martes, 31 de enero de 2017

ETAPAS EN EL CAMINO DEL DESPERTAR
Mi particular visión de dos etapas recorridas  
         Parte 1


  
El camino que se me ofreció para mi despertar puede ser el sendero hacia tu despertar. Se me abrió un portal para la liberación, el cual me conducirá por un sendero, cuyo final es la iluminación. La iluminación puedo alcanzarla desde este mundo de la dualidad, viviendo en este cuerpo y bajo esta presente personalidad. Si no traspaso la puerta ahora, deberé esperar otra oportunidad que me sea favorable, quizá acogerme a ese derecho nuevamente en otro tiempo y lugar, por otra manifestación de la Gracia Divina; entre tanto, tal vez, deba repetir la estancia en este mundo, bajo otro u otros cuerpos, tal como el colegial que repite algunos años malogrados en su camino estudiantil para alcanzar el título de bachiller. Me he ganado el derecho de traspasar el portal porque en ese viaje hacia la liberación he recorrido algunas etapas preparatorias, septenarias ellas, como está organizada la creación, en la cual Dios se desenvuelve en siete planos o mundos, según enseñan las tradiciones verdaderas.

Cumplidos mis 22 años surgió, por contacto con mi esposo Alipur Karim, el interés por los temas espirituales, entendiéndose éste, no como la búsqueda espiritista, sino aquella que me diera respuesta a los misterios de mi existencia humana, siendo considerada oculta, esotérica, no disponible para las masas, sino apta para los preparados a recibirla. Viví entonces mi ETAPA DE ESTUDIANTE, el primer escalón en este sendero que se me mostró y que, básicamente, es estudio profundo y sostenido de temas espirituales. Por medio de la investigación se abrió para mí una visión del mundo, diferente a lo que había recibido de mis padres y educadores. Acepté fácilmente la enseñanza oculta, sin resistirme a los libros escrutados, tanto, que en poco tiempo, empecé a enseñar, lo cual me llevó a profundizar aún más, a entender correctamente, pero también a tratar de vivenciar los postulados que iba aprendiendo y destinarlos en miras a ser una mejor persona, más comprensiva, más amorosa, y menos intranquila y racional. Ese enfoque en alcanzar otras virtudes se precipitó como consecuencia de algunas experiencias fuertes vividas por causa del fanatismo o del orgullo intelectual, posturas generadas, no sólo por parte de algunos de mis colegas buscadores, sino también en mi propia persona. Me di cuenta que queriendo ser diferente, en nada distaba de otro tipo de investigadores, fueran ellos científicos, religiosos o psicológicos. Esperé varios años para descubrir el método adecuado que me permitiera desarrollar una estructura más acorde y consecuente con lo espiritual.      

En los primeros años de Estudiante, sobre Linajes y Maestros, muy poco fue encontrado; como buena exponente del esoterismo occidental, tenía la fuerte convicción de que sola, podía escalar los niveles hacía la liberación. Hasta hace poco, no menos de seis años, cuando me abrí a la tradición oriental, escuche a un Iluminado decir: “Cuando no se tiene un guía espiritual o un Maestro, el ego es el maestro”. Finalmente entendí la causa por la cual en esta parte del planeta, algunos llamados esoteristas, deambulan de enseñanza en enseñanza, ora rosacruces, ora teosóficos, luego…, repitiendo pseudo verdades ocultas de supuestos espiritualistas, de los cuales hay muchos en Occidente, siendo algunos muy buenos escritores, excelentes intelectuales y quienes por lo común, alardean de algunas pequeñas comprensiones de las postulados esotéricos. Por eso en esta etapa del sendero, a no ser que el aspirante ya tenga contacto con un Linaje Real, se debe tener mucho cuidado porque lo que está disponible puede conducirlo a ciertos peligros.

Uno de las mayores peligros en las primeras etapas de búsqueda es el fanatismo. Los adeptos pertenecientes a ciertos grupos espirituales, sin contacto con un exponente de la Fuente Divina, se toman la vocería de la enseñanza y deambulan de encuentro en encuentro, de taller en taller o de ritual en ritual, ofreciéndolos al mundo porque creen ser los únicos enviados para despertar a las masas dormidas, las cuales están enfocadas sólo en el juego del placer sensorial. El conocimiento, sin una vida acorde con el sentimiento, es la causa del orgullo intelectual, estado supremamente difícil de eliminar cuando se asoma la enseñanza verdadera y se le muestra al buscador, que el camino de la mente debe ir acompasado con el camino del corazón. Muchas lágrimas, pataletas, renuncias, atrasos e insatisfacciones vivirá este tipo de aspirante porque su ego, no dejará el control alcanzado y no le permitirá desarrollar la obediencia a los consejos y los requerimientos del Camino Real, del Maestro verdadero, del Iluminado Compasivo, si se diera el caso que la Misericordia de Dios se derrame sobre él para despertarlo a su Esencia Divina. Así mismo en esta etapa puede faltarle al estudiante perseverancia en la investigación y profundidad en lo que escudriña, convirtiéndose entonces en exponente de un esoterismo light, dominando a medias los postulados espirituales. Será muy vulnerable a los cacareos e invitaciones rimbombantes de pseudo exotéricos que aparecen periódicamente, quienes están motivados únicamente por un lucro personal, más de sus corazón no sale el amor que unifica, que sostiene, que aconseja sabiamente.

En esta etapa se aprende a diferenciar entre espiritualidad y superación personal. No es lo mismo un autor que enseñe sobre desarrollo personal y uno que se especialice sobre crecimiento espiritual. Al primer grupo pertenecen escritores como Antony de Mello, Echkart Tolle, Richard Bach, Paulo Coelho, Ramiro Calle, entre otros y sólo ayudan a ser positivos, emprendedores, entusiastas, valientes, seguros, etcétera. No quiere decir esto, que no se puedan leer y quizás sea bueno hacerlo, sobre todo cuando se transita la siguiente etapa, en donde el aspirante entra en conflicto al descubrir que sólo él, es su enemigo y que debe luchar contra su propio ego, siendo esta sombra lo único que le impide ver a Dios; es decir alcanzar la meta de la libertad. Las frases positivas, entusiastas, que fortalecen el valor o la seguridad, tal vez sólo eleven el ánimo en momentos de cambios o decisiones importantes, pero son empujes personales pasajeros, para lograr éxito en algunas metas para la personalidad. El camino espiritual, en cambio, refuerza exclusivamente metas para la eternidad, para el retorno a Dios, para el regreso a casa; enfatiza su importancia en acabar con el samsara, con los deseos que nos mueven a volver a encarnar a este mundo, en este nivel de sufrimiento y penas.      

Los escritos esotéricos, en cambio, por lo general son, o de un Maestro o de un discípulo de un Maestro, se caracterizan por mostrar algunas claves conducentes a descubrir al ego, a ser conscientes de todas las falsas imágenes personales que deben morir para dar paso al Ser Real, la fuente divina que habita en cada hombre y que lo conducirá a otros niveles de consciencia, a mundos de luz, a planetas de grandes realizaciones. Así, los testamentos de los seres que alcanzaron la liberación, dan luces reales sobre cómo rescatar el contacto perdido de Dios y también informan sobre la organización de los patrones arquetípicos que dan lugar a la manifestación, sobre el plan establecido por el Creador para este universo específico, sobre la Jerarquía Oculta y otras fuerzas misteriosas, colaboradoras del Supremo en el establecimiento de su intento divino, por conducir a muchos hombres al despertar del sueño en el que se encuentran sumergidos.

Ofrezco a todos los lectores las enseñanzas de los siguientes escritores, que más que eso, han sido Iluminados y forman parte de las Cadenas de Oro, siendo éstas al fin y al cabo, los portales que se abren a los sinceros buscadores del sendero de la espiritualidad para que por fin encuentren su Alma, nublada por edades por las fuerzas egoicas. No dejen de leer los escritos de Paramahansa Yogananda, Ramana Maharshi, Nisargadata, Jiddu Krishnamurti, Vivekananda, Shimon Halevi, Baal Shen Tow, Isaac Luria, Rumi, Ibn Arabi, Mawlana Sheikh Nazim, Sheikh Burhanuddin, Swami Shankara, Sesha, Marshall Govindan, entre muchos otros. Escudriñen los postulados del budismo Hinayana, luego las enseñanzas del budismo Mahayana y no olviden leer sobre los Siddhas del Sur de la India o sobre los principios de los Maestros del Shivaismo Advaita como Vasugupta o Abhinavagupta, o sobre la cosmovisión de Ram Das y todo su linaje Sinks. En este mismo blog encuentran información sobre Linajes y Maestros, siendo ellos, seres contactados con la fuente del conocimiento real y que no ponen en peligro al buscador paciente y perseverante. Recomiendo averiguar siempre, si el autor de cualquier libro sobre esoterismo, pertenece a una sucesión Maestro-Discípulo, porque así se augura un transito seguro y no se estará en peligro de caer en las redes de oportunistas, embaucadores y falsos maestros.
   
Fascina descubrir mediante las enseñanzas de los Maestros, dadas al público en forma oral o escrita, cómo es la naturaleza real de Dios y su relación con el hombre o el resto del mundo. Es muy gratificante, mediante el estudio de la Kabbalah, por ejemplo, saber dónde estamos en la escala evolutiva y cómo, mediante el tránsito por el camino del justo (Tzadik), podemos pasar por los estados propios de David hasta llegar a ser como Moisés y alcanzar una mayor cercanía de Dios (Ain Sof). Y qué bello es aprender a cantarle a la divinidad mediante las palabras de poder: mantras o dikhr –recuerdo de Dios-, que se practican en el Hinduismo, el Shivaismo, el Vainaismo, el Sikismo o el Islamismo, y  recibir una inyección de luz que no se percibe con los cantos hechos utilizando lenguajes no sagrados. Mas no deja de ser maravilloso, escudriñar en la cosmología india y saber cuánto durará este universo, el cual palpita desde la aurora del big bag y más allá, desde el momento en que Brahmán o el Absoluto, exhalo el aliento de vida. De la Vedanta Advaita –parte oculta del Hinduismo- y también del sufismo –parte oculta del islam-, es sorprendente comenzar a palpar la sombra que se yergue del ego, siendo éste el personaje ficticio que impide la relación directa con Dios, porque se encuentra sumergido en el sueño de maya o ilusión cósmica individual.

Oh!! pláticas de Ramana Maharshi, de Nisargadata o de Krishnamurti, invitándonos a auto observarnos, a dejar el condicionamiento y los prejuicios mentales, siendo ellos tan sólo actores pasajeros en el plan de la creación. De igual modo con Shankara y todo el linaje  de la Vedanta Advaita, comprendemos nuestros niveles de consciencia y la razón por la cual, al estado de vigilia, se le considera, desde lo oculto, el más profundo de los sueños, siendo éste el causante de que el hombre se sienta separado de su creador: Dios afuera, inalcanzable y muy, pero muy distante. Y qué decir de la fe inquebrantable de cabalistas y sufís, que nos invitan a rendirnos a quien es la causa de nuestra existencia. Del Yoga recibimos toda una serie de enseñanzas conducente a deshacer nuestros nudos energéticos, permitiendo a la Shakti, a la Divina Madre Universal, salir de su nicho en la base de la columna vertebral y alumbrar un nuevo ser, cuando se una con Shiva, quien dormita esperándola en la corona de la cabeza del ser. Y la paz que va surgiendo con la meditación no tiene símil con ningún placer de los sentidos, pues éstos sólo atienden el impulso del ego, en tanto que la meditación, permite el contacto supremo, por cuanto se va dejando el cacareo de la mente atrás. 

Se llena al Alma de regocijo con el Satsang que Alipur Karim que nos da cada veinte días y en el cual vemos surgir la sabiduría del hombre que atiende la guía de su Maestro y también de quien  alumbra el Sí Mismo, por años de entrenamiento, dedicación y observación. Del taoísmo aprendemos a no interferir con la vía, con el Tao, con el fluir de la vida misma, de la Esencia Universal, tal como la ola que lleva las aguas a su encuentro final con la madre tierra. Estudien, cambien las estructuras de la mente, aspiren a descubrir facetas divinas inexploradas por el común de los mortales y háganlo bajo la sorprendente sabiduría de profetas, santos, mensajeros e iluminados, enviados al mundo para calmar la sed de los buscadores sinceros, para saciar el anhelo por comprender el por qué estamos en el mundo de la multiplicidad y cómo salir de él.       

La etapa de estudiante da lugar a la de probacionista. Mas el aspirante continúa con estudio profundo y sostenido, hasta tanto desarrolle la percepción intuitiva, propia de una mente que está en silencio, libre de condicionamientos, fanatismos y prejuicios. Con el estudio profundo se construye una estructura mental fuerte, sobre la cual se precipitará la sabiduría en el momento adecuado y propicio, cuando haya  podido concebir por fin su tan anhelado sueño de comprender a cabalidad el plan divino y su papel en él. Pero esto acontece sólo mediante la conjunción de dos fuerzas: la de la mente y la del corazón. La mente, para convertirse en la estructura de la sabiduría, debe ser purificada y eso se logra mediante el estudio profundo, la práctica del discernimiento y la meditación. El corazón, la otra base que conduce a la cumbre de la espiritualidad, a despertar al santo que se lleva dentro, se limpia mediante el desapego y la eliminación del deseo, que busca sólo la complacencia de los sentidos. La búsqueda mental sin el amparo de la limpieza del corazón, da paso al fanático, al irreverente, al que se queda contento con verdades a medias y basa su avance sólo en el conocimiento, sin aplicar en su vida diaria los principios fundamentales para acceder a la Fuente Primigenia, a la Raíz de la Existencia. La mente sin la ayuda del corazón, recrea un universo en el que se desoye el llamado del Maestro, del guía que le abrirá a una nueva dimensión y se queda viviendo en un ego rebelde, altanero y desobediente, estado muy típico de la mentalidad occidental. Por otro lado, el corazón sin el amparo de la mente, convierte al hombre en un luchador por una causa que desconoce, el cual deambula por el mundo interfiriendo con el esquema universal, enmascarado esto por una mala entendida compasión, creyendo que a Dios le quedo grande el mundo. Va a donde no lo llaman, actúa en donde no debe hacerlo, habla de más y se sumerge en un mundo en que se siente abanderado y héroe, salvando a los demás. 

La lectura y el estudio de los postulados esotéricos le deja al estudiante una claridad de lo que es él: un compuesto tanto de fuerzas humanas como de energías divinas; viviendo en él, Adam Kadmon, el santo, el divino, el hijo de Dios y también el hijo del hombre, el común de los mortales, el empoderado en la yoidad. Las tendencias humanas han derivado en algo llamado ego, siendo éste un conjunto de prejuicios, hábitos, costumbres, ideas preconcebidas, distorsiones de la realidad, divisiones internas, antagonismos propios, ignorancia sobre la meta real de la existencia, heroísmos absurdos y la creación de máscaras para agradar o buscar el reconocimiento de otros hombres. En un momento dado, el senderista, comprende que su postura humana también es un costal de temores ocultos, miedos conscientes, inseguridades, fanatismos, pretensiones egoicas, separatismos, exclusividades, grandes apegos, vulnerabilidades, falta de fe, rebeldía a lo que sucede, sospechas, quejas, indecisiones y muchos más. Por otro lado, también en su interior, sabe que está el Ser Real, lo de Dios en este mundo y que se expresa a través de él, lleno de todas esas bondades, propias de santos, locos y diferentes, y esto pude que le parezca una realidad un tanto tonta y poco creíble. Deambula en su mente la idea de que debe acercarse ahora a lo divino, descuidado por edades, pero este proceso le amedranta, le ocasiona miedo, inseguridad, cobardía, ya que debe abandonar asuntos de la yoidad, que le dan su característica propia y original. Y ahí fue Troya, le llega el Gran Conflicto, con gran miedo a perder su confort, sus asuntos personales, sus complacencias, encontrándose entonces en la segunda etapa del Sendero que se llama  PROBACIONISMO.

Sabe que debe depurar muchas cosas en su vida, limpiarse de posturas malsanas, eliminar vanidades, lujurias, gula excesiva, ira, pereza e impaciencia y abandonar la peor de las ignorancias humanas: creer que su ego es el centro de todo, que habita en una hermosa zona de confort creada por el mismo, que nadie, absolutamente nadie, debe invadirla, con la absurda idea de que ese núcleo personal de poder es vitalicio, intocable y lo sabe absolutamente todo. En una primera instancia, se le invita a que se observe sin juzgarse, a que enfoque su interés en su ego y es difícil hacerlo, porque no está acostumbrado a eso, pues a causa de la ignorancia, de la ilusión separatista, su mirada siempre ha estado enfocada hacia afuera, en las circunstancias, en las demás personas, hacia el clima, el gobierno de turno, la moda, los avances tecnológicos y miles de cosas más. 

Se le dice que su estado actual es de una gran ignorancia, aunque esté lleno de títulos, maestrías, doctorados y esto es quizá, una de las verdades más difícil de asimilar. Afirma muchas veces: “¿Un ignorante yo, que pertenezco a una gran familia y soy egresado de la mejor universidad de mi país? Yo, lejos de Dios? ¿Cristiano de nacimiento y muy puntual cada ocho días en la misa dominical ¿Yo egocéntrico? ¿Yo qué ayudo en la comunidad donde vivo, mantengo a mis tíos, ahijados y ofrezco siempre consejo a los demás? Yo? Yo? Yo?” Se le explica que todo lo que le acontece, él mismo lo ha convocado, él mismo ha sido el artífice de sus triunfos y derrotas. Todo ello porque Dios le otorgó libre albedrío y aquí, quizá se revuelve más su ego, sobre todo si nunca ha aceptado su vida, su trabajo, su familia, su país, su entendimiento, su fealdad o su ira o cree que es un fracaso, en un mundo que le exige resultados a sus acciones y en momentos precisos: compañero de matrimonio rico y fiel, título universitario a los 25, viajes a los 30, la gerencia de la empresa a los 40 e hijos totalmente triunfadores…

Y ante la verdad pregonada de que existe un sólo Dios, el Absoluto, el Uno sin Segundo, la Causa Primera, diversificado en todas las religiones y presente en cualquier hombre, puede entrar en shock, Afirmando con plena seguridad: “¿El asesino tiene a Dios adentro? Cómo es esto posible? ¿Ese gobernante corrupto, también camina con el Creador? ¿Cómo es que los yihadistas islámicos son terroristas y pertenecen a la religión que pregona la sumisión a Dios? Noo, si mi creencia es la mejor, la que me conducirá sin peligros a él.” Y así sucede con toda declaración, hábito, costumbre o sistema de pensamiento. Cuando descubre que sí se sincroniza con la voluntad de Dios, dejará la resistencia, la queja, el echarle la culpa a los demás, la impaciencia, el enojo, tal vez la acoja en su vida. Más cuando un deseo, un anhelo antiguo no se le cumple, entonces olvida eso y recae nuevamente en la postura egoica. Debe observar todo esto, analizar sus tendencias entre lo real y lo efímero, ver cómo se mueve para agradar a otros, permitiéndole entender aquello que Krishnamurti pregonó de que no se debe actuar esperando el fruto de las acciones, sino únicamente para complacer a Dios.

En su proceso de probarse a sí mismo, hoy acciona seguro de Dios, mañana se posa en un ateísmo aplastante; siente plena seguridad y luego se mueva hacia una fuerte baja autoestima. Confía en la enseñanza cuando todo le sale bien, pero duda de ella en el momento en que se le muere un ser querido, que pierde su empleo, que enferma su mascota… Una veleta bailando entre los asuntos antagónicos del ego y con muy pocos momentos accediendo a los terrenos del Ser Real. Esto es francamente, desgastante, conflictivo, traumatizante y tal vez lo lleve a decir: “Mírate, eras más feliz antes, sin toda esa búsqueda esotérica, vuelve, vuelve al pasado, porque en él ya tenías tus estrategias, tus artimañas las cuales te preparaban para sortear sucesos, imprevistos, fracasos. Vuelve… porque en el pasado están los otros, aquellos que te entienden, te complacen, te dan aceptación, te abrazan, te dan crédito. ¿Cómo vas a perder tu zona de confort? ¿Cómo vas a olvidar tus logros y no pedir tus retribuciones? ¿Cómo vas a desapegarte de todo lo que has logrado? Ahh!! y fuera de eso, ya ni me nombras, porque reemplazas mi bello nombre “yo” por Jaime o Pepa”. Absorbentes las estrategias del ego, grilletes fuertes que atrapan, esclavizan e impiden traspasar el portal. De igual manera saltan aquellos que comparten con él su espacio habitual, reclamándole siempre lo mismo, esperando de él apoyo incondicional o la sumisión total. O viviendo en un medio circundante, acostumbrado a que él le llene sus vacíos afectivos, le cumpla algunas de sus responsabilidades, cuando le ven dispuesto a soltar sus amarres. 

La etapa del probacionismo puede convertirse en un tormento, sobre todo si no recibe la ayuda y el auxilio de uno que ya la sobrepasó, de un Iluminado, un Maestro, un Guía, un Gurú. Pero aquí la mente del sabiondo ego expresa: “Uyyy, no creo en esos Maestros, en esos enviados de Dios” Y es reiterativo es decir: “Yooo, entregarle mi vida a ese desconocido? Imposible, no va conmigo, no acepto el llamado”. Un choque bastante fuerte es cuando el caminante empieza a evaluar cómo está su imperturbabilidad ante cualquier suceso que acontece en el mundo. Con esta cualidad de su lado va forjando un ser humilde, sumiso a la voluntad del Creador, quien es el dueño absoluto de hombres, Angeles y demás seres manifestados. No obstante, se resiste el yo a respetar la voluntad de Dios, a ser imperturbable ante sus propósito. El caminante siente tristeza cuando se hace conscientes de que todo en este mundo es efímero y pasajero. Quizá  le escuche a su ego decir: “A mi familia, nada le pasará, eso es para la secretaria, a  mí no”. Pero como la muerte es inevitable, el ego salta, llora, reclama y le parece injusto, cuando ella toca su portal; aquí otro punto para el ego y nada para el Ser Real. De igual manera, se deprime  si observa la muerte de muchos niños desprotegidos o cuando ve su incapacidad para detener a alguna empresa contaminante y que daña el medio ambiente. Entra en depresión cuando se involucra en una campaña para derrocar al sistema de salud, porque según él, causa la muerte de miles de personas. Se frustra mucho cuando no puede solucionar nada, absolutamente nada fuera de su orbita personal, si es que acaso ella está libre de ataduras. Eso se debe a que el ego cree que es el centro del mundo, con derecho a opinar sobre qué hacer y qué no hacer, cómo dar soluciones o como precipitar cambios favorables. El aspirante, por eso, deja de resistirse y no se entromete más en asuntos de política, de economía, de salud publica, de religión, solo calla y observa. Lentamente, va comprendiendo, que el control, no lo ha tenido, no lo tiene y nunca lo tendrá, que es solo una ficha del mundo y no su salvador absoluto. Entonces deja de interferir en todo y sobre todos y comienza a aceptar, porque va entendiendo que ese algo superior, tiene un objetivo específico para cada acontecimiento, suceso, pérdida o poder temporal. Ya no se le escuchan estas frecuentes frases: “Amiga, eso no se hace así, debes procurar que se haga de este modo, pues a mi me ha dado resultado” O esta otra muy común: “Oye hijo, estudia en tal Universidad, es la mejor y la que más te conviene”. O ante la pareja, esta exigente afirmación. “No me puedes dejar, si lo haces me tirare a un abismo” Comprende que nada está moviéndose a su propia suerte, y que detrás de cada hoja que cae, está la palpitante y viva energía del Creador; y por mucho que se rebele, las cosas se salen del control de su yoidad. 

El Probacionista necesita ser valiente y osado para desafiar a su ego y al sistema en el que él se desenvuelve diariamente. Puede que caiga muchas veces, pero si su impulso a la libertad es elevado, se levanta y lo sigue haciendo a pesar del desaliento. Tal vez llore mucho, más se va calmando lentamente. Observa su ego y se asombra; en un principio, lo justifica. Afirma frases contundentes de este modo: ¿Cómo no voy a presentar esta faceta impaciente, si mi padre era supremamente iracundo y no daba espera a nada? Tal vez ese desgano que llevo a cuestas, le deba a esa experiencia traumática y demasiado fuerte que viví en la infancia. No puedo amar mi actual trabajo ya que tengo un jefe, altanero, dominante y controlador. No puede abandonar a mi compañero sentimental, porque entonces de qué viviré?” En un principio muchas defensas se utilizan para afianzar la postura del ego. Luego, el asunto va cambiando, en la medida en que soluciona, se tranquiliza, se pone en su lugar; entonces se le escucha decir: “Ok, me lo tomaré con calma y dejaré de buscar la causa externa de mi pesar, del infortunio que me ronda, del poco amor a otros, de los miedos, las angustias y las ansiedades. Sé que soy la causa de muchas experiencias y trataré de ver porqué llegan a mí, de descubrir qué verdad ocultan, qué me desean mostrar. Sé que es Dios, en su infinita misericordia, quien me las pone al frente, solo con la intención de poder madurar, transformar, evaluar, afianzar, cambiar, soltar y acepta“. Luego calla logrando que, poco a poco, los triunfos sean para el Ser Real y menos para el ego; así las sombras de la yoidad van disolviéndose, tal como los rayos del Sol terminan con las sombras de la noche.  

La resistencia a descubrirse va claudicando y comienza a mirarse de una manera diferente, tratando de descubrir el motor real de sus acciones, para hacerse a un mecanismo de defensa, que no lo deje vulnerable. Si pelea con el vecino por causa de la política y trata de llevarlo siempre a su bando, a su excelente escogencia, entonces escucha y calla. Tampoco sigue asumiendo las responsabilidades de su hermana, ni las de sus hijos mayorcitos, y va soltando sus necesidades de servicio egoico. Poco le importa que la gente le siga diciendo: “Oh eres tan generoso, tan afable, tan complaciente”, porque ya no busca actuar para ser aceptado y aplaudido por los demás. Agradece toda invitación a reuniones sociales y ya no dice: “Mire tanta pompa y tan poca comida que dieron!” Amanece y ya no pelea con el clima, ni se resiente porque no puede usar su atuendo escogido la noche anterior. Evita ser manipulado por los demás y es capaz de decir: “Decide tú, ayuda tú, ya no me pregunten más”. Pone freno a sus relaciones condicionadas e interesadas, expresando su inconformismo y da un plazo, para que se solucionen los conflictos, porque ya está bueno de años de maltratos y afrentas. Da solución a todos los asuntos pendientes: la deuda económica embolatada por más de tres años, el perdón hacia la ofensa de hace 15 años, la mentira escondida, la infidelidad hacia su pareja, la deslealtad con su mejor amigo, la envidia a su primo, la dependencia de otros y el resentimiento. Va comprendiendo que lo pequeño da espacio a lo grande: el mejor servidor lo es, porque se ha amado a sí mismo, se ha limpiado de sus egoísmos, dándose libremente y sin condiciones. Un buen consejero lo hace sólo cuando le preguntan y un excelente místico, agradece en silencio a Dios.

Poco a poco va practicando el discernimiento y decide aquello que le traerá más provecho a su Ser Real y menos fortaleza a su ego. Entonces es capaz de decir: “Hoy dejare más espacio para mi reflexión personal y no hablaré con la vecina del infiel de su marido. Leeré más la vida de algún santo o profeta, que las novelas turbias y violentas del escritor de moda. Atenderé el consejo de mi amigo, el discípulo, que me invita a meditar más y a dormir menos. Dejaré de hablar o de reír con voz fuerte y grave, en un intento por llamar la atención de los demás. Solo hablaré cuando me lo pregunten y nada más. Iré a mi grupo esotérico o a la Iglesia y escucharé con atención al oficiante, sin enfocarme más en el vestido de mi amigo o en la sensualidad de mi prima. Acogeré con beneplácito la autoridad de mi jefe y no le diré más que está equivocado. Seré humilde ante mi contendor y le dejaré decir y hablar lo que desee. Dejaré de comprar esos zapatos rojos tan anhelados,  porque tengo, en mi armario, siete pares guardados que ya no me pongo. Ocupare menos tiempo es mi obsesión por el orden o por el vestido y tendré más tiempo para meditar ”. Son muchas decisiones, que aunque pequeñas, van formando un carácter fuerte, sincero, espontáneo, pausado, expectante, observador dando origen a una pequeña luz que va emergiendo y se va alimentando día a día. Detalles que siendo insignificantes, dan curso a una mayor expresión del Alma Divina, dormida por edades en el sueño de maya. Esa luz acrecentada llama la atención de aquel que espera con paciencia para ofrecer su antorcha a quien la necesita y que no es otro que su Maestro. Este Ser es un Iluminado, la expresión o precipitación de Dios mismo, el cual se le va acercando con cuidado y lo comienza a guiar, en un principio, de manera inconsciente. Así algún día se le presentará, instruyéndole en su nivel de vigilia consciente, haciendo posible que Ser Divino de su discípulo, sea ahora el protagonista, el abanderado de su vida, la cual se va enalteciendo por la presencia de la verdad, la bondad, la justicia y la lealtad, entre otras.

El aspirante, a pedido de la enseñanza espiritual, involucra en su vida la práctica de la meditación, con el fin de acceder a otra forma de cognición, diferente a la acostumbrada racionalización, que con su vicioso círculo de causa-efecto, lo conecta con la memoria y lo remonta siempre al pasado. Esta es la causa del porqué está ausente en él, el Sí Mismo o el Ser Real, el cual sólo se precipita en el presente. El ego vive de la memoria y la mente recorre, en el día a día, todo un infinito cuadro de experiencias emotivas o intelectuales, guardadas en el baúl, tanto del consciente como del inconsciente, para responder al diario acontecer. Se recomiendo por tal razón, no remontarse de manera frecuente a este artilugio del ego; así que el aspirante sincero, comienza a no hablar tanto de su pasado, evitando encadenarse en esas películas ya vividas. Cuando el colega le dice por ejemplo: “Anoche no pude dormir, hospitalizaron a mi suegra y la operaron del riñón”. Ya no responde con lo acostumbrado: “Uyy eso mismo le paso a mi madre hace 3 años y casi se muere la pobre”. No, lo escucha y lo suelta, deseándole quizá una buena recuperación. Si está en un restaurante y pide el plato de su predilección, lo prueba y ya no expresa: “Esta comida no es tan buena como la que comí, hace un mes en ese restaurante de la esquina”. Está atento para que cuando salte el mecanismo de la memoria, lo detenga inmediatamente. Eventualmente, esto le permitirá observar el presente sin resistirse a él y ya no expresará anécdotas antiguas, ni comentarios que no van a lugar. Pequeños controles que aunados uno tras otro, van depurando y dejando tiempo para la precipitación del Ser Real y éste comienza a ganarle la partida al ego. Discernimiento y meditación dan lugar a un cambio verdadero y ellos alumbraran una nueva realidad. El hijo de Dios se va forjando por fin en el caminante, siendo éste el causante de la muerte de los trucos del ego, dando al aspirante la oportunidad de levantar libremente el vuelo hacia la Divinidad que late en lo más profundo de su corazón.

Con estas posturas personales, con miras a bajar el control del ego, se enfrentará fuertemente a la crítica de los demás y a sus inoportunas frases, tales como: “Tú, que buscas a Dios, cada día eres más parco y menos comunicativo. Tan gratas pláticas que teníamos cuando no meditabas, ni seguías los consejos de ese loco de tu Maestro. Estás mal, muy mal mi querido amigo”. Presiones que pueden darle fuertes justificaciones para decir: “No, mejor me quedo con mi vida antigua, porque eso de buscar a Dios es lamentable y podré hasta perder a mis amigos”. Y cuando los demás lo ven menos preocupado por otros, porque va a trabajar también sus apegos y sus fuertes deseos, con miras a purificar su corazón, se rebosa la copa de la tolerancia y ellos le criticarán  su nueva forma de actuar, pensar y hablar. Prueba entonces en sí mismo, la presión externa y la preocupación por siempre dar una grata imagen a los demás. 

El desapego lo comienza a desarrollarlo poco a poco y dice: “Bueno, ahora, trataré de comer diferente, tal vez sin tantas exigencias ni exquisiteces”. Quizá se pregunte: ¿Y cómo es que llegue a decir que es mejor el café negro, que el clarito? O tal vez se diga: “¿Por qué le exijo a mi hijo una relación con una chica de su clase, ya que esa que tiene no le conviene? ¿Quién me dijo a mí que era mejor el color verde que el azul? ¿De dónde para acá, tengo esa idea de que los del país vecino, son menos inteligentes y amables? ¿Acaso mi mamá es la única que me hará feliz? ¿Por qué definitivamente amo más a mi hijo, que a mi hija, pensando que él se parece más a mí y ella, a ese sinvergüenza de su padre? ¿Por qué pienso que el gobierno estaría mejor en manos de los verdes y no de los rojos? Me preocupa eso de ser amable con mi superior, y dominante y gritona con mi mamá. Con todo esto tal vez concluya: “Es fácil transitar por la senda de la espiritualidad”. Pero el ego lo ve terrible y le asusta enormemente comenzar a perder su dominio cuando se evalúen sus gustos y aversiones, sus formas de pensar y de actuar, sus  maneras de hablar y de ser, sus mentiras e hipocresías, su dificultad para callar y no opinar , su imperturbabilidad a lo que acontezca y su falta de humildad. El buscador cobarde abandonará la faena y se dirá así mismo: “Eso del Sí Mismo, por ahora, aplazado, yo sigo cobijado bajo la corriente normal de desarrollo evolutivo, en fin todas vamos para la misma meta”. Claro que desconoce, que quizá en una, dos o tres vidas, si sigue juicioso logre la liberación y no deba esperar unas 400 mil más.    

Desapego y discernimiento hacen la vida del aspirante más tranquila y sosegada; apaciguan la ansiedad del ego y lo van opacando lentamente. Ayudan a construir una personalidad más acorde con el fluir del plan divino, porque son los ejercicios propios para purificar la mente y limpiar el corazón. Precisan, eso sí, de un anhelo elevado por conocer a Dios; no se accede a ellos mediante ningún manual, ninguna inversión costosa y mucho menos por un curso de dos o tres años. El desapego lo dispondrá a soltar las cosas y las personas, cuando ya no le sean necesarias y deban partir al más allá. El desapego se alcanza cuando se comprende, que en este mundo, el de las formas, todo llega a su fin. El discernimiento y el desapego le permitirán ir por el sendero muy liviano, con menos cargas, libre para el encuentro con su Maestro, sin ataduras para cumplir la misión que éste le encomendará.
  
Paralelamente a los dos ejercicios anteriores, el probacionista, no olvida nunca su proceso de auto observación. Anota los sentimientos experimentados, los pensamientos de su mente, los frecuentes deseos de su cuerpo, los hábitos repetitivos, las obsesiones, las compulsiones, la manera de expresarse, la forma de caminar y los deseos de control. Descubre sus facetas personales, buscando ver lo que ha descuidado y se ayuda de los demás, porque ellos son sus espejitos. Comprende, por ejemplo, que la envidia de su colega, puede ser su propia envidia, o que la manipulación de su pareja, muestra su gran tendencia a ser controlador. Tiene el sumo cuidado de no juzgarse ni auto justificarse en ningún momento. Solo observa y anota: acá ira, allá hipersensibilidad, acullá culpa. Esto es afecto desinteresado y aquello tolerancia. Todo lo escribe, lo que cree bueno o malo. Balancea al final de la noche: tantos puntos para el ego, tantos para el Sí Mismo. Se observa ante los demás y se pregunta: ¿Traté hoy de agradar a mi suegra? ¿Fuí sincero con todos? ¿Critiqué a los demás y qué tanto? ¿Soporté? ¿Manipulé? ¿Me dejé controlar? ¿Fuí veraz, claro, o más bien confuso e hipócrita? Anota y anota, así descubre las políticas de la yoidad y se hace consciente de si éstas ganan siempre la contienda o deja un poquito de espacio al Ser Real. El Sí Mismo está en cada discernimiento, en los momentos de meditación, en el presente, en el amor sin fronteras, en la imperturbabilidad, en la humildad, en la profunda devoción. El ego se potencia en los gustos exquisitos, en el deseo de ser reconocido, en la memoria, en la vigilia sin auto consciencia, en los sueños, en la crítica, en el rencor, en la rebeldía, en la vanidad, en la melancolía o en la cobardía. Cuanto menos yoidad, alumbra más la Divinidad, el Ser Real, de tal suerte que el Maestro se acerca cada vez más y más. Y un día, viéndolo constantemente intentando Ser y no Hacer, se le presenta. Todo junto: discernimiento, meditación, desapego y auto observación, van capacitando al buscador para acceder a la etapa del DISCIPULADO, en la cual se hace un discípulo de un Maestro perteneciente a una Cadena de Oro, siendo ésta una sucesión ininterrumpida, en donde un Iluminado le da a uno en la oscuridad, su conocimiento y su autoridad. De esa etapa hablaremos en otro artículo.      

En resumen: existen dos etapas que son previas al discipulado: Estudiante y Probacionista. La primera conduce al aspirante a descubrir los misterios de la existencia, a conocer el Plan de Evolución y a ser consciente de que existe un camino para integrarse con el plan, para ir hacía la unión con Dios. La segunda, le trae al buscador un conflicto consigo mismo, conduce a una lucha interna en la que se enfrenta con su peor enemigo: su ego. Mediante esta etapa el caminante descubre todas las estrategias que le han impedido atender la oferta más maravillosa de la existencia: la del Alma Individual. En esta etapa se debe comenzar a aplicar el discernimiento (escoger lo más sensato), el desapego (soltar los amarres del ego) y la auto observación (descubrir el poder de la yoidad). Ellas despejarán el camino y atraerán a la vida del aspirante, al compasivo ser, quien lo llevará a las puertas de la Iniciación y ellas le conducirán finalmente a disolverse en la Divinidad, tal como se deshace un grano de sal, en el océano. Así, algún día, el aspirante se convertirá en un servidor de otro buscador, abriéndole los portales para su liberación.

AMINA KRIYANANDA 


jueves, 1 de septiembre de 2016

ATESTIGUO EL ALIENTO DEL MISERICORDIOSO 


Un trabajo, un gran trabajo me fue encomendado y a lo largo de él, mi corazón se llenó de amor, de un amor indescriptible, muy difícil de definir y enmarcar. Llegó en raudales infinitos, ahora lo sé, porque cómo más se explica que en contacto con la vida de los enviados de Dios, una energía se depositaba dentro, muy profundamente en mí corazón, como cuando el sol calienta, derritiendo el rocío que se posa sobre las hojas de los árboles inyectándoles calor y fuerza de crecimiento. No lo sabía pero es así. La sola visión de los rostros de los Maestros, Santos, Iluminados, Mensajeros y Guías de las sabidurías sapiensales, que conducen sin lugar a dudas la liberación, y alguna que otra lectura de sus enseñanzas, despertó en está mente individualizada, una gratitud infinita, una infinita gratitud y acompañada de la certeza: “Dios se apiada de aquellos que lo anhelan y lo buscan”. En contacto con sus bellos semblantes algo se precipitó en mi presente, en esta existencia, que no es más que una de las manifestaciones multifacéticas del Absoluto, del Uno sin segundo en este tiempo y lugar. Ellos, los santos, tocando siempre acordes infinitos de amor, hicieron que el corazón de esta buscadora comenzará a acompasarse con sus fulgurantes llamados. A eso súmasele las bendiciones y los mensajes inspirados en el Satsang –enseñanza oral trasmitida por un contactado con un Maestro espiritual-, al que asisto, cada 20 días, y en donde mi compañero Alipur Karim, discípulo del Maestro Kathar, recibe un flujo constante de consejos, indicaciones y señales… La misericordia sin fin, se precipitó y ha comenzado a derretir mis obstrucciones a la luz y a romper el elevado orgullo de mi mente.  

En esa investigación me preguntaba, aunque no lo notase claramente en mi mente racional: “Y eso que le sucedió a esos seres, a esos anhelantes en su búsqueda implacable de Dios, sería posible que también me sucediese? Y el tiempo no tardaría en traer una respuesta afirmativa. Hoy, la gente me pregunta frecuentemente ¿Kriyananda cómo estás? Y sólo respondo: “Feliz, muy feliz”. Y cómo no iba a estarlo? Porque ahora mi vida no está sujeta más, a una voluntad que camina a tientas por el mundo, ni siguiendo exclusivamente los dictados del ego… Ahora, tras bambalinas, los enviados de Dios, están acompasando mi corazón con su amor y mi mente, con su sabiduría. Y por supuesto en mis prácticas espirituales de cada día, regaladas a mí y a otros tantos por uno de ellos, siendo hoy en día mi Maestro, les confiero y les renuevo mi sincera entrega a su clemente ayuda. Con ellas, voy abriendo un espacio santo, un lugar para que por fin pueda comenzar a despertar y vislumbrar a aquel que mora en el silencio, esperando, esperando la luz de un nuevo amanecer, en el que sea su espejo puro y límpido en este mundo de nombres y formas. Porque por eso se manifestó la creación y en ella todos los hombres, con el fin de permitirle al Infinito, reflejarse en algo distinto a su Eternidad. Ahora no trabajo sola por el retorno al verdadero hogar, me acompañan otros sinceros anhelantes de Dios, agrupados todos en un pequeño núcleo de existencia, precipitado en el presente como resultado de acuerdos antiguos en los que la búsqueda fue infructuosa y hasta peligrosa. Por fin puedo ver que es posible seguir un sendero abierto hacia una vida libre de dolor y duda.
 
Antes, los libros sagrados los veía muy distantes, incomprensibles; hablando a otros tiempos, a otros hombres, lejanos, antiguos, extraños, perdidos de mi… Y aunque supiese, poseedores de historias simbólicas narradas para mostrar cómo algunos seres humanos se liberaron de yugos, tanto internos como externos, nunca los había considerado como un mensaje directo para mi vida, y entender por ejemplo, que he sido y soy Moisés, tratando de salir del ego; es decir, de los dominios del faraón. Y que así como Arjuna, el protagonista que en el canto llamado Bhagavad Gita del hinduismo, debe ondear la bandera del guerrero contra sus parientes y bajo las órdenes del bello Krishna, uno de los avatares de Vishnu –en Occidente el Cristo-, también soy él, y guiada por los compasivos Maestros, será posible para mi ofrendar el ego como sacrificio y posesionar a Dios como el heraldo de mi vida. Los parientes son como el faraón, las facetas del ego, muy familiares, conviviendo todo el tiempo en nuestras vidas y opacando la explosión de amor que guarda el corazón humano, el centro del ser, donde mora el Sí Mismo, la Realidad, el Uno sin Segundo, el Hombre Perfecto, el Adam Kadmon.

Los Maestros, los Iluminados, al unísono dicen que Dios se actualiza en toda época y lugar; en todos los seres, por pequeños o grandes que sean. Y en nosotros los hombres, ya conscientes de nuestra existencia, no deja de buscarse así mismo, sin importar el materialismo imperante, sin otorgarse una parada en su viaje infinito, a causa del racionalismo que consume nuestras mentes. No, Dios no se detiene; por el contrario, avanza y se muestra en la creación, en el mundo de las formas, porque ha dicho, como lo enseña el Corán: “Yo era un tesoro escondido y quise ser conocido”. Esa es una verdad destinada a toda época, a todo lugar, dispuesta para todo ser, incluso a esta personalidad, este país, por violento o corrupto que nos parezca y también a todos los que me acompañan en este espacio vital.

Con el fin de ser conocido, Dios derrama su Misericordia, porque a causa de ella, fue posible la creación. Pero también por su Misericordia, los hombres, en manos de los que ya han despertado a su Realidad Interior, o sea los Iluminados, descubren el tesoro escondido en su corazón, donde palpita desde la primigenia manifestación, la Divinidad envuelta a través de sus viajes, en sus velos de obscuridad. Ha llegado la hora del llamado y por eso el trabajo fue encomendado, porque he respondido y me he entregado sin dudar, me he acogido a recorrer la senda de la espiritualidad real; un camino poco transitado por el común de los mortales. Tal vez ya cansada mi alma de transitar por senderos pedregosos, levantando en alto, en antiguas formas únicamente el accionar egoísta y racional, me ha sonado la hora de mi despertar, para enarbolar de ahora en adelante solo la caridad y la compasión. Un augurio fue dado por los Profetas, Enviados y Mensajeros Dios y fue aquel que acota: Dios reserva a todos los que lo buscan y desean su despertar del sueño del sufrimiento, una Gloria más de allá de toda Gloria, más allá de honores intelectuales, más allá de sólo buenos deseos, más allá de clamores humanos. Di y doy la bienvenida a aquel que remediará mi paso doloroso por el planeta; ya es el tiempo en el que comienzo a entregarme a su fuerza divina, que a la postre es mi propio dormido ser espiritual.  

Recuerda mi mente ese glorioso día, el 17 de septiembre del 2015 en el que se anunciaba un gran cambio para el mundo, una época menos sombría, en la que los Divinos enviados, ofrendarían a los sediento de luz un poco de su sapiencia y amor. Y no existe ninguna duda que ese augurio, profetizado aquí mismo, en este blog bajo el nombre del escrito “Vientos de Cambio” se cumplió. Neptuno el elevado planeta que ostenta el mayor poder espiritual, transita ahora por la constelación de Piscis, neutralizando en muchos hombres y mujeres, tendencias excesivamente vanidosas, exagerado orgullo intelectual y distorsionados deseos mesiánicos. Y en su trayecto de luz, va entregando a una generación de sedientos de Dios un regalo: el llamado a una espiritualidad pura, a una fe inquebrantable y les va acercando nuevamente a los Maestros. A mi vida llegaron de manera invisible, creí en ellos, confíe en su guía y me solté, sin temor a sus indicaciones. Poco a poco, por su intermedio, fueron apareciendo las enseñanzas adecuadas, los libros apropiados, que cual tesoros escondidos, han ido develando la verdad sobre el sendero hacia el encuentro con la luz. Me acercaron a algunas verdaderas fuentes y a ciertos escritos en donde pude explorar las vidas de los santos y los iluminados. Por fin pude vislumbrar lo que por 20 años no había visto claro. Durante ese tiempo seguía una espiritualidad light, distorsionada y con grandes sesgos de fanatismo. Más la hora ha sonado y se ha precipitado sobre este país, toda la fuerza divina, ya que en él han encarnado almas sedientas, con deseos de llenar su vacío espiritual con sonidos sagrados, amaneceres infinitos, noches estrelladas, ofrendas a la Divinidad... Y todas esas almas, representarán la fuerza de varios linajes: unos cabalistas, otros, sufistas, algunos de la vía del yoga, y otros tantos del gnosticismo cristiano. No más Gloria y Gozo podemos recibir.

En octubre del 2015, llegó a mi vida el Maestro Visible, porque en la enseñanza verdadera hay dos tipos de influencia: la vertical y la horizontal. La vertical, es invisible, apareció primero, y la horizontal, llegó hace poco, cuando conocí en España al Sheikh Burhanuddin Herman, representante del linaje Sufi y de la tariqa Nashbandi. Se cumplió lo expresado por el Sheikh Al-Yilani: Una señal os será enviada del cielo y una señal será puesta delante de vuestros ojos”. Desde que le conocí, el Sheikh dejó una gran huella y nunca desde ese día le olvide. Nadie podía entender ese sentimiento poderoso de querer estar a su lado, de sentirlo, mirarle a los ojos y tenerlo siempre cerca, bien sea escuchando la vida en cercanía con su Maestro o sus encuentros con el Profeta Muhammad y otros santos o bien recibiendo constantemente su consejo. Las experiencias místicas solo las había leído en la investigación sobre los linajes, pero escucharlo directamente, de boca de un iluminado, fue apoteósico, llenándome de un gozo inefable, incomparable. Fue maravilloso estar frente al Maestro Visible, el corazón recibe una poderosa fuerza, se hincha porque se llena de amor. La mente calla y asume una postura reverente y sólo escucha, atiende, esperando una dulce y apacible guía; por eso se anhela siempre un segundo encuentro. Es el mismo fenómeno experimentado por la tierra, la cual tras largos meses de verano, espera la lluvia, aquella fuerza complementaria, indispensable para hacer   brotar los retoños de los árboles, luego ofrecer las flores y con ellas la posibilidad de un nuevo crecimiento. Aunque aún mis flores no se han abierto totalmente, porque están brotando lentamente, la fuerza del crecimiento espiritual ya se ha precipitado, y ello gracias a las pletóricas energías descargadas desde el más allá. Este año el Sheikh vino a Colombia, en Julio y todos, los amigos que caminan conmigo y los familiares, pudieron entender por qué no lo podíamos borrar de nuestras mentes y la razón por la cual siempre, siempre le recordábamos cada día, a cada instante. Sorprendida quede, porque dijo que venía a servirnos, a ayudarnos en esta hermosa empresa de recordar a Dios para iniciar la partida sin temor. Más misericordia no he podido sentir. Por fin no ando sola en el proceso que me conducirá a despertar de mi sueño de Maya. 

El Sheikh enfatizó que en nuestras vidas debe haber claridad. Donde hubiere un misterio o secreto escondido, había que evidenciarlo. Donde una relación se convirtiere en yugo y disgusto, había que darle solución y no continuar renegando frenéticamente de ella. Donde la corrupción se ha posesionado, es necesario arrancarla de raíz para que brille el desinterés o el bienestar de todos. La liberación no se alcanza con posturas hipócritas e inconsecuentes; tampoco permitiendo la infidelidad o la deslealtad. El gozo pleno no debe nunca depender de una chequera, de un reconocimiento, de unos títulos intelectuales, ni mucho menos de una compañía. Cualquier conflicto, relación turbulenta, malos sentimientos, acciones interesadas, complica la búsqueda y obstaculiza la comprensión y la afluencia de la divina misericordia. El Maestro espera a que decaiga el orgullo y la vanidad, pues éstas facetas del ego, nos ha conducido a la peor de las idolatrías, que es creer, decir y hacer todo lo que impulsa la emoción y el pensamiento egoísta individual. El sabio, el más cercano a Dios, no es el que lo llama todos los días, pero vive en un mundo interno convulsionado, lleno de ira, violencia, queja, mentira, intolerancia, siempre bajo el imperio de los sentidos y el deseo. He comprendido que los preceptos religiosos hay que cumplirlos; no para agradar a otros, ni mostrarse “bueno”, sino para desarrollar una mente pura y un corazón bondadoso. En tanto, dependientes de la mente racional y ésta de la emoción egoísta, sólo la observancia y el acato de la ley, llamase ésta diez mandamientos, yamas, niyamas en el sistema de Patanjali o sistema óctuple de Budha, podremos elevar el nivel vibratorio y dar carta blanca al acercamiento del Maestro.

El hombre normal, opacado por los deseos y éstos alimentados por el condicionamiento social, que todo alimenta, menos una vida pura, es vulnerable, supremamente vulnerable y algunos, con actitudes de líderes, aprovechando el vacío espiritual, se yerguen como los abanderados, como los verdaderos guías, conduciendo a las masas a una mentira, al fanatismo, a la idolatría, a la separatividad y al desasosiego. ¿Cómo pueden un hombre o una mujer, llenos de tristeza, cólera, lujuria o  desazón guiar a otros? Más ignorancia no he podido ver. ¿Cómo puede guiar a otros, un ser que defiende su creencia y excluye a todas las demás? Más fanatismo no he podido palpar. ¿Acaso habla con Dios aquella persona infeliz y que no lo ama? Porque al amarlo, la alegría se convierte en la compañera inseparable del hombre que la expresa y durante todo el tiempo, el agradecimiento se siente a cada instante. No es fiel amante de Dios, aquel ser quejumbroso, lastimero del diario acontecer, que se perturba ante todo lo que sucede a su alrededor. Una vida doble en la que por momentos el ser se muestra paciente y tolerante, y en otros, inflexible e iracundo, no puede ser signo real de un consejero espiritual idóneo. Y de esos hay muchos por el mundo. El Maestro no llega a nuestras vidas porque otros oren por nosotros o porque sigamos ciegamente las doctrinas anquilosantes de muchos grupos religiosos o espirituales. Un guía real, o es un iluminado, o es un discípulo de un iluminado, porque, si no es así, es como un ciego conduciendo a otro ciego, llevándolo por derroteros aún llenos de polvorientos y secos caminos, por sendas llenas de incertidumbre, adormilados e hipnotizados por cantos estruendosos, por plegarias sin sentido, por histerias colectivas, por mesianismo no reales o palabras que son solo adornos del lenguaje. No nos entreguemos a esos líderes, llenos de inseguridad y poca virtud, siendo nada más que actores de su propio interés o de la ambición egocéntrica de otros poderosos.

Un secreto se ha evidenciado en mis investigaciones y es este: los últimos profetas fueron Jesús y el Profeta Muhammad y nadie más vendrá después de ellos a instaurar una nueva religión. Cuidémonos pues de esos movimientos que proclaman ser los lugares donde aparecen nuevos profetas, porque seguramente nos llevaran a un gran retraso en la senda de la espiritualidad, al no permitirnos acercarnos a la fuerza Divina que llevamos dentro. Los santos e iluminados son los destinados a la función de saciar a los ávidos de divinidad y lo harán ahora más a un nivel individual que grupal. Las religiones instauradas por los profetas y enviados tales como Zoroastro, Rama, Krishna, Budha y Rishis en la India, los 124 mil profetas en las religiones abrahámicas –judaismo, cristianismo e islamismo-, los sabios taoístas y sintoístas, todos ellos legaron al mundo la legislación religiosa y se desplegaron por todo el planeta. Pero ahora es el momento de los santos y los Maestros, quienes pueden rastrearse siguiendo las huellas de sus linajes, aquellos caminos que preconizan la enseñanza Maestro-Díscipulo, y cuyo origen se remonta siempre a uno de los verdaderos profetas. Así que indaguemos vidas y relaciones, eso es importante y luego descubramos si existe consecuencia entre el creer, el actuar y el sentir de aquel a quien entregamos nuestra educación o sustento espiritual. 

Los guías declarados por Dios y no por los hombres, aconsejan que el camino hacia el amor, hacia la senda de la sabiduría, precisa una diaria auto observación, en la que, se descubren los hábitos frecuentes, las formas diarias de sentir, las maneras habituales de pensar, los deseos impetuosos y beligerantes, motivadores de acciones en una u otra dirección. Pero para ello se necesita valor y energía. Valor con el fin de mirar y no huir, de aceptar y luego transformar. Valentía para ver lo que se ha querido esconder y energía para sostenerse en el empeño, sin posibilidad de claudicar y abandonar la búsqueda de la riqueza interior ante cualquier asomo de una extraña compostura, atemperada bajo otras emociones. En un principio el individuo está sólo, porque le corresponde a él eliminar de su vida las facetas negativas de su personalidad. Y eso no se logra únicamente mediante rezos, oraciones, meditaciones mal encaminadas ni buenas intenciones. Luego de este primer reto y mediante un cambio verdadero, poco a poco, una luz se acercará: la del guía supremo que cual antorcha, le potenciará su amor, le permitirá acceder paulatina y lentamente al estudio de profundas verdades espirituales y por último le conducirá al despertar de su caminar por otras vidas.

Los Maestros han advertido que la forma más cristalizada de la presente humanidad es el orgullo intelectual; eso es una realidad. A toda hora mostramos nuestra inteligencia y los sistemas de pensamiento y eso es tanto de los ignorantes como de los educados. Celebramos los títulos intelectuales obtenidos con fiestas y bombos o nos enorgullecemos de repetir nuestras ideas, experiencias y maneras de pensar. En cada conversación, opinamos sobre cualquier tema, dejando en el ambiente la idea de que nuestra postura personal sobrepasa siempre a la de los demás. ¡¡Oh vanidad!!, obstrucción de algunos para encontrar estabilidad económica o una compañía agradable. ¡¡Oh vanidad!!, que lleva a perturbar la tranquilidad de muchos hogares en los que en vez de una cabeza dirigente, amorosa y comprensiva, se yergue un dictador o un tirano. ¡¡Oh vanidad!!, robando el asombro, ante ideas geniales o muy particulares de otros. ¡¡Oh vanidad!!, que impide por lo común, intercambios bilaterales y cordiales, llevando a soportar monólogos largos y aburridos de aquellos que siempre toman la palabra, desatando en los demás fastidio y a la postre una aversión a un nuevo encuentro. Personalismo extremo que incluso en las prácticas secuenciales aconsejadas por un Maestro Espiritual hace su agosto y el practicante se apega a uno que otro ejercicio prefiriéndolo por encima de los demás o siguiendo la secuencia de acuerdo al parecer de su propio ego. ¡¡Oh vanidad!!, ¡¡Oh orgullo intelectual!!, el mayor obstáculo para un despertar espiritual, porque aquel que lo entroniza, siente que no le falta nada, incluso ni la presencia de su Creador, causa suprema que le ha permitido vivir su experiencia humana en este mundo.

El silencio no es usual en nuestras conversaciones habituales. A todo lo que acontece le queremos dar significado; las experiencias de otros nos remontan a algunas similares y siempre deseamos darles una explicación. Todo lo leído o lo aprendido se comenta y poco se escucha a los demás. Sheikh Burhanuddin nos dijo que ni por 100 mil dólares estaríamos dispuestos a cambiar nuestras mentes por las de otras personas. Sería un absurdo por ejemplo tener la mente del portero o del padre, que ocurrencia más loca.  Trabajemos mucho en esto. Nuestra palabra debe ser prudente y ya sabemos todo lo demás y de sobra. Hagamos silencio por una hora, luego por dos y finalmente durante todo un día. Callemos más, hablemos menos; opinemos sólo cuando se nos pregunte y nada más. Descubriremos qué tan dispuestos estaremos para ser humildes. La ignorancia es la causa de nuestro oscurantismo espiritual y ella no se disuelve por hablar más, conocer más, contrariar a otros y tener un buen lenguaje. No esperemos a que la cercanía de la muerte nos haga bajar la vista e implorar a Dios su misericordia. No esperemos a que nos rinda una enfermedad, siendo ella sea la causa por la cual disminuimos la altivez de nuestra mirada y el orgullo de nuestra mente. No permitamos que la parálisis, ocasionada por la llegada de la vejez, sea el medio a través del cual callemos y escuchemos por fin a los demás. He visto seres altaneros rendidos por el dolor y a través de él, sus miradas tornarse compasivas y muy amorosas, pero ya a poco tiempo de su muerte. ¡¡¡No esperemos, no esperemos que eso nos suceda!!!

He sido invitada a orar, a agradecer más y a hablar menos. Desde que perdimos esa predisposición reverente hacia el Creador, el ego se ha instaurado supremo y el orgullo intelectual triunfa a cada instante. Oremos mucho, pero al hacerlo, inclinémonos, así nuestro corazón estará arriba de nuestras cabezas, nuestro amor en supremo rango sobre nuestro intelecto; hagámoslo todos los días, sin falta. Y todo vez que estemos posternados, entregados, pidamos perdón, perdón por un pasado iracundo, ruin, murmurador, avasallador, no sólo de esta, sino de pasadas encarnaciones. Orar debe convertirse en un acto de agradecimiento y nada más, por lo tanto dejemos la costumbre de pedirle a la Divinidad cosas para el ego, tal vez eso no sirve de mucho, ya que todo lo que llega o no llega a nuestras vidas, nosotros mismos lo hemos convocado. Por ejemplo es un absurdo pedir por salud inmediata, cuando hemos descuidamos nuestro cuerpo y lo hemos sometido a fuertes emociones o exceso de trabajo. Es poco sensato pedir abundancia material cuando por años, la mezquindad ha campeado triunfante es nuestras vidas. Son algunos ejemplos porque hay muchos más. El pedir no debe ser un asunto prioritario ahora, lo esencial es agradecer, así mayor humildad no podemos desarrollar.

Salgamos de nuestras casas con una sonrisa: no importa el clima, ni el tráfico, ni el jefe iracundo… Agradezcamos por eso y por mucho más, porque todo lo que nos acontece está mostrando todo el poder creativo individual y es la manera en que vemos la realidad, de lo que llevamos por dentro. Es un hecho que todos los acontecimientos, pasados y presentes, fueron traídos a la existencia por nosotros mismos y no recibimos, sino solo aquello que somos capaces de soportar. El jefe cascarrabias con el que debemos lidiar todos los días, muestra que esa emoción la llevamos dentro y no lo hemos querido aceptar; el colega envidioso y murmurador es una evidencia de nuestra faceta maledicente que dormita y no hemos visto claramente. Todos los que están a nuestro alrededor y nos producen rechazo: el taxista imprudente, el gobernante corrupto, la actriz lujuriosa y vanidosa, son nuestros espejos y están ahí, sólo para que descubramos esas facetas y no las sigamos alimentando más. Agradezcamos pues, por ellos de ahora en adelante y observémonos mucho para descubrir en que momento manifestamos la imprudencia, la lujuria y la envidia. Cuando descubramos todo eso en nosotros y muchos sentimientos más, los podremos controlar; entonces otros personajes aparecerán en nuestras vidas: los clementes, los pacientes, los llenos de fe y alegría, los intachables e incorruptibles y los amantes de Dios y su creación. Todo el escenario cambiará a nuestro alrededor. Somos la llave de nuestra propia desdicha pero también la llave que nos conduce a la felicidad. Busquemos dentro de nosotros, la solución al conflicto, el remedio a la discordia y a la guerra. Y si lo hacemos de manera sincera, llegará la luz que está esperando por nosotros, desde tiempos inmemoriales, esperando por nosotros...

Súmasele a la oración, la meditación, como los dos ejercicios espirituales destinados a envilecer el alma en el Sublime Creador, en el Absoluto, fuente de todo lo que ha sido, és y será. Los dos, atacarán las raíces más profundas del raciocinio personal avasallante, que roba la gratitud, la escucha atente, la veneración y la humildad. Seamos más humildes y cada día, más y más. Acallemos al sabelotodo, al prejuicioso, al crítico, al murmurador, a todo ese conglomerado de  pensamientos y deseos, que no llevan a pensar que estamos por encima de otros, que somos más competentes, más conocedores, los mejores guías, las lumbreras del sentir, los faroles donde otros deben dormitar, las estaciones donde los demás deben actuar… La falta de humildad nos hace creer que a Dios le quedó grande su universo manifestado y que somos sus mensajeros poderosos que lo solucionan o evitan todo. Nada más engreimiento he podido sentir.            

En este momento el núcleo en Colombia, al que pertenezco, es una unión de cuatro linajes: Shivaismo Advaita, Kabbalah, Sufismo y Gnosticismo cristiano. El Shivaismo Advaita, es el más antiguo y se remonta a una antigüedad de más de 5000 años. Toda su enseñanza está dispersa en el hinduismo, el shivaismo, el budismo, el yoga y la vedanta. Como Maestros presentes en este torbellino de luz y de este linaje, están los Kumaras, siendo uno de ellos el Maestro Kathar, llegado a la Tierra hace más de 18 millones de años. Los discípulos de los Kumaras fueron los Siddhas del Sur de la India: Agastyar, Boganathar, Patanjali yTirumular, más los discípulos de todos ellos, siendo uno Mahavatar Babaji Nagarat. De Babaji nos llega la fuerza de Sri Aurobindo y Madre, más la presencia de Paramahansa Yogananda y sus antecesores. No está de menos mencionar a todas las deidades de la India –Shiva, Vishnu y Brahma- y sus Avatares correspondientes: Rama, Krishna, Shankara y Gorashnat, irradiando todos sus poderosas virtudes divinas. El linaje Kabbalista lo encabeza Shimon Bar Yojay, Rabí Akiba y todos sus discípulos. Jesús es el supremo Maestro del gnosticismo cristiano y Maulana Sheikh Nazim del linaje sufí; por eso llego a Colombia su discípulo Sheikh Burhanuddin junto con su amorosa esposa Hajj Hamidah, experta en el eneagrama sufí. Te invito a conocer algunos de esos Maestros y sus enseñanzas. Léete en este mismo blog los artículos “De cooperaciones y auxilios”, allí los descubrirás.

Estos Maestros podrán llegar a ti, si tienes grandes inquietudes espirituales y comienzas a cambiar internamente. Todos los Maestros tienen acceso a ti y a todos los colombianos, ya no hay que ir a los Himalayas y como desde hace un tiempo he dicho y es un hecho: ¡¡Los Himalayas se vinieron a Sur América!!  Hazte un colombiano diferente y un sembrador de luz en este lugar que tanto lo necesita. No sigas pensando que otros tienen esa responsabilidad. Sé protagonista de un cambio de perspectiva, como yo que en este momento estoy precipitando a mi vida un bello escenario, con almas compañeras del pasado que llegaron y se quedaron: Monica, Martha, Sonia, Gabriel, Patricia, Alipur Karim, Adriana, Olga, Ingrid, Rocío, Juanita, María del Pilar, Sandra Milena, Sandra, Otoniel, los dos Ismael y Mary, entre otras. Estoy viviendo un gran protagonismo, como un cuento de hadas, representando el lado positivo de la magia y luchando contra el obstáculo al bien: mi propio ego. O me siento como la heroína, luchando contra el dragón, que amedrenta a una comunidad. Haz que eso también acontezca en tu vida. Porque el amante duerme y está pronto a despertar a su amada doncella. Porque el escogido está esperando que lo descubran para liberar a su pueblo de la tiranía de un rey avasallador. Porque Dios dormita y espera que le muestres su faceta de benevolencia y consolación. Ven, ven a ser un factor de cambio para este mundo desolado por el dolor, la vanidad y la guerra. Ya está bueno de tanto sufrir. ¿No quieres formar parte de este movimiento de luz? Ya está bueno de tanta ambición y tiranía, no sigas siendo parte de eso. Los maestros esperan y Dios escucha a quien lo llama. Llama al Maestro a tu vida, es un momento especial de hacerlo, todo conspira para ello; se ha volcado nuevamente la luz a esta parte del planeta. Hay una tregua de las fuerzas del mal y los poderes del bien están potentes, alertas, esperando por ti, esperando por ti.