no lo puedes hacer y no culparás a nadie porque no sabes lo que en realidad está pasando. Ayudas en silencio y actúas correctamente, controlando el deseo de tener más de lo que puedes controlar. Y eso es altamente beneficioso para esos niños y también para otros que sufren hambre en otro lugar. Es muy sencillo y además puedes realizar desde tu lugar, otros ejercicios. Por ejemplo, en el instante en que sientas que no haces nada por el mundo, simplemente, recuerda un nombre sagrado de Dios y repítelo insistentemente. Tu mente se llena de un poder superior y dejas de preocuparte por el hambre en el mundo. Tu mente se calma de la ansiedad por el hacer y de tu imposibilidad de operar en cada lugar, porque cuando repites una verdad espiritual, un atributo de Dios, te estás entreteniendo y así no contribuyes más a perpetuar con tus inquietantes pensamientos, la avaricia en el mundo y te calmas. 

Ahora bien, cuanto más te ocupes de ti y rompas con los deseos del mundo material, y además percibas que estás de paso en él y que debes abandonar el apego por todo, porque este mundo es efímero, tus sentidos superiores van despertando, y cuando menos lo pienses tendrás la oportunidad de expandir tu propio poder porque lo sentirás infinito. Al hacerlo, ayudarás de verdad y tu lugar de vivienda se ira potenciando con la luz de Dios, porque ella ira emergiendo en la tranquilidad y el sosiego. Tu área de trabajo irá vibrando en acordes más elevados, logrando que otros te sigan, te observen y se pregunten: “Ese que hará para ser tan feliz? Cuando decidas caminar junto a los santos, maestros, profetas y enviados, los buscarás a donde quiera que estén o por lo menos tendrás un conocimiento adecuado, de cómo llegaron a ser lo que son. Estar en compañía de los enviados e iluminados te proporcionará un ambiente diferente, puesto que ellos están en este mundo, pero no son de este mundo. Ellos son puentes, entre lo de abajo y lo de arriba, y gracias a ellos, se precipita la fuerza divina sin alteraciones. Al tener libre de impurezas la fuerza divina, te sientes pleno, lleno, feliz y poderoso.

Adelante amigo lector, busca la oferta espiritual y si lo haces bien, la hallarás. 


miércoles, 21 de febrero de 2018


LINAJE VEDANTA ADVAITA
Artículo No. 27 de la serie de cooperaciones y auxilios

Adi Shankara: padre del Linaje Advaita  
i 
   
La Vedanta Advaita es considerada una receta universal para el espíritu humano y no debe concebirse como un sistema histórico de pensamiento; es decir, una realidad delimitada en el tiempo y en el espacio, circunscrita a una estructura más amplia. Los representantes de la Vedanta Advaita –ni ninguno de los exponentes otras visiones no dualistas- nunca se han sentido limitados a una escuela definida ni propietarios ni responsables de su pensar. Ellos siempre han expresado ser vehiculizaciones de esencia meta-histórica, diversa en sus formulaciones y expresiones relativas, pero una en su fuente y mismidad.

La Vedanta Advaita forma parte de las tradiciones que hablan de la unanimidad esencial y como tal cabe dentro de la denominación de “filosofía perenne”, “sabiduría perenne” “tradición unánime”, que hablan de cierta universalidad de las preguntas y respuestas últimas del pensamiento, sin ponerlas bajo la estricta pertenencia a una cultura o una época determinadas. La filosofía perenne da cuenta de ciertas constantes que al ser operadas, permiten la realización de las posibilidades latentes en las estructuras del hombre, con el fin de que éste, alcance la culminación de su percepción intuitiva supra-objetiva de lo real. Las doctrinas no duales, no son en sentido estricto, ni filosofía, ni religión, más bien podrían calificarse de sabiduría y gnosis. Sabiduría porque buscan trascender aquello que la filosofía considera como su joya más preciada: la razón meramente individual, para desarrollar una visión supra-temporal y supra-individual. Gnosis, porque prescinde de todo dogma y creencia, negando todo supuesto incierto hasta tanto no haya sido alcanzado con la propia certeza experiencial. El ámbito de la experiencia es universal porque es la comprobación viva del Ser, alcanzada más allá de la mera especulación y de la mera creencia personal. La sabiduría y la gnosis son nociones que apuntan al conocimiento directo del Ser, al descubrir el fondo o raíz de todo lo que es; un conocimiento no alcanzable por vía de la sola razón individual, sino por la participación directa en dicha realidad. Cuando se ha llegado a esa participación es porque se ha alcanzado la realización, en virtud de que el individuo se ha trascendido a sí mismo como tal y se ha establecido en su Sí Mismo.   

Para la Vedanta Advaita, la realidad es una, no dual y la única verdad es Brahman, siendo él la conciencia infinita y el ser infinito, sin ninguna determinación, ni limite (Nirguna Brahman), más allá de todo conocimiento, de toda forma y nada de lo que la mente puede pensar pertenece a él en realidad: Brahman es no dual, es el Uno sin Segundo. Brahman es la causa del universo o del mundo fenoménico y él lo mantiene y lo destruye cíclicamente.

El universo es la realidad empírica y en él se desenvuelve Īśvara (Dios Personal) y aquí Brahman aparece con cualidades concretas (Saguna Brahman). Se podría afirmar que Īśvara es el mismo Brahman que aparece enfrente nuestro, no como es en sí mismo, sino con un vestido que puede ser percibido. El universo es la realidad empírica en la que, se desenvuelve Īśvara  (Dios Personal), y también los seres o almas individuales (Jīvas), creadas por Saguna Brahman. Tanto Īśvara como Jīva, son meras apariencias, solo ilusiones. Son realidades relativas, puesto que se manifiestan en la realidad empírica que es causa de Brahman. El mundo fenoménico comprende a todos los objetos que se perciben cuando la persona está despierta.

Brahman no evoluciona creando el universo material y las almas individuales, sino que da origen a apariencias que dependen totalmente de él y que se pueden comparar con la plata que brilla en la caracola, pero que no es plata. Brahman, causa primera, produce el efecto de la creación como mera apariencia, pero la realidad última es advaita, es decir, ausencia total de dualidad. Como no hay nada más que Brahman, el Jīva (yo individual) y el universo entero no son más que Brahman, por lo tanto, Jīva es idéntico a Brahman o la Verdad Absoluta, ya que en la dimensión de la existencia espiritual, no existe variedad, individualidad o personalidad; es falsa la supuesta individualidad tanto del Ser Supremo (Īśvara ) como de Jīva.

Īśvara es Saguna Brahman, el que crea, mantiene y destruye el universo, mientras que Nirguna Brahman es el Absoluto sin ninguna distinción. Nirguna Brahman, sin cualidades, no niega a Saguna Brahman, con cualidades, pero es la verdad última inmanente a todo lo que existe. Nirguna Brahman, no está confrontado al mundo manifiesto, más bien lo asume y lo abarca. Su unidad no es la unidad que excluye la multiplicidad (ni a Īśvara ni a Jīva), sino que es absolutamente trascendente con relación a ellos y no puede ser nivelado con ninguno de los dos ni con los procesos del universo. En ningún caso es “algo”, una cosa entre las cosas, ni tiene nada que ver con lo que es algo o cosa. Brahman es la sede inmanente del mundo y, a su vez, es absolutamente trascendente con relación al mundo. Es uno con todo lo que es, y, a su vez, no es nada de lo que es ni tiene nada en común con lo que es. La doble cualidad de Brahman, inmanencia y trascendencia, demuestra que existe una relación no recíproca entre Brahman y el universo; es decir, como lo advierte el Bhagavat Gita: “Aunque soy fundamento y origen de todos los seres, mi Ser no está contenido en ellos”. Dando por sentado que no hay una medida común que permita hablar de una comparación, un contraste o una oposición entre Brahman y el universo. Esto exime a la Vedanta de la categoría de panteísmo y de su hijo el politeísmo.

Iśvara tiene el poder de producir un universo con diferencias de nombre y forma. Ese poder se llama Māyā y causa lo que se denomina “ilusión cósmica”. El universo es Brahman nivelado, equívocamente, con los nombres y formas determinados (nama-rupa), y percibido a través de sobre imposiciones (adhyasa) estrictamente mentales que dan lugar a la apariencia de un mundo escindido, integrado por realidades limitadas y separadas. Māyā es la mente mesurable (de la raíz de la palabra maya, en donde ma procede de la palabra medida), y por eso maya es ese espejo limitativo y separador en el cual Nirguna Brahman se refleja en forma de un universo distinguido como múltiple y dividido en el espacio y en el tiempo.

El Velo de Maya
El Absoluto o Brahman es propiamente no dual; en cambio el universo manifestado, en el espejo de maya por Isvara, es dual. En la dualidad, sólo se puede conocer algo cuando la mente lo opone en relación con su opuesto: el yo, con el no yo; el sujeto, con el objeto; la luz, en relación con la oscuridad; la ausencia, en relación con la presencia; la unidad en relación con la multiplicidad; el bien, en relación con el mal; el antes, en relación con el después; etc. El ser individual o empírico (Jīva o Atman), representa la presencia del elemento espiritual en el universo, pero siempre aparece junto con los adjuntos físicos, es decir el cuerpo y los sentidos. Está esencialmente asociado con la ilusión individual, que toma en este caso, el nombre de ignorancia (avidya). La causa del poder de Maya es el ser individual (Jīva), quien está en estado de cautiverio, pero Īśvara permanece siempre libre.

Debido a la ilusión cósmica el ser individual piensa erróneamente que en el mundo existe variedad y fragmentación y este conocimiento es la causa de todo mal. De la misma manera, en el ser empírico individual (Jīva), la ilusión o avidya lo conduce a una absorción en la dualidad, haciéndolo creer en la división y la separación de todas las cosas. Bajo la dualidad, enmarcado en la diversidad, Jīva no puede percibir la unidad y solo podrá hacerlo, en tanto su mente, trascienda su propio condicionamiento, complemente los opuestos y excluya toda distinción como sinónimo de separación. El objetivo de Jīva es liberarse de la ilusión individual para así alcanzar la liberación del cuerpo mortal (moksa). El medio para alcanzar la liberación, desde el punto de vista práctico, es mediante el conocimiento (Jñāna). La devoción (bhakti) y la renuncia son métodos de purificación y preparación. Alcanzar la liberación implica descubrir la propia realidad venciendo la ignorancia que la oculta y darse cuenta de lo que siempre se ha sido.

Describir a Brahman es imposible porque siendo el Uno sin segundo, no se relaciona con nada sino en sí y por sí; no es interdependiente sino auto existente. La única “descripción” posible para Brahman es aquella que simboliza la ausencia de toda descripción y que el advaita llama neti-neti: ni esto, ni aquello. A través de la mera negación de esto o aquello, se llega a una desidentificación con todo atributo y esto culmina en el reconocimiento de la identidad esencial, o sea de Atman con Brahman. Mediante la descripción negativa del fondo último del Sí Mismo, el individuo es invitado a tener la experiencia en la que evidencia, que el núcleo de su propio ser, está más allá/acá de toda auto vivencia limitada y objetiva. Mediante neti-neti, se abre un espacio incondicionado –vacío- en el que acontece la visión-experiencial supramental, o sea, una captación positiva e intuitiva. Una realidad a la que todo lo negado retorna, pero ya no en su carácter separado, sino como la expresión relativa y diversificada de lo que en sí carece de toda determinación y relación. Se comprueba que Brahman no es una conclusión de especulación sino de experiencia; no es lo máximamente vacío y abstracto, sino la máximamente eficaz, real y concreto.

Los aspectos triples de Saguna Brahman
Ya se enfatizó que Nirguna Brahman es Brahman no cualificado, el aspecto impersonal de lo Absoluto. También suele llamársele Tat: Eso. Saguna Brahman es Brahman considerado con relación al mundo manifiesto, siendo entonces el aspecto personal de lo Absoluto (Sah). Saguna Brahman es Isvara y en él se distinguen tres aspectos: Brahma, considerado el creador, el principio responsable del paso de lo inmanifiesto a lo manifiesto. La creación no es expresión de la nada, sino auto expresión del propio Brahman dentro de las condiciones relativas del espacio y del tiempo. El segundo aspecto es Vishnu que es el principio conservador y ordenador de los seres. Shiva, es el tercer aspecto, y representa la energía destructora y renovadora de Saguna Brahman, en virtud de la cual, lo manifiesto retorna a su origen inmanifiesto, y lo formal a lo sin forma.

Brahman no puede ser objeto de conocimiento, pues de serlo, supondría la referencia a un conocedor, y eso admitiría un segundo ser con relación a El. Solo la mente dimensional, divide y distancia al conocedor de lo conocido y, esa forma de ver, se da en la manifestación de Brahman, en la dualidad del mundo. No cabe conocer a Brahman, solo cabe serlo. Y eso sólo es posible, mediante un conocimiento no dual, no diverso de él mismo, en el cual no existe una referencia a un conocedor distinto de Brahman y en el que Brahman no deviene objeto conocido. Así que conocer la realidad es serla o en otras palabras: “El conocimiento de la realidad en sí, solo puede ser conocimiento por identidad”. En Brahman es uno el conocimiento, lo conocido y el  conocedor. Cuando sé es Brahman, se conoce a Brahman; sólo entonces el conocedor se convierte en aquello que conoce y realiza su naturaleza profunda en virtud de ese conocimiento, llegando así a ser lo que esencialmente es. Ese conocimiento por lo tanto es trasformador y generador de la realidad de Brahman, porque lleva a trascender toda diferencia relativa entre el conocedor y lo conocido, y a realizar la identidad última del yo.

Brahman es descrito como subjetividad pura o conciencia pura sin objeto, es decir, que, carece de toda cualidad objetual, ni siquiera es objeto par sí. Entendámoslo más fácil con estas palabras del gran místico Gñanéshvar: “¿Puede el conocimiento puro ser consciente de sí mismo? ¿Puede el ojo mirarse? ¿Puede el espacio crearse en sí mismo? ¿Puede quemarse el fuego’ ¿Puede un hombre subirse a su propia cabeza?  ¿Puede la vista verse, el sabor degustarse o el sonido oírse? ¿Puede el sol darse luz? ¿Puede un fruto dar fruto? ¿Puede un aroma olerse a sí mismo? De esta misma forma, el Conocimiento puro no se conoce a Sí Mismo. El es único en Sí Mismo y, por lo tanto, no es consciente de sí (como objeto conocible).”

En el contexto advaita, la experiencia de lo Absoluto, que conlleva al individuo a ser lo que realmente es, es ajena a una consciencia de propiedad. La verdad únicamente puede ser “sida”, no tenida, ni mucho menos conocida. Y puede ser “sida”, cuando se supera toda conciencia del “mío” y de “lo mío”; cuando ya no hay poseedor ni nada que poseer, cuando ya no hay conocedor ni nada que conocer. Por eso el pensamiento de las vertientes no dualistas tiene continuidad y coherencia; muy diferente a la postura occidental que es discontinua y en la que una “supuesta verdad” es rebatida por otra hipótesis o teoría.

La Vedanta Advaita invita al conocimiento de la verdadera naturaleza humana, puesto que la ausencia de conocimiento propio es la esencia de la ignorancia. El término Sí Mismo, muy usado en la terminología advaita, es visto desde dos niveles básicos:
1. El sí mismo Universal (Brahman), que también alude al Espíritu del hombre, al Fondo último del yo, al Si Mismo de cada ser humano (Atman). Atman puede ser considerado desde un punto de vista absoluto como el Supremo trascendente o también desde la mirada relativa, como el inmanente. En este último caso se ve en relación a la manifestación universal.
2. El sí mismo individual que es Jiva, siendo el sí mismo dividido y particularizado, aunque no es distinto de Atman porque es Atman y en Atman. Solo Atman es real; Jīva es relativamente real; es real como expresión de Atman y su apariencia independiente y separada es ilusoria.

La vivencia separada del yo debe ser superada por el hombre. Al morir la identificación absoluta del yo con Jīva, se puede reconocer a Atman como el verdadero núcleo esencial, como la fuente del yo, que es también la esencia de la divinidad. Por eso se dice: “Quien se conoce a sí mismo conoce a todas las criaturas”. Hacerse uno con Atman es hacerse uno con Brahman  y con todo lo creado.

Mediante el conocimiento propio se logra la identidad suprema de la esencia humana (Atman) con la realidad última y única (Brahman). La realización de esta unidad se opera a través del Yoga: unión o reunión. Es, en palabras de Shankara: “La toma de conciencia de lo que siempre ha sido y nunca ha dejado de ser”; el yo siempre fue Brahman. La separatividad del hombre con relación a lo Absoluto y al mundo, es solo una distorsión perceptiva. Por eso hablar de toda pretensión de unión, de toda disolución, de toda creación, de esclavitud, de salvación, de aspiración a la liberación, todo eso es un absurdo. Lo que debe hacerse es despertar del olvido de nuestra naturaleza profunda mediante la indagación en la condición del yo.

Indagación no es auto análisis, tampoco es auto observación psicológica. La indagación es hacer real al Yo para uno y en uno, hacer real a la Divinidad trascendente y universal. La auto indagación es una vía estrictamente experiencial. No será fruto del conocimiento, ni se adquiere mediante el asentimiento a autoridad alguna; tampoco a través del discernimiento lógico o racional. Solo se logra mediante la comprensión-realización que acontece siempre a través de la experiencia propia, directa e intransferible. Se indaga para conocer al conocedor, a esa presencia consciente que atestigua la experiencia. Se indaga para ser uno con el conocedor de todo lo conocido y no para conocer cualquiera de los objetos pertenecientes al mundo. En los Upanishads encontramos estas palabras, que tal vez aclaren toda esta profunda terminología: “No es el habla lo que deberíamos querer conocer; deberíamos querer conocer al hablante. No es lo visto lo que deberíamos querer conocer; deberíamos querer conocer al vidente. No es el sonido lo que deberíamos querer conocer; deberíamos querer conocer al oyente. No es el pensamiento lo que deberíamos querer conocer; deberíamos querer conocer al pensador”.

La verdadera identidad se alcanza mediante el abandono de todas las auto-identificaciones mentales y dejándose conducir por un conocedor de Brahman, puesto que éste último, inculca la certeza de la propia presencia consciente del “Yo soy eso”, en tanto aún, ésta no se ha vivenciado. La auto indagación no es un proceso cognoscitivo que culmina en la aprehensión del Sí Mismo, sino que apunta al conocimiento de lo que no somos, pero creemos ser; es decir, a la necesidad de advertir nuestra equivoca tendencia a identificarnos con nuestro yo relativo, siendo éste la causa del oscurecimiento de nuestra identidad real. Al conocer lo que no somos y al abandonar las falsas identificaciones se retorna al propio ser originario y se permite la libre expresión. Al conocer lo que no somos, nos liberamos de esas cosas y permanecemos así, en nuestro propio estado natural.

La desidentificación, la negación (neti-neti) y el abandono, son los instrumentos que nos conducen hacia el Sí Mismos. Auto indagación precisa de viveka o discernimiento y vairadya, desapego. El discernimiento va encaminado a separar lo falso de lo verdadero y, el desapego, a abandonar las falsas identificaciones o a posarnos exclusivamente sobre las sobreimposiciones que se adjudican al Jīva. La sobreimposición o la noción de “eso” en algo que es “no eso”, la explica Shankara con dos magníficos ejemplos: cuando se percibe una serpiente donde solo hay una cuerda, o se cree ver la plata en el brillo nacarado de una concha de mar. Un sencillo ejemplo ilustra claramente el tema de la falsa amputación o sobreimposición. Cuando alguien dice “yo soy sordo” no se está afirmando una verdad, porque la sordera es una propiedad del órgano del oído y no del yo. En la falsa imputación, se confunde la Conciencia con los contenidos objetivos de la conciencia y allí radica toda ignorancia o nesciencia. Bajo el discernimiento, la confusión, finalmente termina, abriéndose el camino que conduce a reanudar la identificación con la realidad, con lo que Es.

Las sobreimposiciones o upadhis son los tres cuerpos conocidos como causal, sutil o astral y físico, que dan origen a cinco envolturas o koshas, y siendo todos ellos la expresión fenoménica de Atman. Al mismo tiempo estos vehículos ocultan a Atman, impidiendo la expresión libre de su núcleo divino y llevando al ser a olvidar su universalidad, su verdadero origen y a confundirse o identificarse con sus envolturas a quienes le otorga la realidad absoluta. Si el ser humano se confunde con los vehículos, superpone sobre sí mismo los estados de los distintos cuerpos tales como emociones, acciones, sensaciones o pensamientos. Bajo esta perspectiva se considera al sujeto puro de modo objetivo, atribuyéndole rasgos que solo competen a las realidades objetivas. Así nace el sentido de separatividad, de un yo particular, independiente, sustancial, limitado y vulnerable a los objetos, tanto internos como externos. En la auto indagación se elimina ese juego de lo mío, de lo que soy, de lo que siento, etc, desmitificando ese centro vicario de la propia identidad, ese centro coordinador de vivencias, percepciones, conocimiento voluntad y acción que es conocido como ego.

LINAJE ADVAITA Y SUS REPRESENTANTES

PARAMAHANSA SWAMI SIVANANDA SARASVATI 


Swami Sivananda (1887-1963) representa a uno de los Gurús  más reconocidos del linaje de la Vedanta Advaita. Fue un sannyasin de la orden Dasnami Sarasvati, una de los diez que fundo Adi Shankara. Hasta nuestros días su influencia persiste y su legado ha llegado a todo el mundo; una vez más la India entregó a la humanidad a uno de sus más venerables hijos, mensajero inconfundible de la verdad, el amor y la entrega absoluta a Dios.
 
Swami Sivananda nació en Pattamadai, Tamil Nadú. Su padre descendía de Sri Apayya Dikshsitar (mitad del siglo XVI), considerado uno de los santos más doctos de la filosofía vedanta. Creció rodeado de seres devotos, puros, virtuosos, y eruditos en las escrituras del Yoga y además su lugar de nacimiento era un ambiente muy favorable para desarrollar altas cualidades espirituales. Desde muy tierna edad, vio a Dios manifestado en diferentes objetos y seres. De niño, en sus imágenes; de adolescente, en sus profesores; de médico en todos sus pacientes y compañeros, y ya cercano a la iluminación, en su bendito Gurú y su Achayra personal. Descubrió a lo largo de su vida como Dios le saltó, de sus iconos religiosos, a todos los seres que se encontraba en su camino; esto le permitió quitarse los velos que lo separaban de sus hermanos.   

Le llamaron Kuppuswami cuando nació y su sello personal lo movió a ser muy amistoso,  servicial y valiente. Tal vez por eso, se licenció en medicina en una escuela en Tanjore, aventajando a muchos de sus compañeros por tenacidad y profundidad en los conocimientos médicos. Se ganó fácilmente la admiración y el afecto de algunos médicos, quienes le abrieron las puertas a un buen futuro en el ejercicio de su profesión. Fundó la revista Ambrosia, en la que publicó artículos sobre diversos temas, resaltando temas relacionados con la medicina ayurveda. La revista fue todo un éxito y sus ediciones fueron publicadas durante 4 años. Luego trabajo como médico durante diez años en Malasia y allí demostró su firme voluntad, su determinación y su gran optimismo, que le permitieron adaptarse a su nuevo medio ambiente con suma facilidad y ganarse el apoyo y el cariño, tanto de los trabajadores como de los hombres pudientes y de sus colegas. En Malasia se entregó con pasión a su trabajo y fueron años muy edificantes para él, puesto que le permitieron demostrar sus capacidades innatas de encanto, eficiencia, agilidad, amabilidad, servicio desinteresado, actitud para intermediador en la solución de conflictos entre partes enfrentadas, y de sus notables tendencias para educar y preparar a los demás. Embriagaba a sus enfermos con su alegría, su esperanza, su vitalidad y su humor contagioso. En Malasia su vena literata le llevo a escribir más de 6 libros. Su alto prestigio le permitió ganar un buen salario y tenía todo lo necesario para alcanzar una estabilidad material excelente y mucha comodidad.

Estando en Malasia nunca olvidó practicar diariamente sus ritos, hacer sus oraciones, leer las escrituras sagradas ni tocar el armonio en kirtans y bhajans. Al mismo tiempo fue creciendo en él la idea de que Dios no había hecho este mundo solo para albergar los sufrimientos humanos, sino que había algo más, lo cual debería conocer y experimentar. Veamos sus reflexiones al respecto: “¿No hay misión más elevada en la vida que la lista diaria de tareas profesionales, comer y beber? ¿No hay una forma más elevada de felicidad eterna, más que estos placeres transitorios e ilusorios? ¿Cuán incierta es la vida acá? ¡Que insegura es la existencia en este plano terrenal, con diversos tipos de enfermedades, inquietudes, preocupaciones, miedo y disgustos! El mundo de los nombres y formas está cambiando constantemente. El tiempo vuela. Todas las esperanzas de felicidad en este mundo terminan en dolor, desesperación y aflicción”.  Conoció entonces a un monje mendicante que le dio su primera lección de Vedanta, comprendiendo así los aspectos positivos de la vida e infundiendo en él, el anhelo de encontrar, según sus propias palabras: “la seguridad absoluta, la paz perfecta y la felicidad final en otro lugar, en un dulce hogar de prístina gloria y pureza, de esplendor divino”.

Abandonó Malasia, partiendo nuevamente hacia la India, a los Himalayas y renunció a todo: su vida cómoda, su salario, su prestigio, sus joyas, sus sombreros. Deseaba un lugar ideal para orar, meditar y estudiar, y para servir de forma más elevada a todo el mundo. Llevó una vida errante en busca de Mahatmas, de lugares sagrados y en sus innumerables viajes, desarrollo adaptabilidad, humildad, entereza, paciencia, tolerancia, visión clara e imperturbabilidad. Igualmente recibió la guía de muchos santos y aclaro, junto a ellos, algunas de sus dudas. Su vida errante no fue larga, sólo la suficiente para encontrar a su Gurú y un lugar estable en donde pudiera realizar sus prácticas y hacer reclusión.

En 1924 encontró a Sri Swami Vishnudevanandaji Maharaj en Rishikesh y en él vio a su Gurú. El Santo igualmente lo reconoció como el discípulo anhelante de luz. Swami Vishnudevanandaji Maharaj era el líder del Ashram de Sri Kailas, un anciano sabio, vestido de ocre y con el rostro encendido por el fuego del conocimiento. El doctor Kuppuswami se arrojó a sus pies y el Santo lo levantó, lo abrazó con amor y afecto y le dijo: ¡Mi querido hijo! Veo algo en tu frente que me dice que eres un instrumento maravilloso en las manos de Dios para transmitir su mensaje al mundo. ¿Estoy en lo correcto al asumir que has renunciado al mundo y deseas llevar la vida de un monje? A lo cual el renunciante respondió: "¡Santo Padre! Sí, tiene usted razón. ¡Oh, qué afortunado soy de tener el darshan de un sabio divino! Bendito yo soy este día; bendito soy de hecho. Derrama tu Gracia sobre este pobre y humilde buscador. Porque, es solo a través de ti que puedo alcanzar mi objetivo. "Bien dicho, mi hijo. Debo sentir que es el mayor privilegio iniciarlo en Sannyasa". Así fue como el renunciante, fue iniciado en la gloriosa Orden de Sannyasa por el Chela y desde ese día fue conocido como Swami Sivananda Saraswati.

Viswananda Sarasvati
Swami Vishnudevanandaji Maharaj procedía del linaje de Parahamnsa Viswananda Saraswati, quien en realidad derramó, a través del Mahant, la herencia de su propio camino y se convirtió en el Maestro principal de Swami Sivananda. Se sabe muy poco de Swami Viswananda y se dice que vivía en un bosque junto con un toro y un tigre salvaje. Swami Viswananda mostró a Swami Sivananda el camino hacia Dios y le ayudo a superar las trampas y los riegos existentes en su camino de liberación. Con este contacto, el nuevo Yogui, aseguro su senda espiritual, porque marchó siguiendo con fe absoluta las palabras de su guía, quien ya había experimentado la verdad y el conocimiento real del Ser.

A partir de allí, vivió en una pequeña habitación en el Ashram de Swarg y siguió una Sadhana intensiva que incluía meditación, asanas, pranayamas, oración, silencio e introspección, consiguiendo la fuerza y la guía desde su interior. Junto a la práctica desarrollo su servicio de una manera más libre, continúo con sus estudios, y llevo una vida sencilla. Durante esos años percibió a Dios de otra forma, como la luz que todo lo penetra, comprendiendo que el sufrimiento, el dolor y todas las miserias humanas son solo reflejos, ilusiones de las mentes humanas ignorantes de Dios. Comenzó a escribir notas y cartas a quienes acudían en su auxilio; en ellas resaltaba instrucciones muy útiles sobre la práctica espiritual. Debido a la vista de innumerables personas fundó la Swarsashram Sadhu Sanga para ofrecer santsangas, cantos sagrados y preparar a sus estudiantes. Desde 1930 formo a muchos Sannyasins y Yoguis de una manera muy adecuada y les instó a diseminar sus prácticas lecciones y el conocimiento que tenía de la esencia de las enseñanzas de sabios y santos. Los estudiantes más adelantados iniciaron centros en otros lugares o hacían su propia Sadhana en las cuevas del Himalaya.

Viajó extensamente por toda la India, para meditar en santuarios y aprender con los más importantes maestros, yoguis y gurús de la época. Conoció al gran yogui Maharishi Suddhananda Bharati y otros iluminados como Ramana Maharshi y Sri Aurobindo. Durante sus viajes comenzó también su enseñanza, inspirando a la gente a practicar el yoga y a llevar una vida divina; muchos acudieron a él buscando guía en el camino espiritual. A donde quiera que fuera, dejaba todos los lugares sumergidos en poderosas vibraciones espirituales debido, no sólo por su venerable presencia, sino también por los múltiples kirtan que entonaba junto con sus seguidores.  

En 1936 fundó la Sociedad de la Vida Divina para la diseminación del conocimiento espiritual y fue así como se publicaron una serie de artículos sobre el aspecto práctico del Yoga, de Vedanta y de salud; los periódicos más importantes de muchos países  publicaron sus artículos. Al poco tiempo fundo su Ashram en Rishikesh el cual creció y llegó a mantener cerca de 400 personas, entre académicos, instructores, pobres, visitantes, Mahatmas, Yoguis y estudiantes. En el Ashram funciona la Universidad de Yoga Vedanta del Bosque en la cual se forman un gran número de estudiantes. En 1945 fundó la Farmacia Ayurvédica Sivananda y en 1957 el Hospital Sivananda.

Durante su vida Swami Sivananda guió a miles de discípulos y aspirantes en todo el mundo, escribió más de 200 libros y fue un pionero en llevar el yoga a Occidente. Sus palabras describen el motivo de su misión: “Nunca planee fundar ninguna institución que perpetuase ni nombre. Pero la voluntad de Dios era otra. El mundo entero vino a mí con toda la plenitud de la gloria y el esplendor divinos. Lleve le mensaje de los sabios y los santos y enseñé al mundo el camino hacia la paz y la dicha”. La Sociedad de la Vida Divina fue posible gracias a las oraciones de personas ansiosas que deseaban una ayuda para dejar de sufrir; la institución vino con el fin de rescatar al hombre de las garras de la bestialidad y de la brutalidad y se empeñó en santificar sus vidas sobre este planeta. La sociedad tiene como base la quinta esencia de todas las enseñanzas y de todos los santos y profetas del mundo. Swami Sivananda dejó este mundo en julio de 1963, sentado en meditación profunda, mediante el estado conocido como samadhi. El fundamento primordial pregonado por Swami Sivananda fue el Yoga Integral que comprende Jñaña Yoga, Karma Yoga, Hatha Yoga y Raja Yoga.

DISCIPULOS DE SWAMI SIVANANDA






SWAMI CHINMAYANANDA (1916-1993) indio de nacimiento, realizó estudios seculares en ciencias, literatura y derecho y en sus años universitarios participó en el Movimiento de Independencia de la India. Luego de pasar algún tiempo en la cárcel, se unió al Ashram de Swami Sivananda en 1949; allí también conoció a su otro Maestro Swami Tapovanam con el que vivió ocho años. En 1951, comenzó a difundir una visión alegre de la Vedanta, estableciendo centros para su aprendizaje llamados Sandeepanys en varios lugares en India. Allí los jóvenes aspirantes que habían sentido el llamado para dedicar sus vidas al estudio de Vedanta, recibieron educación intensiva mientras vivían una vida altamente disciplinada. Más de 200 de ellos, se graduaron como Brahmacharis y Brahmacharinis y difundieron el conocimiento a muchos lugares en India y el extranjero.

Swami Chinmayananda, también estableció en varios lugares de la India, escuelas, colegios, casas para los desfavorecidos, hogares para ancianos, hospitales, clínicas, templos y programas de extensión comunitaria. Resumía la misión comunitaria con las palabras: "Dar la máxima felicidad para el mayor número de personas por el máximo de tiempo". Todos los programas estaban y aún siguen baja la supervisión de la Misión Chinmaya que se fundó para ese fin. Swamiji escribió comentarios excepcionales sobre el Bhagavad-Gita y los Upanishads muy claros y lógicos. Escribió, así mismo numerosos libros sobre vedanta, meditación, cultura y simbolismo hindú.

Le sucedieron en el trabajo de la Mision Chinmaya los siguientes discípulos:
Swami Tejomayananda (1950) nacido en India y su unió a él en 1970. Realizó al Curso Vedanta en Sandeepany Sadhanalaya en Bombay, se graduó allí como Brahmachari y en 1983, fue iniciado en Sannyasa por Pujya Gurudev. Escribió comentarios sobre algunos libros de texto de Vedanta y tradujo los escritos de Gurudev al hindi. Viajo un año por los Estados Unidos y Canadá, y cuando su Gurú alcanzó Maha-samadhi, fue nombrado el Jefe de la Misión Chinmaya y la dirigió hasta el 2017.
Swami Swaroopananda, sucedió a Swami Tejomayananda y fue iniciado en la orden monástica en 1992. Desde entonces, ha tocado a miles de vidas en todo el mundo, y su tremendo trabajo al sacar a la luz la sabiduría esencial y la unidad subyacente de todas las religiones, le ha ganado un lugar entre los vanguardistas de la autodeterminación.
Swami Dayananda Saraswati (1930-2015), enseño vedanta en India y en todo el mundo por más de cinco décadas. Diseño cursos residenciales de tres años y con ellos más de 200 estudiantes se han graduado como maestros y enseñan Vedanta alrededor del mundo. Igual que sus predecesores contribuyo con obras sociales de gran magnitud y participó en numerosos foros sobre la paz mundial. Uno de sus más avanzados discípulos fue Sri Vasudevacharya (Michael Comans), australiano de nacimiento, filósofo e iniciado por Swami Dayananda en 1998. Actualmente enseña vedanta en Australia e India, y ha publicado varios libros y artículos.
Swami Atmananda Saraswati, desde muy temprano se dedico al estudio de las escrituras y en 1980 contactó con la Misión Chinmaya. En ella recibió su ordenación como sanyassin. En 1992 estableció la Misión Vedanta, para compartir la sabiduría de esta sagrada ciencia con el mundo entero, buscando con sus programas llenar el gran vacío que existe en el campo de la conciencia espiritual. En 1995 Swamiji estableció su Ashram llamado apropiadamente Vedanta Ashram en Indore.


SWAMI CHIDANANDA SARASWATI (1916-2008) nació en la India y fue educado en un prestigioso colegio cristiano, lo que le permitió embeberse de las virtudes del amor, la compasión y la humildad del Señor Jesús. Descubrió que tanto en la Biblia, como en el Bhagavad Gita y los Upanishads, se mostraba la palabra viva de Dios. Esto le permitió conocer fácilmente las similitudes y la esencia común entre los ideales cristianos y la fe hindú. A los 27 años de edad se unió a la Sociedad de la Vida Divina y a los 33 años su gurú lo inició como sannyasin. Swami Shivananda pronto reconoció en él las cualidades naturales e inusuales de un ser liberado e iluminado estando vivo, de un gran santo y de un yogui ideal. Fue nombrado presidente de la Sociedad de la Vida Divina una vez que Swami Sivananda dejo este mundo. Se mantuvo toda su vida como un simple monje a pesar de ser un maestro espiritual de fama mundial. Era muy compasivo con los pobres, los enfermos y los oprimidos, especialmente los leprosos para quienes estableció tres colonias en Rishikesh. Por lo tanto, fue conocido cariñosamente como el San Francisco de la India, por el que tuvo una inmensa admiración. Fue pionero en el diálogo interreligioso, teniendo un profundo entendimiento de la unidad esencial que subyace a todas las religiones del mundo. Se encontró con santos de todas las religiones y reconoció en ellos la Vida Divina misma en todas sus diferentes facetas. Un iniciado dijo de él: "Cada vez que me siento a Sus pies, me invade una paz que supera la comprensión. La luz y la paz divina emanan de su sola presencia. Su cuerpo alto y esbelto no es más que austeridad y belleza: la incomparable belleza de los santos cuyos cuerpos, llenos de equilibrio, reflexionan permanentemente sobre el misterio de la Transfiguración. Es una mente discriminativa y conocedora, capaz de trascender todas las barreras. ¡Su alma no es otra que amor absoluto, amor, amor infinito! Al mismo tiempo, un ferviente bhakta y una advaitin imperturbable, mucho más allá de las dicotomías del pensamiento, Swami Chidananda es la encarnación de la simplicidad pura ... Además, nunca he visto a ningún gurú tan humilde como él, ni he visto a nadie que sirviera a todos con el mismo grado de desinterés. Si habla de sí mismo, siempre está en su capacidad de humilde discípulo de su Maestro, Swami Shivananda. Además, en lo que a él respecta, todos los seres son sus amigos, sus "hermanos": todos los seres son  murtis del mismo y único  Atman que percibe en todos". Swami Chidananda Saraswati fue autor de docenas de libros sobre yoga y espiritualidad. 

SWAMI KRISHNANANDA (1922-2001) nació en una familia brahmín, recibiendo una estricta educación. Era un hombre polifacético: erudito, yogui, filósofo, administrador y maestro. Conocía tanto el pensamiento indio tradicional como la filosofía occidental y la ciencia moderna. Llegó al Ashram de Swami Sivananda en 1944, buscando el conocimiento supremo y fue aceptado en pocos días. Allí fue ordenado sannyasin y desde ese momento se volvió más introspectivo, silencioso y retirado. Al cabo de algunos años se convirtió en un jivanmukta (liberado en vida) instalándose definitivamente en la conciencia espontánea e ininterrumpida de lo Absoluto. Ofreció al mundo miles de conferencias y unos 40 libros, en los que tradujo y comentó libros tan importantes como los Upanishads, el Bhagavad-gita, los Yoga-sutras y otros más. Su conocimiento tuvo un carácter abierto y acogedor y admitió que el Yoga ―y en particular su esencia, la meditación― es la ciencia de la ampliación gradual de la conciencia individual hasta su identificación con la conciencia universal, con lo Absoluto. Con respecto a la filosofía de la Vedanta dijo Swami Krishnananda:
“La Vedanta, no es ni un solipsismo ni un mentalismo inferior. Tampoco afirma la realidad absoluta del mundo. El método de abordamiento del Vedanta es integral. No dice que solo la idea subjetiva sea real, ni que solo el mundo objetivo sea real. Ni tampoco que no haya nada real en absoluto. No dice que lo Real sea solo trascendente o solo inmanente. Ni dice tampoco que entre el sujeto y el objeto uno sea superior al otro. Ambos son correlativos. El Vedanta no se inclina hacia ninguna idea dogmática, hacía ningún lado o aspecto, sino que acepta en su visión el ser verdadero entero. Las Upanishad, la base de la filosofía Vedanta, no abordan la Verdad de un modo meramente subjetivo o individualista, no caen en el subjetivismo individualista. Saben que el individuo es imperfecto. Y tampoco cometen el error de fijarse solo en el lado objetivo de la existencia y caer en el materialismo. De hecho, no puede demostrarse la realidad de nada objetivo, ya que ningún objeto se conoce realmente con independencia de las categorías del conocer, que limitan el conocimiento a su propia esfera de comprensión. La naturaleza del mundo que existe fuera del conocedor no puede determinarse porque faltan los medios de conocimientos necesarios. La observación objetiva de las cosas, por aguda que sea, no puede proporcionar un conocimiento absolutamente correcto de ellas, ya que en todas las formas de observación queda abierto un abismo entre el conocedor y lo conocido. Cuanto más se extiende el poder de observación, más grande parece la extensión de la existencia. No hay esperanza de sondear lo infinito utilizando la capacidad sensorial o incluso la facultad mental, ya que ambas se ocupan del conocimiento de las formas fugaces".

SWAMI VISHNUDEVANANDA (1927-1993) fue uno de sus discípulos más cercanos y conoció a su Maestro cuando se encontró con uno de sus folletos tirados en la basura. Vivió con su Gurú por unos diez años durante los cuales fue entrenado en todos los aspectos del Yoga. Rápidamente se convirtió en un excepcional yogui –determinado, entusiasta y lleno de vitalidad-, por lo cual Swami Sivananda lo envió a Occidente a difundir las enseñanzas del Yoga -el mapa espiritual para la paz interior-. Inició un movimiento holístico hacía la paz, realizando vuelos simbólicos en los lugares más conflictivos del mundo en los que arrojaba flores y panfletos con mensajes pacificadores. No dudaba ni temía ser bombardeado y su mensaje era: “El hombre es libre como un pájaro, supera las fronteras con flores y amor, no con armas y bombas”. De igual modo viajo tres meses por India en un autobús de dos plantas bajo el lema “Yoga para la paz“.

Viajó California en 1957 y en 1969 Swami Vishnudevananda encontró la manera sistemática de difundir el yoga, dirigiendo el primer Curso de Formación de Profesores (TTC) en Occidente lo que ha  permitido la formación de 43.000 profesores, a los que se añaden 1.000 más cada año. Ellos enseñan el yoga clásico en centros de salud, escuelas, centros médicos, universidades, hospitales y prisiones. Esos profesores de Yoga se han educado en sus  más de 70 centros Sivananda Yoga Vedanta que él creó. Su entusiasmo era desbordante, lo mismo que su vitalidad y con soplo 10 rupias, que le dio su Maestro cuando se despidió de él, fue capaz de llevar el mensaje del Yoga a miles de personas. Swami Vishnudevananda resumió su mensaje en cinco pilares: asanas, ejercicios de respiración, relajación profunda, dieta vegetariana y, pensamientos positivos y meditación. Dejó su cuerpo en 1993 durante un peregrinaje por la paz mundial y el entendimiento mutuo en Bangalore, Sur de India.

SWAMI SATYANANDA SARASVATI (1923-2009), nació al norte de la India en una familia muy prestigiosa y estuvo rodeado permanentemente de personas con motivaciones espirituales y religiosas: hindúes, budistas, cristianas, entre otras. A los quince años de edad se inició en la práctica de Kundalini Yoga, a los 19 años se unió a Swami Sivananda y allí se hizo Sannyasin. Estuvo con su Maestro durante 12 años y luego recorrió, durante 9 años, el subcontinente indio como un asceta errante. De esta forma evalúo las necesidades de la gente de esa época y eso lo motivó a fundar el "International Yoga Fellowship Movement" en 1956 y la "Bihar School of Yoga" en 1963 en Munger, lugar en donde se radico luego que su Maestro partió de este mundo. Durante los siguientes 20 años, visitó todos los continentes propagando el yoga a las personas de todos los países, razas y religiones bajo el lema “llevar el yoga de costa a costa y de puerta a puerta”, condujo numerosos programas para el entrenamiento de sannyasins y personas de hogar sobre las diferentes técnicas de yoga y escribió más de 80 libros sobre yoga, tantra y espiritualidad convirtiéndose en el guía espiritual de miles de aspirantes y la inspiración de muchos Ashrams de yoga tanto en India como en el extranjero. Expuso con gran claridad la manera como, a través del Yoga, se pueden resolver los múltiples problemas de la existencia, revelando en un lenguaje concreto y sencillo, los más profundos secretos de la Meditación, los Mantras, los Chakras, la Kundalini, y el Yoga, para que todas las personas puedan tener acceso a este conocimiento superior, sin importar raza, sexo, edad, cultura o credo.

En 1984, fundó la institución “Sivananda Math”, encargada del desarrollo y erradicación de la pobreza y el analfabetismo y la “Yoga Research Foundation”, institución orientada a la investigación médica y científica a través del Yoga. En 1988 renunció a todo lo que había creado, para volver al estilo de vida de un sannyasin, retomando practicas vedantas elevadas. En 2009, dio el adiós definitivo a las miles de personas que se habían reunido para participar en unas festividades, luego se sentó en Padmasana, exhaló su prana y alcanzó el Mahasamadhi.

Discípulos de Satyananda Sarasvati


Swami Niranjanananda Saraswati (1960) un gran educador para la enseñanza de la Vedanta tanto en occidental como en Oriente. Es autor de muchos libros clásicos sobre yoga, tantra y upanishads. Viajó por todas partes para difundir el mensaje de su gurú, guiando a  buscadores de todo el mundo, trabajo que realizó hasta el año 2009 a partir de los cuales comenzó una nueva fase de la vida de sannyasa según el mandato de su gurú.
Swami Suryaprakashananda Saraswati (1982) fue el sucesor de Swami Niranjanananda Saraswati y asumió la presidencia de Bihar School of Yoga. Nació en San Francisco California, de padres indios y fue educado en España. Recibió el Dashnami sannyasa por Swami Niranjananada en el 2000. Desde entonces, ha seguido una intensa preparación en el ashram y en la vida espiritual con el objetivo de asumir responsabilidades mayores. Swami Suryaprakashnanda supervisa la gestión de las actividades del ashram y es un brillante ejemplo de compromiso firme con la misión del gurú.
Swami Satyasangananda Saraswati (1953), nacida en la India; a sus 22 años conoció a su Maestro motivada por una serie de experiencias internas. Creo Sivananda Math en Rikhia, ONG dedicada a trabajar por los desposeídos en áreas cercanas a Rikhia y es directora del Ashram Paramahamsa Alaka Bara. Encarna la compasión y la claridad de raciocinio y es conocida cariñosamente como Swami Satsangi por sus extraordinarios satsangs. Viaja actualmente por todo el mundo llevando las enseñanzas de sus maestros, relevando en esta misión a Paramahamsa Niranjanananda.