lunes, 20 de noviembre de 2017

¿EXISTE EN CADA HOMBRE UN MAESTRO INTERIOR?

Se plantea a través de las tradiciones espirituales verdaderas –aquellas vías, conocimientos y prácticas de larga edad cuyo fin es conducir al hombre a la liberación del sufrimiento-, que el hombre resuena en infinitos acordes de presencia gloriosa, conquistando mundos, estados y visiones divinas, por obra de una emanación primaria. El hombre se abre a la existencia por el capricho divino de saborear diversos frutos en un infinito mercado existencial de seres, formas y estados de conciencia.

Como mercaderes de la Existencia Plena, ofrecemos al Creador, los frutos de nuestros devenires en el tiempo y en el espacio. Todos tendrán sus propias cualidades: unos apetecibles y atractivos, otros, no tan sugestivos, para despertar la compasiva atención Divina. ¿De qué dependerá el que unos sean polos atrayentes de su Santa Presencia y que ante algunos, pase de largo y no se entretenga para saborear sus esencias? Los primeros serán degustados con regocijo espiritual, en tanto que los segundos, estarán destinados a atraer a las predadores, tan pronto las sustancias fermentadoras, los conviertan en objetos putrefactos y mal olientes. El fruto exquisito se obtiene de una siembra realizada con un buen saber y ésta depende de un experto, el cual escoge las mejores semillas, aconseja el sitio adecuado para sembrar y anota la mejor estación para hacerlo. De igual modo, enseña el momento más adecuado para eliminar la maleza, anota el tipo de nutrientes a utilizar así como los días aptos para fortalecer el crecimiento y permitir que los arbustos sean robustos y resistentes al viento y a la lluvia.

El experto labrador ha llegado a serlo por gracia de muchos plantíos, realizados todos ellos a lo largo de varios años. Las mejores siembras, son el resultado de las experiencias de muchos cultivadores, dando cada cual, a sus contemporáneos las fórmulas secretas, los pasos más idóneos; todo lo necesario que permitirá obtener los frutos más resistentes, más jugosos y mayormente apetecibles. El sembrador experto, en el caso de la siembra divina es el Maestro, el Gurú, aquel que ofrece sus secretos y que lo hace sólo cuando se alcanza una cercanía con él, en el momento en que permanentemente se vive bajo su presencia, y cobijado con su fuerza. El labrador padre pasa al hijo su secreto, el hijo ya sembrador, lo hace a toda su descendencia, creando una cadena versada en su propia técnica y que no se interrumpirá en el tiempo. Lo mismo sucede cuando se ingresa en la cadena de un linaje espiritual, con miras a ofrecer los frutos obtenidos mediante el crecimiento personal. El inexperto buscador se hace hijo de un Gurú; es decir, se convierte en su discípulo, el cual, en manos de él, quedará matriculado en las Escuelas que conducen a los hombres a convertirse en los mejores seres humanos, los más santos y los más virtuosos. El neófito, ya en la Maestría, por causa de su experiencia y persistencia, acoge a otro inexperto y le suelta sus secretos haciendo posible el traspaso de su saber de edad en edad.

Todo pintor nace con un talento y éste únicamente es reconocido cuando lo refina mediante el aprendizaje con un Maestro consumado y experto en el manejo de sombras y luces. Difícilmente accederá a la élite de los artistas, si no va recomendado por un experto, por un famoso, por un erudito. Con el aprendizaje, tanto el pintor como el sembrador, se educan en técnicas especiales, en varios procesos que les permitirán realizar su labor más fácilmente, en el menor tiempo y con los mejores resultados. El aprendiz está con su Maestro por un largo periodo y en este tiempo obedece sus directrices, se acoge a sus correcciones y acepta de buen modo, las sugerencias de cómo pulir su propio estilo. Dormita en el educando una fuerza individual que lo llevará a dos cosas: hacerse el mejor pintor, en el estilo que propone su Maestro o salirse de esta vertiente principal para crear una nueva. Ese contacto que hace con su propia impronta, bien sea mejorando el estilo enseñado y propuesto por su mentor o abriendo una nueva forma de utilizar los colores y las sombras, le permite manifestar al mundo su estilo individual, ofrecerla a otros y tal vez llevarle a la Maestría para educar a otros posibles artistas. Extrapolando esto al artista de Dios, el hombre se hace divino por gracia de un Gurú y luego de esto, despliega el poder interno con el que fue bañado cuando fue creado.

El buscador espiritual debe hacerse experto en muchos asuntos: virtud, auto observación, meditación, concentración, discernimiento, desapego, contemplación, adoración y práctica espiritual, entre otros. Todo eso debe ser enseñado por un experto, por aquel que, a través de la Maestría, ha alcanzado la meta final, la iluminación, la liberación del sufrimiento, la realización del Ser y conforma la élite de los liberados, de la Jerarquía Oculta que ha ofrecido al Creador los frutos más delicados, exquisitos y casi perfectos de su creación humana. El Creador acoge con beneplácito aquel que ha ascendido a la Maestría ya que ha superado a la mediocridad de su ego y está dando testimonio de los mejores regalos que Dios ha ofrecido al hombre y es haberse hecho humano, posición altamente codiciada por Angeles y otra criaturas.   

¿En qué se educa el buscador y a quien educa? No educa a la Realidad Ultima, a la Santa presencia que dormita en su seno, pues ella es perfecta por naturaleza, pero duermen un largo sueño por causa del Alma identificada con su existencia. El buscador pule a la consciencia personal llamada ego. El ego es una sombra, una ilusión creada cuando la impronta individual llamado Alma, se identificó con los existentes divinos, a través de los cuales fue puesta a peregrinar en el mundo manifestado. Es decir, el Alma se siente un cuerpo y se apega a él, creyendo que esa es su única verdad; también simpatiza con sus emociones y se ve triste, alegre; fluctuante entre varios sentimientos. De igual modo, el Alma ama sus pensamientos, sus sistemas de creencias y empodera a su mente como la máxima autoridad en asuntos de conocimiento. Por causa del ego, el Alma se identifica con el cuerpo, con sus sensaciones, con sus gustos, con sus hábitos y, difícilmente, sale de ellos. Muere y en los niveles supra conscientes, también busca satisfacer aquello que comía, bebía o gustaba cuando estaba envuelto en la materia física.

La persistencia de la mente humana en los mismos pensamientos convierte al hombre en un ser rutinario, predecible, psicorrigido, siguiendo siempre un curso de acción, repitiendo a diario sus propias tendencias y sosteniendo un gran sentido de personalidad egoica. Palabras como “yo”, “mí” se convierten en su lenguaje diario habitual, en su característica personal: “Yo amo, yo soy, yo pienso, yo tengo”; frases que al ser repetidas una y mil veces, le hacen pensar que es el más experto, el mejor y el más independiente. Debido al ego, el común de los mortales no calla nunca, porque lo que dice los demás, él ya lo sabe y mejor. De igual modo, no se asombra nunca, ni estando en frente de la belleza de la creación, ni ante la sabiduría exhibida por los verdaderos amantes de Dios. En el baúl mental o emocional del hombre común, todo está bajo control, todo está bien atesorado; esa es una mentira que se siente verdadera, se sostiene y, difícilmente, se olvida. El ego le hace pensar siempre en términos de ganancia personal y todo se mueve en torno a él, para obtener por medio del mundo, su seguridad.

Bajo el influjo del ego, solo se educa el hombre para una ganancia propia, buscando tal vez el reconocimiento personal, el aplauso del mundo, el anhelo de enriquecimiento, el deseo de fama y poder, y el afán de saber más que otros. A duras penas relaja su fuerte egoísmo, baja su cabeza y se acoge a la guía de sus maestros escolares y universitarios, porque educarse y aprender, le han representado una gran inversión de dinero, mucho tiempo de dedicación y poco descanso. Los que desean aquietarse y emprender el camino de retorno a su Fuente, es decir, alcanzar un estatus más elevado que el común de los mortales, y luego matricularse en los postgrados conducentes a entrar en el discipulado y la Maestría, deben emprender también un sistema de educación y matricularse con alguien que le indique el camino, que le otorgue el título de Amante de Dios. No puede hacerlo solo, porque dentro de él, en la condición normal en la que se encuentra, no tiene un Maestro Interior que le diga cómo hacerlo y además nunca lo tendrá, porque no existe, esa es una idea absurda pregonada por los falsos maestros, especialmente en Occidente. El que cacarea a grandes voces que él es su propio Maestro, vive en un engañado mayor, que aquel que vive una existencia normal.

Pero, cosa curiosa, en los primeros cursos de aprendizaje espiritual, el ego es fuerte y la obediencia es poca. Si se vive en occidente, lugar en el que se ha perdido el respeto por la tradición, por la experiencia, por los seres que están capacitados y dispuestos a dar su mano al inexperto peregrino que desea ingresar en la Maestría Espiritual, el asunto se complica en demasía y se puede caer en un abismo tenebroso aún pero que la misma vida cotidiana. En este lugar del planeta no solo se sufre de desobediencia sino de ingenuidad. La gran mayoría, pretenden entrar en la carrera espiritual, por sus propios medios y algunos son visitantes asiduos de ofertas, sobretodo virtuales, que le ofrecen este cielo y la otra vida. Se convierten en caminantes con una “espiritualidad light” y toman técnicas de acá, de allá; un poco de cada una de ellas y emprenden una serie de rutinas espirituales sin una guía real; sueñan con hacerse “esoteristas” haciendo muy pocos sacrificios. Por lo común son atraídos por los pseudo maestros o sea personas con gran carisma y liderazgo, que entraron en contacto con un Maestro Real, pero renunciaron a su enseñanzas, se separaron de él y desarrollaron su propio método de aprendizaje y enseñanza sin haber alcanzado elevados estados de consciencia, sin estar cercanos a las altas estaciones espirituales. De tal suerte que el deseoso espiritualista, al igual que su supuesto Guía, se quedan a mitad de camino puesto que: ¿Quién los evalúa? ¿Quién los califica mostrando en realidad sus aprendizajes y ascensos? Las escuelas de estos pseudo esoteristas, porque así suelen llamarse, son como se dice en el argot popular colombiano “universidades de garaje” y funcionan sin licencia ni estándares de calidad; es decir, sus conocimientos no superan los saberes humanos ordinarios y sus técnicas o enseñanzas no están calificadas por el Centro Superior de Enseñanza que es la Jerarquía Oculta. El ingenuo queda entonces a merced del ambicioso. No solo bajo el control de hombres que codician dinero, sino también de los que roban energía sexual, de los que gustan sentirse rodeados de sus amantes seguidores o de los que reciben el aplauso de gentes que se maravillan a veces de algunos pequeños poderes alcanzados, que no son más que prestidigitaciones realizadas por un experto en esos asuntos.

El desobediente tiene un fuerte núcleo egoico y difícilmente acepta que para la iluminación no puede seguir vestido con los asuntos e intereses del ego. El proceso de la liberación es lento y seguro, cuando el buscador se matricula en una verdadera escuela de misterios, que es lo mismo que decir, en una Tradición Espiritual, en una Cadena de Oro. El proceso de la iluminación se complica, se alarga, se retrasa, en el momento en el que el buscador, desconoce o no acepta la guía real de un experto, de otro que ya ha recorrido el camino. Estando bajo la tutela de un Maestro, el neófito en asuntos espirituales es llevado por sendas seguras y sin peligros. La primera enseñanza que recibe se refiere a que recuerde, ya que ha olvidado el verdadero lugar de donde partió y se le enfatiza que su real objetivo es rescatar su condición divina, siguiendo el sendero trazado por las Escrituras Sagradas o sea por el Sanatha Darma. No puede despertar sólo, porque debe superar, sobretodo el orgullo intelectual y la errónea creencia de que él, es independiente y auto suficiente. Se le muestra que su vida es una ilusión y para salir de esa mentira vital, debe conocer muy bien a quien la creo y la sostiene; en pocas palabras, debe aprender a mirar con profundidad a su ego. No se trata de potenciarlo, sino de volverse un experto para controlarlo y utilizarlo como una herramienta al servicio del Alma, de su núcleo divino individual. Y para ello hay que bajarle su intensidad, observándolo diariamente mediante técnicas dadas por alguien que ya logró el control de sus fuerzas egocéntricas. 

Surge una interesante inquietud: ¿Desde dónde se observa? Desde el ego mismo y veamos porqué. El ego es una máquina que funciona con diferentes partes y cada una de ellas cumple su función de manera perfecta. Las partes del ego se conocen como roles y cada una de ellas utiliza toda una serie de posturas personales que alimentan su existencia y sostienen su lugar en el engranaje psicológico del hombre. La energía emocional es la fuente de donde se da vida y existencia al ego. Desde la infancia se construye al ego y todo comienza con un sentido de supervivencia y protección, que se despierta debido al medio ambiente circundante. Se aprende, por ejemplo, a ser fuerte en hábitats agresivos y se crea un personaje ficticio que se etiqueta como el valiente. Se da origen a un papel ambicioso cuando se vive en familias exigentes y sociedades muy competitivas. Un personaje manipulador surge cuando se crece en un hogar misterioso y poco sincero. Y así, sucesivamente, se forman, a lo largo de la existencia, todos esos anexos que complementan los programas del ego, siendo éstos no más que envoltorios ficticios cuya función es crear barreras protectoras para aguantar la estampida de un medio externo circundante muy agresivo. El ego es la plataforma sobre la que se asientan los diferentes programas que le permiten prolongarse a lo largo de toda la vida. El ego es el hardware, el soporte de todo el sistema informativo y los roles o papeles son el software a sea las diferentes aplicaciones que lo hacen funcionar y que se van anexando en la medida en que las circunstancias o necesidades lo ameritan. A mayor edad más aplicaciones se han establecido; a mayor necesidad más engalanamiento con diferentes roles. ¿Y cómo se limpia todo esto?

El trasfondo del asunto es que el aspirante espiritual averigüe los diferentes papeles que conforman su ego, y para ello, el experto, el Maestro, el Guía Real, le va dando las clases y las claves para que eso sea posible. Le enseña a construir otro programa, que para el caso espiritual, es llamado el “Yo Observante”. Así que, no es el mismo ego el que observa, porque de ser así, se cae nuevamente en el círculo vicioso de justificación, condenación, culpa, miedo, ira, celos y demás. El “Yo Observante” es como un detective entrenado y para hacerse a este título no basta con solo leer un libro, seguir una información encontrada en la red ni mucho menos acatar algo sugerido por un amigo. La creación del Yo Observante, requiere un aprendizaje con un experto, el mismo camino seguido por un buen sembrador o un reconocido pintor. 

En este proceso del despertar, del darse cuenta de que se vive en un mundo irreal, no se habla de la existencia de un Maestro Interior, no es así. En el trabajo de la auto observación, por ejemplo, simplemente, se sigue la misma vía de acción de cómo fue construido el ego y se toma energía emocional para dar vida al detective, a aquel que va a dirigir su mirada a la condición interna, para tomar los apuntes, para guardar las imágenes, para grabar las palabras y todas las emociones o sentimientos que acompañan la puesta en marcha de los diferentes programas del ego. La ventaja de ser guiado por un Maestro exterior, es que él, mediante los reportes recibidos -tal como un universitario presenta sus exámenes- va aplaudiendo los aciertos, va mostrando los avances y va advirtiendo de los retrocesos o de los peligros. Estos últimos son de una gran importancia con el fin de evitar que el “Yo Observante” entre en la trama del ego, lo alimente, lo consolide y cambie el rumbo de la tarea. El Maestro Guía enseña a su neófito la manera más correcta para permitirle al Yo Observante que permanezca aislado y vaya fortaleciéndose en mecanismos de protección, no sólo que lo dejen separado de la culpa, la auto justificación, la ira, la vergüenza, el miedo, la tristeza y la sensación de ser una pobre víctima a merced del mundo sino que le vayan dando poder y asuma, finalmente, la existencia mental; es decir que reemplace a los pensamientos y solo él viva en la existencia mental, limpiando la mente de todo otro pensamiento egoico. El Yo Observante será el último programa añadido con paciencia y persistencia, siendo el que finalmente dejara nuestra mente libre de todos los anexos.

Alguien que decida emprender el proceso de auto observación solo, contaría con las mismas estructuras del ego, con sus mismas mañas y caería en un pozo profundo de orgullo intelectual. Diría en sus observaciones: “Yo observé”, “Yo vi”; es decir, la misma jerga utilizada por el ego y ahí no se estaría haciendo nada diferente a lo acostumbrado. Y, ¿A quién le daría su reporte?, ¿A quién le entregaría sus observaciones? ¿Quién lo calificaría, si aún dormita en él, la fuerza de la divinidad? Engaños y más ilusión serían su regalo. En la Vedanta Advaita se enseña que la observación implica un proceso de percepción intuitiva y que eso solo puede hacerse desarrollando un tipo de apreciación diferente a la de los sentidos. Los sentidos son los mejores instrumentos del ego, pero ya sabemos que limitan en demasía la observación y conducen a emitir conclusiones muy parciales de todo lo que se percibe, tanto del mundo interior como del mundo exterior. La percepción en la que no median los sentidos, solo se alcanza mediante la meditación y tener éxito en ella implica una regularidad de mínimo 10 años, en dos secciones, una en la mañana y otra en la noche, y que éstas tarden más de media hora. En el caso del “Yo Observante” construido bajo la supervisión de un Maestro Espiritual, el trabajo se acorta y el éxito dependerá de la regularidad, la constancia y la disposición del aprendiz.

De acuerdo con todo lo anterior, el Maestro Interior no es una fuerza que dormita en cada hombre. Lo que se oculta en él y que permanece en este estado latente, en tanto no se despierte del sueño de irrealidad, es el Ser Interior. El Maestro Interior es otro concepto que vale la pena escudriñar bajo otra perspectiva. En el sendero del discipulado existen dos clases de contactos: uno horizontal y otro vertical. El horizontal se refiere al encuentro con un Maestro vivo que forma parte de un linaje, de una tradición espiritual. La tradición espiritual es una cadena ininterrumpida de iluminados que alcanzaron este estado, haciéndose discípulos de un Gurú y luego lograron la Maestría, es decir una condición que les capacitó para enseñar y tener luego sus propios discípulos. Es una cadena conformada por lo tanto de Maestro-Discípulo que se remonta a tiempos muy antiguos. Existen muchas tradiciones y ellas se encuentran en todas las religiones verdaderas, representando el sendero oculto, el camino seguido por los que desean liberarse en un tiempo menor que el utilizado por el común de los hombres. El acercamiento vertical es con un Maestro no vivo, que no hace presencia en este mundo material y se contacta con él desde los planos internos, hablándose acá entonces de un Maestro Interno. No porque el discípulo contacte consigo mismo y crea que lo ha hecho con esa presencia majestuosa y erudita que cree que es su educador, sino en el sentido en que contacta con su Guía, mediante un sistema no basado en los sentidos, sino a través de la percepción de planos que superan la percepción común. 

En conclusión, el Maestro le dice a su aprendiz, que utilice algunas buenas cualidades del ego para lograr un buen resultado, un fruto que evidencie un cambio real en su vida. De igual modo, le explica el terreno sobre el cual debe comenzar a observarse, para que no se pierda en la compleja estructura de su ego, tal como lo hace el sembrador con el lugar más adecuado. Igualmente, le habla de cómo ganar energía para que no claudique en el proceso. Así, poco a poco, y con los nutrientes aportados por el amor del Maestro, el neófito, desarrolla una postura detectivesca que va puliéndose a lo largo del proceso y la cual le va capacitando para eliminar las malezas que van creciendo en su espacio personal y que obstaculizan la buena observación. Finalmente, el Yo Observante, se va separando del engranaje del ego, va identificado todos los roles y sus miles de máscaras y va permitiendo que aflore el Ser Real, el fruto apetecible y libre de alimañas. Llegado un momento especial, cuando ya la estructura se conoce a cabalidad, cuando el neófito se hace consciente de que ella tan solo ha traído complicaciones o sufrimientos y la ve lejana al Yo Observante, el Maestro da la estocada final y destruye el ego de su educando. El ego no muere por la fuerza del neófito, sino por la gracia del Maestro, quien se asegura que mediante su poder, la ilusión nunca más será reanimada en su discípulo. Entonces, sin ego, el discípulo, ofrece al mundo su fruto más preciado: Su Ser Real, su Alma impoluta que ya más nunca se identificará con lo creado. Y ese aspirante será mirado con beneplácito por el Creador y entrará a formar parte de sus amigos más cercanos o Awliyas como se llaman en la terminología sufí. 






sábado, 2 de septiembre de 2017

LINAJE VEDANTA ADVAITA
Artículo No. 26 de la serie de cooperaciones y auxilios

Los Vedas

Los Vedas son una abundante y antigua colección de libros sagrados, escritos en prosa y en verso, y son considerados revelados, aunque no en el sentido de la revelación de un Dios personal al ser humano. Los Vedas reúnen todo el legado espiritual del conocimiento supremo y los rishis o videntes son aquellos seres calificados para acceder a este saber.

Al conjunto de los Vedas se les denomina sruti que significa “lo que se ha revelado”. Además de los Vedas propiamente dicho, existe una vasta literatura auxiliar, llamada Vedangas cuyo objetivo principal es el facilitar la tarea de interpretación de los textos védicos. Esta literatura no es considerada revelada y tiene un autor humano. Se la denomina smrti que significa “lo que se ha transmitido de generación en generación”.

Los Vedas son cuatro y cada uno de ellos se forma por una colección de diferentes escritos que a su vez se componen de cuatro capas o niveles. Los cuatro Vedas, a saber, son: Rig Veda, Sāma Veda, Yajur Veda y Atharva Veda, y los distintos niveles de interpretación de cada uno de ellos son: Samhitas, Brahmanas, Aranyakas y Upanishads. Los Samhitas fueron compuestos entre los siglos XVI-XII a.C y en ellos, los Vedas, se interpretan en términos de alabanzas a diversas divinidades de la mitología védica –religión que antecedió al hinduismo-, himnos  a los dioses, sacrificios, liturgia, hechizos y conjuros. Los Brahmanas son tratados teológicos escritos entre los años 900 al 700 a.C. para uso de los sacerdotes brahmanes. En ellos se explica el contenido de los ritos y las costumbres mencionados en los Samhitas. Los Aranyakas representan un desarrollo posterior de los Brahmanas y fueron compuestos alrededor de año 700 a.C. Los Upanishads son apéndices de los Aranyakas y son textos profundamente metafísicos.

En los Samhitas, Brahmanas y Aranyacas, se desarrolla un concepto de un ser controlador único del universo, pero no se define o analiza su naturaleza. En cambio, en los Upanishads hay un intento de afirmar y explicar la verdadera naturaleza del Ser Supremo. La realidad inmutable, última y suprema, se expresa en los Upanishads con el término Brahman. El hombre procede de Brahman y a través del conocimiento, comprende que Brahman está dentro de él tomando allí el nombre de Atman. Atman es el mismo Brahman pero individualizado en estructuras corporales. Atman expresa la esencia inmutable del ser humano, la realidad espiritual cubierta por varias capas de origen material: vitalidad, sentimiento, materia y pensamiento.

Los Upanishads ocupan la parte final de los Vedas y el término significa “el acto de sentarse al lado” y se refiere a la doctrina esotérica que se adquiere al escuchar directamente del Maestro espiritual, en actitud sedente, las doctrinas secretas o reveladas exclusivamente a los videntes. Al intentar establecer el sentido místico de los Vedas, los Upanishads se convierten en los escritos esotéricos de los Vedas, que despliega la manera en que Brahman es despertado a través de las diferentes estructuras. Los primeros tres niveles de interpretación de los Vedas aseguran el bienestar material de los hombres, en tanto que los Upanishads atestiguan la forma en que el ser humano obtiene su bienestar espiritual. Los Vedas más antiguos muestran el camino de los ritos y sacrificios (karma-marga), en tanto que los Upanishads dan a conocer el sendero del conocimiento (jñāna-marga); proponiendo que el sacrificio, sea reemplazado por la meditación (upasana), siendo ésta el medio por excelencia para alcanzar el fin último del ser humano que es la realización de la Verdad Suprema.

Se dice que existen 108 Upanishads y los más viejos están ligados a un Veda particular, a través de un Brahmana o Aranyaka. Los más recientes no están relacionados con ningún Veda en particular y fueron compuestos en el periodo medieval o a principios de la era moderna. Algunos autores de los Upanishads han sido brahmanes y otros poetas iluminados. Se dice que la principal figura en los Upanishads, es el sabio Yajnavalkya, quien sentó las bases de la gran doctrina de neti-neti, la cual enseña que la verdad sólo puede ser encontrada mediante la negación de todos los pensamientos acerca de ella. Otros sabios importantes de los Upanishads son Uddalaka Aruni, Shwetaketu, Shandilya, Aitareya, Pippalada, Sanat Kumara, Manu, Brihaspati, Ayasya y Narada. Existen once Upanishads principales que son: Chandogya Upanishad, Kena Upanishad, Aitareya Upanishad, Katha Upanishad, Mundaka Upanishad, Taittiriya Upanishad, Brihadaranyaka Upanishad, Svetasvatara Upanishad, Isavasya Upanishad, Prasna Upanishad,  Maitrayani Upanishad y Kaushitaki Upanishad.

las Escuelas Filosóficas de la India

Las escuelas filosóficas de la India o darshanas se establecen después de los Upanishads. Se dividen en dos grandes grupos, conocidos como ortodoxas (astika) y heterodoxas (nastika). Las escuelas ortodoxas reconocen la autoridad de los Vedas, mientras que las heterodoxas no la reconocen y la rechazan. Las escuelas heterodoxas comprenden el Budismo, el Jainismo y la Carvaka. Las ortodoxas son: Samkhya, Yoga, Nyaya, Vaisesika, Mimansa y Vedanta. El conocimiento de cada escuela se transmite en forma de sutras o aforismos recordatorios, teniendo cada una un texto canónico, al que se le suman los comentarios realizado por diferentes Maestros. Algunas escuelas han llegado hasta nuestros días y el esfuerzo de todas ellas está enfocado en la liberación.

Escuela Samkhya y Yoga

La escuela Samkhya se atribuye al sabio Kapila, pero su texto principal es el Samkhya-karika de Isvarakrishna (siglo IV). Samkhya viene del sánscrito sam, unión, plenitud, y Khya, “ser conocido, conocimiento”, es decir: poseer conocimiento completo; alcanzar la suprema sabiduría, o sea, la realización del Ser y la unión con Brahman. Samkhya es una doctrina dualista que parte de dos elementos constitutivos que no pueden ser derivados el uno del otro, ni ambos de un tercero, no existe, por tanto, ningún Dios creador. Estos principios son: prakriti, la materia y purusha, el espíritu, o mejor, los espíritus, ya que son numerosos, puesto que las creaciones han sido infinitas. Prakriti es la causa de todo y se compone de tres gunas o cualidades: sattva, rajas y tamas, que tienen ciclos de equilibrio y desequilibrio en su distribución. El otro elemento, purusha, es el espíritu, inalterable, en un estado de indiferencia y aislado de la materia. La liberación se consigue cuando se alcanza el conocimiento de la distinción entre prakriti y purusha.

Escuela Yoga

Yoga significa la unión o fusión de Atman (Chispa individual de Brahman) con el Espíritu que todo lo abarca (Brahman). Sus principios están expuestos en los Yoga-sutras de Patanjali (siglo II), y en varios comentarios, principalmente el Yogabhashya de Vyasa. Representa la parte práctica de la escuela Samkhya  y persigue la realización del Ser, que consiste en experimentar los diferentes estados de conciencia intuitiva que se logran por medio de la meditación y que conducen a la suprema unión con Brahman, estado en el cual el hombre se ha liberado del sufrimiento y la ignorancia. El Yoga añade un principio llamado Ishvara (Dios) que actúa como el estímulo inicial del proceso evolutivo.

En el Yoga hay varias sendas para profundizar en el estudio y en la práctica que conducen a la liberación y son:
1. Bhakti yoga (Yoga de la devoción). Es la senda que ve a Brahman como la encarnación del amor. El bhakti-yogui, a través de la oración, la adoración y el ritual, se entrega a Brahman, canalizando y transmutando sus emociones en amor incondicional o devoción. El cantar y escuchar mantras, bhanjans y kirtans forma una parte sustancial de esta rama.
2. Jñana yoga (Yoga del conocimiento). Es el camino más difícil y en él se requiere gran fuerza de voluntad e intelecto. Se indaga en la propia naturaleza con el fin de conducir al jñaña-yogui a experimentar la unidad con el todo, rompiendo la ilusión de estar separado del mundo y disolviendo los velos de la ignorancia. Antes de practicar el Jñaña Yoga, el aspirante necesita haber integrado las lecciones de los otros caminos yóguicos, pues en la búsqueda de la liberación, sin la abnegación, la práctica y el amor a Dios, la fuerza del cuerpo y la mente puede convertir al aspirante en un individuo ocioso y potenciar el enfoque mental especulativo. 
3. Karma yoga (Yoga de la acción). El yogui de esta rama, logra la purificación del corazón actuando desinteresadamente, sin pensar en ganancia o recompensa. Se desprende de los frutos de las acciones, los ofrece a los demás y a Dios aprendiendo a sublimar al ego (Atman identificado con la material, las emociones o los pensamientos.). En este sendero el aspirante minimiza la actuación del ego teniendo en cuenta que es sólo un instrumento para que el bien se lleve a cabo y entiende que él no es el “dador del bien”, sino sólo su instrumento.
4. Hatha yoga (Yoga de disciplina física). El aspirante yogui usa aquí la relajación y otras prácticas como asanas, mudras, bandhas etc. para ganar el control del cuerpo físico y la sutil fuerza de vida llamada Prana. 
5. Ashtanga yoga o raja yoga (Yoga de disciplina física y mental). A menudo llamado el “camino real”, porque ofrece un método integral para controlar las olas del pensamiento, convirtiendo la energía mental y física en energía espiritual. La práctica principal de Raja Yoga es la meditación.
Raja Yoga también se llama Ashtanga Yoga y consta de ocho escalones o pasos progresivas que purifican el cuerpo y la mente, llevando finalmente al yogui a la iluminación. Estos 8 pasos son:
· Yamas incluye cinco disciplinas morales: no violencia, veracidad, moderación,   celibato y desapego. Están destinadas a relacionar al yogui con la sociedad.
· Niyamas son disciplinas hacia sí mismo e incluyen: pureza, limpieza interna y externa; contentamiento, austeridad, estudio de los textos sagrados y  conciencia de la presencia divina.
· Asanas o posturas especiales
· Pranayamas  o control de la fuerza vital
· Pratyahara o retiro de los sentidos para mantener la mente quieta
· Dharana o concentración
· Dhyana o meditación
· Samadhi que es el estado que permite experimentar la no-dualidad o la unidad.

Escuela Nyaya

El término Nyaya que da nombre a esta escuela significa regla o norma y su enseñanza está dirigida a razonar correctamente y a argumentar formalmente. Tiene una estrecha relación con la escuela Vaisheshika, de quien toma su teoría física de los átomos. La obra básica que describe sus principales doctrinas son los Nyaya-sutras atribuidos a Gotama, y que fue objeto de numerosas obras y comentarios como los de Vatsyayana, Uddoyotakara o Udayana. La metafísica del Nyaya es atea, realista y pluralista.

Escuela
Vaisheshika

La escuela Vaisheshika, tiene como textos básicos los Vaisesika-sutra de Kanada (siglo -III) y los comentarios de Candrananda y Shankaramishra. Pero su texto más influyente, el que refundó la escuela, es el Padarthadharma–samgraha de Prashastapada, y sus comentarios. Esta escuela se especializa en física, principalmente atomista y expone una teoría dualista en la que todo está compuesto de materia y de alma. La materia está compuesta de átomos indestructibles. Se interesa también por la metafísica, por todo lo que pueda ser objeto de estudio en el ser humano.

Escuela Mimansa

La escuela Mimansa se centra en la primera parte de los Vedas, es decir en los Samhitas y Brahmanas, por lo que se le llama también “Purva Mimansa”. Fue fundada por Jaimimi (siglo III), autor del Mimansa-sutra, que es su texto básico. Los comentarios más importantes fueron los de Shabarasvamin y los de Kumarila Bhatta. Con el tiempo terminó por unirse con la escuela Vedanta. Es un sistema realista y pluralista, ya que el mundo es tal como se percibe y está compuesto por una rica variabilidad de sustancias y seres. Muestra cierto ateísmo puesto que para esta Escuela no existe ningún Dios creador del mundo como se entiende en Occidente, sino que admite la existencia de diversas deidades encargadas de recompensar las actividades humanas que sean meritorias. Además de aceptar el testimonio de los Vedas (śruti) como autoridad máxima de conocimiento, también le da importancia al valor de la razón y busca una forma en que haya una interacción fructuosa entre revelación y razón, siendo ésta última la que presagie lo que la revelación enseña.

Escuela Uttara Mimansa o Vedanta

La escuela Vedanta es la más importante, la que más ha influido y se refiere al resultado final de los Vedas que son los Upanishads. Veda significa conocimiento y Anta significa fin. Por lo tanto, se dice que Vedanta es la filosofía que conduce al fin del conocimiento y también de la parte final de los Vedas. Además se la conoce como Uttara Mimamsa, o la última investigación, para diferenciarla de la Purva Mimansa, primera investigación. Su texto básico son los Brahma-sutras de Badarayana o Vyasa y existen numerosos comentaristas posteriores, entre los que destacan los de Gaudapada, Shankara y Ramajuna.

Existen cinco ramas de Vedanta:

Dvaita, la rama dualista cuyo principal exponente es Madhava. En esta rama Brahman y el mundo son considerados como dos entidades igualmente reales y no relacionados de ninguna manera. Madhava siguió el camino del Vaishnavismo y consideró a Brahman como Vishnu o uno de Sus Avatares. Vishnu tiene todas las cualidades de un Dios personal como la Omnisciencia, la Omnipotencia, etc. Vishnu crea el mundo a partir de su amor por los seres humanos y controla el mundo en cada paso. El deber de los humanos es amar y adorar al Señor Vishnu para que él conceda la liberación.

Vishista Advaita cuyo fundador es Ramanuja. El mundo y Brahman se consideran dos entidades igualmente reales, como en el dualismo, pero aquí el mundo no está separado de Brahman sino que se forma a partir de él. Como en el dualismo   Como en el dualismo, Brahman es un Dios personal con cualidades omniscientes y manifestado como Vishnu. La  única diferencia con el dualismo es que la humanidad goza de un estatus más alto que en el culto dualista puro y está más cerca de Dios. 

Brahman ha creado el mundo, pero Él ha creado el mundo de Su propio ser. Se muestra un monismo calificado en el sentido en que cualquier ser creado esta en relación con el todo y se explica esta afirmación con la analogía entre el mar y las olas. Brahman es el mar y el mundo con sus diferentes seres, son como las olas sobre este mar. Todas las olas son en última instancia el mar solamente, pero mientras veamos la onda, pensamos que es diferente del mar. La ola esta hecha de nombres y formas solamente. Así, en Vishista Advaita, aunque tanto el mundo como Brahman se consideran igualmente reales, no se consideran dos entidades separadas como en Dualismo. 


Dvaita Advaita o Bheda Abheda rama fundada por Nimbarka. Se le llama también Dvaita Advaita (Advaita dual) y es una interpretación de Vishista Advaita y, por lo tanto, a menudo no se considera por separado, sino como parte de Vishista Advaita. Esta rama también cree que el mundo y Brahman son ambos igualmente reales, y que el mundo es una parte de Brahman. Una analogía particular que utiliza esta escuela dice: Bhedabheda es el sol, así como todos sus rayos. Un rayo no puede hallarse separado del sol, surge de él y está unido a él. Sin embargo, el haz de luz no es el sol tampoco, es sólo una parte del sol, un reflejo del sol, y manifiesta una parte del sol. Por lo tanto el mundo también es solamente una manifestación de Brahman, pero es una manifestación muy insignificante y la diferencia con Brahman es muy grande. Bhedabheda sigue también un modelo dual de adoración. Dios aquí es el Señor Vishnu, y El es descrito en términos dualistas, como el Señor de todos y en quien debemos buscar refugio. 

Shudh Advaita siendo Vallabha su principal exponente. Shudh advaita significa monismo puro y como en Vishista Advaita, el mundo se toma para tener una existencia real, como también Brahman. Pero se dice que no hay cambio de Brahman en el mundo, el mundo existe como un aspecto de Brahman sin experimentar ningún cambio, es una parte de Brahman. Podemos considerarlo como dos caras de una moneda, con Brahman como un lado y el mundo como otro lado. No hay cambio, el mundo es una parte de la moneda que es Brahman. Por lo tanto esto se llama Shudh Advaita porque se dice que hay solamente uno y no hay cambio. Vallabha declara que es una forma más pura de Monismo que incluso la Advaita de Sankaracharya, porque se dice que Brahman manifiesta el mundo relativamente real a través de su poder de Maya, pero aquí incluso Maya es negado y no hay cambio. Sin embargo, aunque Shudhadvaita se llama monismo, reconoce la presencia de ambos, el mundo y Brahman, como igualmente reales. Por lo tanto, hay dos realidades. Se considera a esta rama como una subrama de Vishista Advaita, en que reconoce el mundo y Brahman como dos existencias igualmente reales, aunque enfatiza la no diferencia más diciendo que el mundo es un aspecto inseparable, inalterado de Brahman. Así, tiende más hacia Advaita pura que la Vishista Advaita de Ramanuja.


Kevala Advaita o Vedanta Advaita cuyo fundador es Sankaracharya. Es la escuela del monismo de la filosofía Vedanta y se le considera la más alta lectura intelectual de la espiritualidad. En Advaita, la realidad del mundo es negada. Brahman es la única realidad. El mundo, aunque subsiste en Brahman, no tiene una realidad intrínseca propia y es sólo Brahman en su base lo que le da su realidad. La famosa analogía dada por esta rama vedanta es la de la serpiente y la cuerda. En la oscuridad, podemos confundir una cuerda con una serpiente y durante un tiempo la tomamos como una verdadera serpiente. Pero pronto nos damos cuenta de que es de hecho una cuerda solamente. Una vez que sabemos que es una cuerda, ya no vemos a la serpiente. La cuerda nunca había existido, estaba puramente en nuestras mentes. Así también, aunque es sólo el Brahman que existe a nuestro alrededor, vemos el mundo que es sólo una lectura de Brahman por nuestras mentes. Pero una vez que alcanzamos la realización y vemos que fue Brahman desde el principio, ya no vemos el mundo. 

El Brahman de Advaita es una entidad puramente impersonal. No se puede hablar de creación o de amor con respecto a Brahman. El Brahman existe por sí mismo y no afecta en modo alguno al mundo, el mundo evoluciona a partir de su propio ciclo de Nivritti (expansión) y Pravritti (involución). La práctica de la religión en Advaita es una práctica intelectual. Por eso Advaita se veía a menudo como una religión de la mente más que como el corazón. Sin embargo, para aquellos que exigen una razón inflexible en su búsqueda de la Verdad, el camino de Advaita es el camino espiritual supremo. 

Las cinco escuelas son como diferentes etapas en el camino filosófico dependiendo de la forma en que definen la relación entre Brahman y el mundo y la cantidad de realidad que conceden al mundo. La escuela dualista (Dvaita) es la primera etapa, en la que el mundo y Brahman se dice que son dos entidades completamente diferentes, y ambos son igualmente reales. La escuela de monismo calificada (Vishista) es la etapa media, cuando el mundo y Brahman son entidades reales pero no diferentes, y llevan la relación de parte y de todo, siendo así diferentes y no diferentes. La Kevala Advaita o escuela no dual es la etapa final, cuando la realidad del mundo es negada y Brahman es declarado como la única realidad.


LINAJE VEDANTA ADVAITA

Este linaje al igual que los anteriores, describe una serie de Maestros que trascurren desde tiempos inmemoriales hasta nuestros días. Los sufís hablan de Silsilah, los kabbalistas de Shalshelett, y los Maestros y discípulos de la Vedanta Advaita, describen la sucesión bajo el término Parampara, que etimológicamente significa “uno después de otro”. El Parampara o Linaje del Guru de esta Cadena de Oro, es descrito como: Daiva Parampara, Rishi Parampara Y Manava Parampara

La Vedanta Advaita se llama también Maya-vada ya que afirma que “Todo es maya o ilusión”, y considera al Brahman sin distinciones, ni atributos (nirguna Brahman) . Por eso todo aquel que pertenece a este Linaje es llamado mayavadis o advaita-vadis. La forma iniciada por Shankara así mismo se llama Kevala Advaita o no dualismo puro, para diferenciarla de la Advaita que es simplemente acercamiento no dualista. 

DAIVA PARAMPARA. Por su origen divino y supra histórico, siendo ésta la Tradición Primordial que se halla más allá de la humanidad. 


Daiva Parampara incluye a: 
· Narayana o Vishnu. Dios Supremo védico en su forma infinita y omnipresente. Se le considera el Parabrahman que impregna toda conciencia y que sostiene, mantiene y preserva el universo con forma. Es Señor de misericordia y bondad, y el dador de moksha o la liberación del ciclo de nacimiento y muerte en el mundo material. Su morada suprema es considerada como Vaikunta, que es un reino de felicidad donde las almas liberadas disfrutan de la felicidad por la eternidad en compañía del Señor. También se pone en cabeza de este linaje a Sadashiva que es la forma eterna de Shiva, la Esencia Infinita que no se involucra ni cambia con el proceso creativo, como si lo hace cuando forma parte de la trimurti. Así que los seguidores de este linaje pueden ser tanto visnuitas, si consideran a Vishnu la deidad rectora o sivaitas, si es Shiva, el principal Paramguru considerado. El linaje se conoce como Kevala Advaita  
· Padmabhuva o Brahma que surge como una flor de loto del ombligo de Vishnú y con su mente o Mahat crea el mundo, la tierra y todos los lugares, los planetas y las estrellas visibles e invisibles en el cielo. Brahma es el padre de Manu Vaivasvata de quien todos los seres humanos son descendientes. 

RISHI PARAMPARA. Es la tradición de los videntes ilustrados de los Vedas y es el linaje que pasa de padre a hijo. 


Incluye a los siguientes rishis: 
· Vasishta. Es uno de los Rishis de Manú Vaivasvata y fue creado con la intención de proveer a todos un camino a través del cual el dolor pudiera ser eliminado completamente. 
· Shakti Muni o Maharishi. Fue el hijo de Vasishta, un sabio silencioso y quien murió a una edad temprana.
· Parasara. Fue el hijo de Sakti Maharishi y debido a la muerte temprana de su padre, fue criado por su abuelo Vashistha. Es autor de muchos textos indios antiguos y padre del sabio Vyasa. 
· Vyasa o Badarayan (3800 a.C.). Compiló y término los cuatro vedas, por eso es conocido también como Vedavyasa. Fue autor del Mahabharata, el Bhagavat Gita, los Puranas y muchas otras obras de suma importancia histórica. 
· Shukadeva. Fue el hijo del sabio Vyasa y es el narrador principal del Bhagavata Purana, en el cual el sabio le recita en siete días, al rey Parikshit, las historias de Krishna. 

MANAVA PARAMPARA. Es la trasmisión humana tradicional de la enseñanza a través de Maestro a discípulo y se inicia con Gaudapada y llega hasta nuestros días con Maestros y discípulos de Sivananda, Ramana Maharshi, Sri Aurobindo, Ramakrishna Paramahnsa, Vivekananda y muchos más.  

Gaudapada (siglo VIII d.C) perteneció a una devota familia Brahmana y desde muy joven acogió la vida de renunciante. Su Maestro fue el legendario sabio Shuka quien le trasmitió por primera vez a un preceptor humano el conocimiento del Advaita y el primero en impartirlo a sus discípulos. Por este motivo, se le guarda el máximo respeto en el seno de la Tradición advaita. Es a partir de él cuando la Parampara Advaita se vuelve históricamente evidente con la manifestación visible de un linaje ya existente.  
 
Gaudapada hace un comentario del Mandukya-Upanishad, la Upanishad más significativa y profunda que representa por sí misma el fundamento mismo de la realización metafísica; es por decirlo de otro modo, el texto más apropiado, para la realización de la verdad suprema. Su comentario, se llama Mandukya-karikay y en él Gaudapada afirma que hay una Realidad inmutable, eterna, de facto, sin generación ni extinción, sin causa-efecto ni tiempo-espacio, desprovista de contradicción, el Uno-sin-segundo. Y como Realidad es la Unidad constante y perfecta. Toda diferenciación, multiplicidad, impermanencia y cambio no pueden ser la Realidad última y suprema, sino sólo apariencia, ilusión o Māyā, que es como una fuerza que causa un conocimiento erróneo. 

Govinda Bhagavatpada. Fue el discípulo de Gaudapada y el Maestro de Sri Shankara. Govinda alternaba su vida entre una cueva situada en la ribera del río Narmada, en un lugar llamado Amarakanta, y Badaridatha, en los Himalayas, a los pies de su Maestro Gaudapada. Govinda apresuro su viaje a Amarakanta por pedido de su Maestro quien le contó que allí le sería presentado un nuevo alumno de dotes divinas llamado Shankara. Shankara tenía 8 años de edad cuando esto sucedió. Se cuenta que un día, la cueva de Govinda iba ser inundada debido a una semana de lluvia torrencial y Shankara puso delante de las aguas su cuenco para las limosnas y pronunció la fórmula llamada “de la atracción del agua”. El cuenco engulló la corriente hasta que el nivel normal del río quedó restablecido. Este prodigio no sólo ganó la gratitud de la población, sino que impresionó profundamente a Govinda, quien reconoció en Shankara al propio Shiva, descendiendo al mundo como discípulo. 

Adi Shankara (788-820 d.C.), fue discípulo de Govinda Bhagavatpada. Es considerado el sabio y filósofo más famoso de la Advaitha Vedanta Parampara. Nació en Kerala, región de dominio brahmánico, al sur de la India. Sus padres se llamaban Sivaguru y Aryamba quienes, a pesar llevar una vida muy devota, no habían podido engendrar un hijo. En un sueño, Shiva les concedió la posibilidad de elegir entre varios dones: muchos hijos de inteligencia mediocre, pero todos longevos, o un solo hijo de vida breve, pero que se convertiría en la gloria de la familia, de su propia comunidad, de la India y del mundo entero, puesto que sería una encarnación de él mismo. Cuando el niño nació se le dio el nombre de Shankara (benefactor). A la edad de cinco años, Sánkara hablaba también sánscrito, y había leído los más grandes poemas de las diversas narraciones cosmológicas y mitológicas de los Puranas. Los Puranas son textos sagrados de la India atribuidos al sabio Vyasa y proporcionan los orígenes de conceptos teológicos más abstractos como el de dharma, karma y la naturaleza de atman. 

El padre de Shankara muere cuando él tenía cinco años de edad y el pequeño fue enviado a una escuela védica donde pudo aprender los Samhitas védicos junto con los seis anexos Vedanta: fonética, rituales, gramática,  etimología y astrología. A los ocho años volvió a vivir con su madre y durante este periodo fue visitado por dos sabios, ascetas itinerantes, llamados Agastyar y Narada, quienes bendijeron al niño y además le concedieron vivir ocho años más. Esta visita acentúo en Shankara su tendencia a convertirse en asceta, puesto que sentía que estaba destinado a cumplir una tarea, la más grande que un hijo de la India había cumplido nunca y que era restablecer la tradición védica en su pureza original. Pero su madre no era fácil de persuadir. Una vez, el pequeño Avatar, se fue al río a tomar un baño y de improviso un cocodrilo lo agarró por el tobillo y lo arrastró por la corriente. El infante le dijo a su madre, una vez que ella llegó al lugar tras los gritos de su hijo, que la bestia sólo lo soltaría, si ella le permitía ser un renunciante. Al ver en peligro a su hijo, ella accedió y el cocodrilo lo soltó inmediatamente. 

Luego de esto, Shankara se fue a la ribera del río Narmada, en un lugar llamado Amarakanta, y en una cueva encontró a su Maestro Govinda. En el momento en que  lo vio se postró ante él entonando el siguiente verso de saludo: “Me inclinó, ante Govinda, suma beatitud, mi Maestro”. Govinda que estaba en Samadhi, salió de su estado de elevada percepción y le preguntó al muchacho sobre su identidad. Como respuesta a este interrogante, el joven de inmediato compuso allí mismo 10 versos de alabanza llamados dasasloki, en donde se identificaba totalmente con Shiva. Su Maestro y él se llenaron de gozo y ahí mismo Shankara fue envestido con la enseñanza del Kevaladvaita que Shiva y Vishnú le habían legado directamente a Vashista a través de Brahma según el tono sivaita o visnuita de la tradición.  Durante cuatro años Shankara estuvo con su Maestro y profundizó aún más en la doctrina Kevaladvaita, preparándose así para escribir sus dos primeras obras: “La Joya del discernimiento” o Vivekakudamani y el texto llamado “Exposición de la Sentencia” o Vakyavrtti. Paso seguido, Govinda puso en sus manos los escritos de Gaudapada, y juntos marcharon a visitarlo en Badarinatha, en donde Shankara recibió toda la sabiduría de Gaudapada, y escribió sus otros textos. A sus 16 años, ya estaba listo para salir al mundo a dar su enseñanza, la cual duró 16 años más. 

Antes de iniciar su enseñanza, Shankara recibió otras dos investiduras: la de Suka y Vyasa. Los dos Maestros exhortaron a Shankara a ir a Benarés, el centro cultural hindú de la edad clásica, para difundir allí su doctrina y rebatir a la errada ortodoxia védica. Una vez que los tres Maestros, Gaudapada, Suka y Vyasa, bendijeron a su digno sucesor, desaparecieron, ya que su misión había concluido en este plano. En aquel momento, toda la existencia humana se le reveló a Shankara en su verdadera naturaleza y el dolor de ver partir a sus guías espirituales, le trajo un desapego absoluto y una aspiración ardiente por terminar con toda ilusión. 

Shankara experimentó allí un Samadhi que lo llevó a sentir una perfecta sintonía con el principio arquetípico perfecto y tuvo una visión maravillosa. Delante de él estaba Shiva manifestado en forma de Daksinamurti, el Maestro inmortal, quien en compañía de los otros tres Maestros, dieron a Shakara la más alta iniciación. Desde ese momento Shankara renunció solemnemente a todo deseo y se comprometió a una completa obediencia a la voluntad de su Maestro Infinito. Allí compuso los cinco versos de la Parapuja dedicada a Shiva, se convirtió en monje itinerante de la orden más elevada en el seno de la ortodoxia brahmánica, y recibió de Shiva el libro que contenía la síntesis del conocimiento liberador. Shankara regreso a Badarinatha transfigurado y desde ese momento se convirtió en un Jadaguru (Maestro del Mundo), investido de su misión de modo pleno y perfecto. 

Su presencia contribuyo a restablecer la armonía de la espiritualidad de la India, en una época en la que reinaba la guerra, el caos, la fragmentación y la degeneración, por causa de las muchas sectas que se habían formado y que habían desvirtuado la esencia de la pureza védica. Gracias a Shankara el Sanatha Darma (La Ley Eterna) fue restablecida y se ha sostenido viva hasta nuestros días. El nació como un Brahmin, enseñando que la falta de rectitud de las gentes de esa época, solo podía ser vencida mediante el conocimiento y la auto purificación. Se dice que tan grande era la sabiduría interna de Shankaracharya, que al pasar por el bosque en la oscuridad, su aura iluminada hacía que todo resplandeciera con una luz tan intensa que parecía de día. “Mi sagrado refugio no es ni mi madre, ni mi padre, ni ningún otro pariente. Mi sagrado refugio son los pies de loto de mi Maestro Espiritual sobre mi cabeza” afirmaba Adi Shánkara.

Shankara integró los conceptos del vedismo, brahmanismo, shivaismo y budismo mediante debates filosóficos con Maestros de las diversas vertientes filosóficas de la India. Utilizó irrefutables argumentos contra sus contrincantes, haciéndoles ver fácilmente, mediante la razón pura, la falsedad de las tesis que los habían alejado de la autoridad de los Vedas, por causa de las graves tergiversaciones de estos textos. El propósito de Shankra no era convertir al Advaita a los sostenedores de las otras doctrinas por un mero proselitismo, sino establecer en la India la unidad y la paz. Les hizo ver que la Vedanta Advaita era el medio mediante el cual, las demás Escuelas no perderían el punto de vista de la Realidad Suprema. 
 
Shankara también estableció una radical reforma religiosa ante la decadencia de las costumbres y los ritos. Para esto instituyó diez órdenes y fundó cuatro monasterios o matha, en donde se enseñó los Vedas, los Vedangas, los Puranas (mitología), las epopeyas y las seis filosofías tradicionales de la India. Todo ese saber fue impartido a través de la sucesión de Maestros espirituales, agrupados en torno a un Maestro Advaitin y a numerosos doctos (pandit) que tendrían constantemente viva la tradición. Shankara fundo los monasterios en los cuatro ángulos de la península: Gorvardhana en el este, Sringer Sharad Peetham en el sur, Dwaraka en el Oeste y Jyotir en el norte.

El nombre que recibieron estas diez órdenes de monjes fundadas por Shankara era el de “Advaita Vedanta Dasnami Sannyasin”. Dasnami sannyasin, significa ‘completo renunciante’ y son swamis que toman votos de pobreza (desapego hacia las posesiones), castidad, y obediencia al superior o a la autoridad espiritual. El vocablo sánscrito “swami” significa literalmente “aquel que, siendo totalmente dueño de sí mismo, busca alcanzar la unión con el Swa o Ser”, pero también significa “señor”, “dueño” o “amo de sí mismo”. Todo swami pierde sus nombres de pila y su Maestro le otorga uno nuevo, en el momento en el que profesa sus votos monásticos definitivos. El nuevo nombre que recibe tiene un doble significado. Por un lado, representa la obtención de la bendición suprema (ananda) por medio de una cualidad o estado divino (amor, sabiduría, devoción, servicio, yoga...). Por el otro, representa su armonía con la naturaleza en su infinita extensión de océanos, montañas y cielos. El nombre termina por lo general en ananda y le antecede el título que indica su conexión formal con una de las diez divisiones de la Orden y que son: Aranya (Bosque), Ashram (Lugar de Meditación y Estudio-Etapa), Bharat (Tierra), Giri (Montaña), Parvati (Arroyo, Hijo de Monte), Puri (Terreno), Sagar (Mar), Saraswati (Sabiduría de la Naturaleza), Tirth (Lugar de Peregrinación), Vanam (Jungla).

El periodo de formación monástica de un Swami desde su ingreso en un Math (Comunidad Monástica) variará dependiendo del grado de desarrollo espiritual del aspirante. Pero, como orientación, la formación para obtener dicho título de Swami podría tener una duración de entre 5 a 15 años. Generalmente, el aspirante pasa por un primer periodo indefinido de retiro a modo de prueba, luego un segundo periodo como aceptado en el que el aspirante rara vez sale del recinto, si no es acompañado y en el que no frecuenta a sus amigos y familiares; un tercer periodo como postulante en el que recibe distintas formaciones sobre la vida monacal integrándose plenamente en la comunidad; un cuarto periodo como novicio en el que es formado filosófica, religiosa y espiritualmente hasta realizar su profesión monástica solemne dentro de la orden, recibiendo el título honorario de Swami. 

La práctica de la Vedanta incluye muchas técnicas de Jñaña Yoga, el Yoga del conocimiento y del discernimiento, cuyo fin es indagar en la propia naturaleza individual. Un Jñaña o Guiana Yogui, poco se interesa en el Yoga de la acción (karma-Yoga) y se enfoca en un continuo discernimiento mental en el que Brahman es la única realidad y todo lo demás es irreal. El Jñaña yogui es un individuo que tiene una visión penetrante,  elevada, es decir, posee una mente que le permite visualizar en su consciencia la indivisible relación entre Atman y Brahman; su mente siempre está concentrada en la presencia interna de su Ser. Para lograr que la mente llegue a tal estado de concentración, necesita haber acallado los pensamientos mediante la práctica continua de la meditación. A la par se dispone a escuchar de un iluminado las sagradas escrituras para meditar profundamente sobre ellas. No es un método tan sencillo como se describe, requiere un recorrido previo por otras formas de yoga, las cuales lo capacitan para desconectar su mente de los sentidos y así poder controlar la violenta resistencia de estos órganos y de la fuerza vital. Sólo cuando haya domado a los sentidos, al cuerpo y a la mente, mediante otras disciplinas yoguicas, será apto para convertirse en un Jñaña yogui. De no domesticar a esas perturbadoras distracciones, deberá seguir un largo y arduo sendero. Se recomienda a los vedantistas también que no olviden realizar sus obligaciones con desprendimiento, estudiar los Upanishads con un Guru que haya alcanzado la liberación y desarrollar un alto estado de devoción, mediante el Bhakti yoga. Shankara, finalmente, dijo que todo mayavadi debería adorar a Sri Krishna o a Sadashiva, los preceptores divinos del linaje de la Kevala Advaita. 

Discípulos de Shankara




  
Los discípulos de Sri Shankara Bhagavatpada fueron: el devoto Padmapada, el servicial Totaka, el supremo auto realizado Hastamalaka, el profundo conocedor Sureshwara. Cada uno de ellos se estableció en los cuatro Mathas (monasterios) fundados por su Maestro, en los cuatro rincones de la India para el sostenimiento y propagación del Sanatana Dharma (Ley eterna) en el país.  Sri Padmapadacharya fue el Acharya (Maestro) del Dwaraka Math, Sri Sureshwaracharya lo fue del Sringeri Sharada Peetham, Sri Hastamalakacharya fue el Achayra del Dvaraka Math y Sri Totakacharya fue el Acharya del Jyotir Math.

Sri Padmapada fue hijo de un devoto brahmán. Padmapada llegó a dominar todos los Vedas y mostró una extrema aversión por la vida mundana. Esperó ardientemente a Shankara para que lo llevara a través del océano del samsara. La devoción de Padmapada era incomparable tanto que cuando su Maestro le llamó en alguna ocasión, caminó a través del Ganges sin temor y lleno de fe. Conmovido por su devoción, el divino Ganges mostró su admiración colocando flores de loto (padma) en el agua para que apoyara sus pies a cada paso, mientras cruzaba. De ahí que se le diera el nombre de Padmapada que precisamente significa "aquel de los pies de loto". Cuando se dice "ser como Padmapada" quiere decir ser delicado, caminar delicado, liviano y con alegría. Aunque Padmapada se convirtió en un erudito de la tradición védica, no fue esto lo que lo hizo grande, sino el haber dejado fluir la generosidad y la expiación, y la comprensión profética que mostró.

Sri Sureshwaracharya. Era un intelectual muy reconocido y sobresaliente. Su nombre de nacimiento era Mandana Mishra (siglo 8 d.C), experto en la escuela Mimamsa que ponía énfasis en el ritualismo de los Vedas. Mandaba Mishra era discípulo de Kumarila Bhatta, el principal exponente de la Filosofía Purva Mimansa. Como era costumbre que las personas cultas o eruditas de esa época debatieran los méritos y deméritos de los diferentes sistemas de la filosofía hindú, Shankara como exponente de la Advaita buscó debatir con Kumarila Bhatta; pero, éste se inmoló a sí mismo como penitencia por sus pecados. Después de leer algunos de los trabajos de Shankara y darse cuenta de la profundidad de su conocimiento, dirigió su discípulo más importante, Mandana Misra a ShanKara. Mandana Misra perdió el debate con Sri Shankara, haciéndose su discípulo, ya que la apuesta pactada decía que el vencido se convertiría en discípulo del vencedor y aceptaría su escuela de pensamiento. A partir de allí Mandana Misra pasó de ser un Mimansaka a un Sannyasin Advaitin (renunciante), y fue llamado Sureshwara. Fue el escritor más prolífico entre los discípulos inmediatos de Skankara.

Hastamalaka nació ya auto-realizado. El muchacho era tan hermoso como Cupido, tan brillante como el sol, agradable como la luna y paciente como la tierra. Pero nunca jugaba, nunca hablaba, nunca se enfadaba y nunca estudiaba. A los 13 años de edad, los padres lo llevaron ante Shankara para ver si podía hacer algo por él. Nada más que lo vio, el Maestro se dio cuenta de la grandeza del niño. Adi Shankara le preguntó: "¿Quién eres, mi niño?", y el muchacho respondió en verso, describiendo su naturaleza esencial como el Atman no-dual: "Soy la eterna conciencia, que todo lo penetra, sin forma ni materia". Shankara le pidió a sus padres que le permitieran al niño ser su discípulo, y así fue.

Como la esencia de la verdad había sido explicada con tanta lucidez por el niño, como una grosella en la palma de la mano, fue nombrado Hastamalaka. Este nombre proviene de una metáfora bien conocida. Las palabras hastamalaka y karatala-amalaka se utilizan a menudo en los escritos advaita, cuando se dice que el conocimiento inmediato del Atman hay que agarrarlo como si fuera una grosella (Amalaka) con la propia mano (hasta). La frase "ser como Hastamalaka" significa ser tan eficiente que todo trabajo le resulta fácil y simple.

Hastamalaka habitaba en el plano de conciencia del Ser supremo. Sri Shankara explicó el fenómeno. En la orilla del río Yamuna, estaba un gran sabio sentado en contemplación cuando algunas muchachas brahmanes vinieron allí a bañarse. Una de ellas tenía un bebé de dos años. Ella lo puso al lado del sabio y le pidió que cuidara de él mientras ella se bañaba. El bebé se arrastró lentamente hacia el río y se ahogó. La madre estaba horrorizada. Ella sacó el cadáver del niño y lloró amargamente ante el sabio. El sabio que estaba bastante ajeno a los acontecimientos despertó de su samadhi. Fue conmovido por la compasión de la afligida madre. Mediante los poderes de su yoga, abandonó su cuerpo y entró en el cuerpo del niño. El niño muerto surgió a la vida. Ese niño era Hastamalaka. Esto explica cómo llegó a tener tan vasto y completo conocimiento sin ninguna instrucción aparente.

Sri Totaka. Fue el más inocente de los cuatro y no parecía entender el conocimiento o la espiritualidad. No tenía ni el conocimiento de Sureshwara o Padmapada ni la realización de Hastamalaka, pero estaba plenamente enamorado de su gurú y quería hacer todo lo que pudiera por él. Encontraba placer en el cuidado de las comodidades personales del Acharya como un siervo fiel. Estaba inmerso en devoción pero era muy torpe e interrumpía los profundos discursos de Adi Shankara. Sin embargo, Shankara no empezaba su clase regular sin que él estuviera presente. Un día Adi Shankara no quería empezar su charla sin la presencia de Totaka, que había ido al río a lavar la ropa. Los otros discípulos estaban impacientes y no entendían por qué había que esperarle, ya que de cualquier manera Totaka no comprendería las palabras de Shankara. De pronto escucharon a Totaka viniendo y cantando unos slokas (pasajes) de alabanzas a su gurú jamás antes oídos, muy profundos y hermosos. Todos los presentes quedaron maravillados y los estudiantes quedaron profundamente sorprendidos, ya que no habían creído que él fuera capaz de una composición académica. Adi Shankara demostró con su discípulo que el conocimiento emerge no solo de la inteligencia o intelectualidad sino también de la profunda devoción al gurú. Desde entonces, conocido antes como Giri, obtuvo el título de Totakacharya. Totaka condensó la enseñanza esencial de los Upanishads en unos pequeños tratados.  



   
A la edad de 32 años, en una mañana, Shankara anunció a sus discípulos que había decidido abandonar su propio cuerpo. Sus discípulos le pidieron que antes de irse, les resumiese la esencia de su enseñanza y el Jadguru les recito las estrofas del himno llamado Nirvanasatka, el cual él mismo había escrito unos años antes, por pedido de su Maestro. Luego hizo su Mahasamadhi –abandono consciente del cuerpo– y retomo su verdadero aspecto de Shiva, viviendo como consciencia omnipermeante y como aquel que conduce a la liberación a todos aquellos que están preparados.