martes, 16 de mayo de 2017

ORDEN DE LOS TEMPLARIOS Y LA UNIDAD DE LAS CREENCIAS 
Artículo No. 25 de la serie Cooperaciones y auxilios

La Orden de Caballería Espiritual conocida como los Templarios “Los Pobres Caballeros de Cristo y del Templo de Salomón” y que fue fundada en Palestina por 9 nobles franceses, se convirtió muy pronto en el eje espiritual del mundo en la Alta Edad Media y contó con más de 25 mil miembros. A diferencia de otras órdenes de caballería (Hospitalarios de San Juan o Teotónicos), los Templarios conciliaron dos formas de vida: la guerrera y la mística. Los candidatos, en una primera instancia, recibían la “ordenación caballeresca” que comprendía el estudio y la aplicación de las Virtudes Cardinales tales como fuerza, templanza, justicia y discreción. Este primer acercamiento los inscribía como aspirantes a los Misterios Menores y los capacitaba para la guerra externa, o sea, guerreros, dispuestos a cuidar algunos lugares santos o a custodiar los secretos adquiridos por la Orden. Se le entregaba una espada haciéndose, al igual que el Arcángel Miguel, portador de una fuerza opositora de la oscuridad.     

Una vez que el caballero ascendía por las escalas propias de toda organización espiritual, se le admitía en los oficios de los Misterios Mayores y en ellos, recibía la filiación apostólica o el conocimiento sapiencial, de la orden monacal cristiana cisterciense, convirtiéndolo en un caballero-monje que pasaba a enrolar las filas de los sacerdotes. La filiación sacerdotal les llegó de varias fuentes. Hugo de Payens y Godofredo de Saint Omer, sus principales fundadores, recibieron la consagración sacerdotal del Patriarca Theocletes, descendiente de San Juan Evangelista. Este apóstol, por lo tanto, se unió a los símbolos de veneración templaria y se le dibujaba cargando el Cáliz de Cristo, que no es otra cosa que la Copa del Santo Grial. En 1.128, Hugo de Payens, recurrió al Abad Bernardo de Claraval de la Orden del Císter, en su deseo de regularla con la Regla de vida y estricta observancia que seguían todos los monjes dedicados a la contemplación para garantizar, de esta forma, la filiación que el Maestro de Galilea, había trasmitido a sus apóstoles. Con la filiación monacal el miembro de la Orden, estaba dispuesto a llevar una vida piadosa, entregada al servicio de Cristo, en estricta obediencia, pobreza y castidad.

La Orden monástica del Cister fue fundada por Roberto de Molesme, en 1098 y sus miembros tenían una dedicación especial a la Virgen, a la deidad femenina. Roberto surge del monasterio de Cluny, en el cual reposaban manuscritos celtas y del cristianismo gnóstico, de monjes que habían migrado desde otros monasterios (Oteaux, Fleury, Luxeuil). A Roberto de Molesme le sucedió Esteban Harding y bajo su dirección, la Orden del Cister, se convirtió en un centro cultural sin par, que impulsó el estudio de manuscritos sagrados hebreos, abriendo su entender a fuentes hebreas y a otras; por eso se le considera el verdadero gestor de los Templarios. El Abad buscó apoyo en el rabino kabalista de nombre Shlomó Itzjaki (1040-1105) para traducir manuscritos hebreos en su poder. El rabino, también conocido como Rashi, perteneció a los sabios conocidos bajo el apelativo de Rishoním, quienes se sumergieron en el estudio profundo de la Torá y el Talmud (comentarios sobre la Torá) e hicieron importantes comentarios sobre ellos. Rashi era descendiente del Rey David y su linaje cabalista llegó hasta su nieto llamado Najmanides. Los manuscritos hebreos fueron traducidos por Rashi y se les dio muyor validez cuando el Conde Hugo de Champaña, (futuro miembro de los templarios), al regresar de un viaje a Tierra Santa que realizó entre 1.104 y 1.114, alentó al Abad, diciéndole que eran verdaderos, y que un secreto mayor los esperaba en Jerusalén, en el antiguo Templo de Salomón. A Esteban le sucede San Bernardo de Claraval, considerado el gran reformador de la Orden del Císter, excelente consejero papal, árbitro de los reyes y uno de los últimos padres de la Iglesia. Además era predicador, teólogo, poeta, músico, constructor y muy ocupado en descubrir el secreto que le hiciera posible al hombre, retornar rápidamente hasta su origen divino. 
  

Algunas investigaciones anotan que Hugo de Payens se acerca a San Bernardo, con el fin de obtener, a través de él, el visado de la Iglesia Católica para que la orden fuera reconocida. Otros aducen que fue San Bernardo de Claraval quien se acercó a la Orden del Templo en su anhelo de contar con una organización que defendiera, no sólo los lugares sagrados de los cristianos, sino también, en un cuerpo altamente calificado para entrar en contacto con las vías iniciáticas existentes en Oriente y, posteriormente, llevarlas a Occidente. San Bernardo de Claraval se convirtió en el patrono espiritual de la orden y gracias a él, en el Concilio de Troyes (1.128) el Papa Honorio II, autorizo la existencia de la Orden y la oficializó como un movimiento eminentemente cristiano. El interés de San Bernardo por la Orden pudo provenir del lazo familiar que tenía con su tío templario André de Montbard y por ser compañero de dos monjes cistercienses Rossal y Gondamer que habían formado parte de los nueve fundadores del Temple. En el año 1.125, se une a los 9 caballeros el conde Hugo de Champaña, buscador ansioso de textos perdidos, de símbolos, de oraciones o fórmulas mágicas y que impulso aún más el proyecto de encontrar el legado de los dioses y la preocupación por visitar o recuperar los lugares sagrados, accediendo a misterios escondidos o enterrados en sus muros y subterráneos. La Orden, en efecto, algo tuvo en su poder y sus miembros escandalizaron al mundo en una época muy oscura; muchos hombres ansiaron tener las llaves de sus secretos y de sus hallazgos.

Los monjes relacionados con la fundación de la Orden, tuvieron acceso a secretas  enseñanzas egipcias y celtas que reposaban en los primeros monasterios cristianos. Tras la caída de Jerusalén y ante las lanzas romanas del Emperador Tito, los seguidores de Jesús se asentaron en tierras del sur de Egipto. Allí entraron en relación con los katoshoi egipcios, también conocidos como los reclusos del Templo de Seraphis. Los katoshoi eran ascetas y místicos de Egipto, Siria y Palestina que ubicaron sus refugios en grutas, sepulcros y ruinas de antiguos templos egipcios. Muchos cristianos partieron al desierto y se unieron a esos hombres, buscando tal vez desentrañar en las enseñanzas de Jesús las del viejo Thot, o tal vez leían a Thot, para comprender mejor a Jesús. Esos ascetas fueron llamados los solitarios o monachós, término que más adelante desembocó en la palabra monjes. Hacia el año 250, San Pablo de Tebas se retira al desierto y en el 270 San Antonio se instala en una de las tumbas excavadas en las montañas vecinas y permanece allí unos diez años. Atraviesa luego el Nilo, se establece en las ruinas de una fortaleza romana y se convierte en el primer líder de una pequeña colonia de ermitaños, los cuales se congregaron en torno a él; por eso se le considera el Padre de los Monjes. San Pacomio (287-347) también reluce en esta estela de eremitas siendo él, el fundador del primer cenobio (vida en común) en el sur de Egipto. Por tal razón, redactó la primera regla que daba normas para gobernar con espíritu de comunidad, uniformidad, pobreza, obediencia y discreción. Entre el 325 y el 340 el monaquismo egipcio prospera y su ejemplo se hace célebre hasta Occidente.

San Colombano (543-610) en Escocia, contemporáneo de los anteriores, también muestra influencia de la tradición de los faraones y la une con aquella sabiduría, que él y sus monjes, recopilaron de lo más excelso de la transmisión apostólica que había desembarcado en Gran Bretaña y parte de la Europa Occidental, en los primeros siglos después de la muerte de Cristo. San Colombano procedía de Irlanda y se instaló en la Isla de Iona, donde creó una celebra escuela monástica a la manera de los santos anacoretas de Egipto, ya que sus monasterios se basaron en las mismas que instauró San Pacomio. San Colombano vivió un monacado más libre y rico en elementos de los rituales celtas y egipcios, debido a que vivió en un lugar de difícil acceso para el Imperio Romano. Tanto laicos como monjes, conservaron las creencias nativas y por eso los monasterios, recalcaron un cristianismo lejos de la influencia diocesana o urbana. En los monasterios de Irlanda, Escocia y Gran Bretaña, donde habitaban la gran mayoría de los monjes y monjas de Europa Occidental y que implementaron ideas y métodos del monacato oriental, se aspiraba a la unión total del Alma con Dios, mediante una disciplina que lo permitiera. Estos buscadores estaban inmersos en la lucha intensa contra aquello que les impedía seguir a Dios. Surge así un monje-héroe cuyo principal objetivo es salir triunfante en su lucha, utilizando la penitencia como principal herramienta para lograrlo. La penitencia es reconocer que hay una debilidad interna que necesita ser atendida, vigilada y un anhelo intenso por cambiarla, por convertirla. El primer paso en esta necesidad de cambio es la obediencia a una autoridad espiritual, al Abad quien aconseja vigilias, ayunos e incluso castigos. Como esas comunidades monásticas británicas habían heredaron una espiritualidad celta muy profunda, tenían como principal objetivo alcanzar la libertad de espíritu, movidos únicamente por los anhelos del Alma y no por los apetitos de los deseos; así que trataban de obtener un desprendimiento total y absoluto para depender sólo de Dios.

Los monasterios de la alta edad media (siglo XI), con todo el saber celta, egipcio, hebreo, gnóstico, neoplatónico, se convirtieron en los emporios del saber. Los monjes estaban entonces en posesión de todo el “saber”, del conocimiento superior metafísico, y de las ciencias sagradas que de él se derivan, como la astrología y la alquimia. Esta élite intelectual favoreció, además la implantación del culto de la Virgen Negra; conocían muy bien su significado espiritual y el de la tradición céltica y egipcia. Las vírgenes negras se implantaron en muchos monasterios y traducían una idea mariana común a todas las abadías de la época. Roberto de Molesme, Esteban Harding y San Bernardo de Claraval, fueron bañados por todo ese saber y de paso lo llevaron a los Templarios. Una vez que el cristianismo se vinculó con la tradición Céltica, las doctrinas cristianas del medioevo fueron contagiadas por las leyendas de los héroes, caballeros que como Arturo buscaban encontrar el Cáliz Sagrado, y a partir de ese encuentro los templarios, se  hicieron llamar los “Portadores del Santo Grial.

El cuartel general de los Templarios se estableció en el ala norte del palacio Real de Godofroi de Bouillon (Cruzado y primer representante cristiano en Jerusalén), situado en el monte Moria, lugar en el que Abraham estuvo a punto de sacrificar a su hijo Isaac y también fue el sitio desde donde el Profeta Muhammad se marchó a los cielos. El cuartel era una cripta medio excavada en las ruinas de la antigua mezquita de Masjid al-Aqs que los cristianos habían secularizado en la primera cruzada y que configuraba un triunvirato de mezquitas junto con la Cúpula de la Roca y la Cúpula de la Cadena. En la mezquita de al-Aqs se supone que estuvo el Templo, que Salomón construyó con el fin de guardar el Arca de la Alianza para que por fin ella tuviera un lugar fijo donde reposar, después de haber vagado, junto con los Israelitas, por 40 años en el desierto. El Arca de la Alianza debía contener las Tablas de la Ley, siendo estas para el buscador esotérico las claves de la creación divina, no simples reglas de comportamiento. El Arca de la Alianza sería el lugar donde la Divinidad se extendería a través de los mundos para hablar con los seres humanos. Era un tesoro muy preciado y los Templarios sabían que tenerla, implicaba poseer algo, que los permitiría estar ante la presencia divina, sin ningún otro intermediario. Por supuesto esto fue gestando un recelo en la estructura jerárquica de la Iglesia Católica y también de otros poderes, tanto políticos como económicos.
      
Como pretexto los templarios llegaron a tierra Santa para custodiar el tránsito entre Jaffa y Jerusalén, pero en realidad las motivaciones principales eran ocultas y consistían en encontrar el Arca de la Alianza. Algunos historiadores anotan que la Orden del Templo, aparece como un eslabón de una larga cadena de buscadores del Conocimiento para llevar al mundo occidental el eco de pasadas voces, o sea, la sabiduría escondida en las verdaderas tradiciones espirituales tales como las místicas sufís, egipcias, celtas, yoguis, cabalísticas, herméticas y neoplatónicas. Los 9 caballeros fundadores estuvieron presentes en el cuartel general de 1.118 a 1.128, diez años en los cuales excavaron, rasguñaron y buscaron el Arca de la Alianza, encontrándose finalmente con ella y con otros secretos. Cuando encontraron el tesoro, cinco de los nueve fundadores regresaron a Aube en la región de la Champaña francesa y allí, en un bosque de este lugar, guardaron sus tesoros. Luego, buscaron la forma de expresar su saber a las masas y por eso construyeron las Catedrales Góticas ya que ellos poseían de alguna forma, la enseñanza sobre la ciencia de los números y las formas sagradas de la arquitectura, tomadas a través de Thot el Maestro egipcio hermético, que dejó sus huellas profundas en los hebreos culminando con Salomón y llegando luego a Jesús de Nazaret. Salomón gobernó entre 965-928 a.C, 250 años después de que Moisés sacase a los israelitas de la esclavitud de Egipto. Uno de sus proyectos era construir el lugar destinado a guardar el Arca de la Alianza y para ello llamó al famoso y experto constructor conocido como Hiram Abif. Este último representaba la columna de la izquierda del Arbol de la Vida hebreo, la cual domina el poder creativo permitiendo que todo esté enmarcado en el plan general divino. Salomón era el representante de la columna de la derecha, que no es otra cosa que la expresión de la sabiduría, la cual debe aunarse con su complementaria (Hiram Abif) y lograr de este modo la perfección de formas y seres.

En los primeros años de vida, el dulce Nazareno piso Egipto y allí, en contacto con los coptos de esta región, también se contagió con los antiguos Misterios de Isis y Osiris. Los coptos son los habitantes nativos del valle del Nilo y el término es la deformación árabe del vocablo Aiguptioi que quedó limitado a Qibt. Hoy en día es utilizado para designar específicamente a los cristianos de Egipto. En 1.945 se encuentran en Nag Hammadin, trece volúmenes de textos coptos que contenían aproximadamente mil páginas, de las cuales unas ochocientas estaban intactas. El lugar en donde se hallaron los códices, es el mismo en el cual, el monje eremita San Pacomio, fundo el primer monasterio cristiano y esto resulta bastante curioso. Los obispos y prelados cristianos comenzaron a ver en los monjes de Egipto un gran peligro, ya que ellos contaban, con un tipo de saber, muy diferente al que manejaban los prelados de la Iglesia. El catolicismo estaba dando sus primeras respiraciones y deseaba el poder absoluto en Occidente, así que una Jerarquía Eclesiástica, muy celosa, iba tomando fuerza y sería la misma que, finalmente daría el golpe de muerte a los Templarios. Los monjes egipcios, por otro lado, mostraban una cristiandad más pura, volcada hacia la otra vida y sin necesidad de acudir a muchos intermediarios en su despertar espiritual. Por eso el Obispo Atanasio de Alejandría, en el año 328 d.C., ordenó que las escrituras no aprobadas por la Iglesia central y que fueron llamadas heréticas o apócrifas, fueran destruidas. Esto motivo a que algunos monjes de Egipto, copiaran unos 45 escritos religiosos, los encuadernaran, los sellarán en una urna y los enterraran.

Cuando los Templarios estuvieron en Jerusalén se vieron rodeados también de hombres pertenecientes a la gnosis hebrea, cristiana e islámica. Los caballeros cristianos se expandieron hasta Asia Menor y allí entraron en contacto con órdenes caballerescas islámicas. Una de ellas fue la de los Hassasin o Guardianes, en cabeza del Sheikk Hassan ibn Sabbad quien intercambió conocimiento, filiación y simbolismos con los templarios. Hassasin es posible que derive del plural del árabe assas “guardian”. Los Hassasin era una orden sufí ismailita cuyo linaje espiritual proviene de Ibn Jafar al-Sadiq y su hijo  Ismael. El Sheikh Ibn Jafar al-Sadiq perteneció a la lista de la Cadena de Oro del Sufismo, por lo cual los dirigentes de los Hassasin estaban bajo guía espiritual y eran   iluminados. El Iman de la Orden Hassanin debía ser heredero de Ali o de Abu Mansur Nizar (descendiente de Ismael), y por esta razón también fueron conocidos como ismaelitas nazarios o nizaries. Sus fuentes doctrinales provenían de la Escuela Ecléctica conocida como “Los Hermanos de la Sinceridad” que representaba una notable síntesis de neoplatonismo, hermetismo, gnosticismo cristiano, judaísmo e hinduismo. Hasan ibn Sabbad, de igual manera, había sido educado con las leyendas de los caballeros monarcas persas que le antecedieron y que dejaron una impronta importante también en lo referente a la leyenda de Arturo y los Caballeros de la Mesa Redonda.

Los iniciados Hassasin llevaban túnicas blancas con una faja roja atada a la cintura para combinarlas con sus altas botas rojas y sus vivos turbantes del mismo color. Los templarios también usaban una túnica blanca (signo de pureza, inocencia y castidad), con una faja roja y una cruz roja (signo del mártir) que blasonaba la zona del corazón, y que culminaba en una caperuza roja. De otro lado, los Hassasin tenían tres grados de ascenso: fedai, rafik y dai, los cuales se correspondían con los de los templarios a saber: novicio, profeso y caballero. Unos y otros se confundían; hasta se pensaba que eran de una misma orden ya que compartían los mismos principios espirituales. Se relata que durante el Maestrango de Odo de Saint Amand, algunos templarios fueron iniciados en los misterios de los Hassasin, tal es el caso del séptimo Maestre templario Philip de Nablus, quien se inició bajo la enseñanza de los Maestros sufís de los Hassasin. Se dice que el propio Saladino (enemigo de los Cruzados), fue recibido en la Orden y después de su disolución, muchos templarios de España se integraron en órdenes musulmanas. La caballería árabe era cuatro siglos anterior a la templaria y eso hace pensar, que probablemente, el esoterismo islámico prestó sus formas para regenerar y actualizar el esoterismo cristiano.

El sucesor del Sheikk Hassan fue Rashid al-Din Sinan o al-Amur y con este imán lo templarios tuvieron mayor contacto. El Sheikh puntualizó la importancia de los misterios del Santo Grial, en el sentido de que al final de los tiempos, todos podrían adquirir la inmortalidad a través de él, y extendió la idea de que cada hombre es un Santo Grial Humano, porque lleva dentro la fuerza del amor, de la conciencia de Cristo que pude ser levantada por todo aspirante anhelante de su sublimación. Todo el saber de los Hassasin y otros grupos sufís, fue llevado, posteriormente a Europa por los Templarios, promoviendo la creación de otros movimientos que derivaron luego en la masonería y el rosacrucismo. Durante su estancia en Asia Menor, los Templarios adoptaron el nombre de Milicia de Cristo y del Templo de Salomón y se expandieron en el medio oriente donde fueron muy acogidos y respetados, convirtiéndose en los representantes diplomáticos cristianos en el mundo islámico. De igual manera, los caballeros templarios manejaron con fluidez la lengua árabe, lo que les permitió traducir los rollos de sabiduría oculta que poseían los maestros sufís y que habían recogido los conquistadores musulmanes en muchas partes de Asia, Europa y Africa.  

Los yezidis y los mandeos fueron otras sectas islámicas que también pernearon la Orden del Temple. Los yezidis amalgamaron elementos del judaísmo, zoroastrismo y del islam. Permearon a la estructura templaria, el relato persa del Rey Pescador que cae derrotado (Arturo) por orgullo y se levanta victorioso, únicamente, con la bebida contenida en el Santo Grial y que llega a sus manos gracias a uno de sus valientes guerreros (Parzifal, Galahad o Borh). De igual manera, de los yezidis, viene la leyenda de la espada que fue insertada verticalmente y que sólo podía ser rescata por un Elegido. La cuna de la cultura mandea estuvo en la isla paradisiaca de Sri Lanka (lugar del que partieron todos los linajes espirituales), luego llegaron a Oriente Medio y allí colonizaron un vasto territorio, extendiendo sus dominios hasta Palestina. Su tradición combinó el misticismo persa con el celta y algunos investigadores le dan una filiación con el gnosticismo, siendo ellos los herederos las sectas gnósticos conocidas como ofitas, nazoreos y esenios. Se les llamó los cristianos de San Juan puesto que el bautista era la figura central de sus creencias.

Los mandeos pertenecieron a la Iglesia Oculta que el mismo San Juan fundó, siendo está institución la que más tarde jugó un papel significativo en el establecimiento de los misterios orientales en Europa. Hugo de Payens se inició en la Iglesia Juanista y por eso los Templarios terminaron bañados también, por este lado, de concepciones cristianas diferentes a las controladas por la Iglesia Católica. Los mandeos sumergían sus cuerpos en aguas purificadoras y ese rito pertenece a los cultos mistéricos de Isis, lo cual puntualiza la fuerte influencia egipcia tanto de Juan como de Jesús. De igual manera, de los mandeos proviene el culto a lo femenino, a la Madre Tierra, cuya representación se manifestó como la adoración a la Virgen Negra, siendo ella un rezago de los Misterios de Isis y que fue representada en posición sedente cargando a su hijo Horus en su regazo. En Egipto, Isis es la Madre del Universo, la fuerza fecundante y ella es la matriz de todas las vírgenes de la cristiandad. Tanto en el sur de Francia como en el de España un gran número de iglesias están dedicadas a San Juan Bautista y a María Magdalena, y en ellas la iconografía de la Virgen es idéntica a la diosa Isis. Los lugareños aseguran que María Magdalena arribo a estas tierras para predicar el culto a lo femenino, el cual no era mirado con buenos ojos por la naciente patriarcal Iglesia Católica.

En el artículo No. 22 de la serie de Cooperaciones y auxilios se expuso como sufís, budistas y yoguis habían tenido contacto en la India, en la Edad Media. Se dice que Masyendranath uno de los Nath, se convirtió en un Maestro Sufí llamado Machandali. Masyendranath fue Maestro de Gorasknath siendo este Iluminado, el Sostenedor de los linajes del budismo tibetano. El Sheikh de la tariqa Chisthi Hazrat Muin ad-Din Chisti de Ajmer (1141–1236) también tuvo un intercambio con los Nath de la India tanto que algunos miembros de la Orden Chisthi adoptaron el nombre de Gorashnath por el de Allah. Los nizaries que no son otros que los Hassasin, se disfrazaron durante algún tiempo de yoguis para escapar de la persecución sunnita. Y no es de extrañar que incorporaran elementos del Vaishnavismo o del Shivaismo a sus prácticas y principios, desde la doctrina de los avatares hasta formas tántricas del yoga. Siendo los Hassasin el grupo con el cual los templarios tuvieron mayor intercambio, no es raro suponer que los Maestres de la Orden del Templo, de igual modo, se palparan con los conocimientos de los santos yoguis. De igual manera, los templarios, recibieron la filiación cabalística de Maestros que rondaron los restos de lo que había sido el fabuloso Templo que el Rey Salomón, quedando imbuidos con la fuerza espiritual de todo el linaje que abrió Abraham.

En unión con diferentes linajes, los miembros de la Orden del Temple, se convirtieron en parte de una Caballería Espiritual sin precedentes en el mundo Occidental, representando la unión de los hombres y abriendo a cualquier ser humano la posibilidad de traspasar el basto y rico conocimiento simbólico de la Tradición unánime y siempre perenne. Los Templarios ejercieron una labor de sincretismo religioso y buscaban que el gobierno del mundo fuera sinárquico, es decir, gobernado por una élite de hombres virtuosos y justos que no cayeran en los vicios erráticos que ofrecía el poder político. Sinarquía es de origen griego y significa sin (con) y arge (principio norma, ley valor), o sea “con autoridad”, “con principios” y bajo una escala de arriba abajo. Sinarquía tiene que ver con evolución social y es el espíritu informando de arriba abajo a la materia, estructurándola, guiándola, ordenándola. La sinarquía requiere por lo tanto, sincretismo religioso y el reconocimiento de una autoridad suprema en un doble aspecto religioso y político que dirija el poder del mundo. Además, también trataron de instaurar la sinarquía espiritual en el mundo y a que cada individuo tuviera la capacidad de encontrar dentro de sí mismo su verdadera dimensión espiritual.

Los Templarios como representantes de una Caballería Espiritual, eran entonces más que simples guerreros. En un principio fueron conocidos con la Milicia de Cristo, significando este término, no sólo un papel protector de los que buscaban llegar a Tierra Santa, sino entrañaba un combate individual, espiritual y ascético. El término caballería espiritual viene de la mística islámica y en árabe es futuwah, fundada sobre los valores de la generosidad, la dedicación absoluta a los demás, el sacrificio, el auxiliar a los oprimidos y desamparados, la compasión hacia las criaturas, el mantener la palabra dada y, finalmente, la humildad. El desarrollo de esos atributos, llevan al individuo a convertirse en un humano perfecto siendo éste el aspecto externo de la futuwah. El aspecto interno, consiste en viajar a través del Camino y atravesar las distintas estaciones espirituales hasta alcanzar el nivel de la subsistencia en Dios o baqa’. En su aspecto interior es la esencia y el grado más elevado de toda iniciación y en su aspecto exterior un signo para la orientación del peregrino. Es, por lo tanto, a la vez una realidad espiritual y un modo de comportamiento.

Pero únicamente el ser humano perfecto es digno de ser caballero y recuperar la Unidad con Dios, alcanzando lo que en el esoterismo cristiano representa el Grial. De futuwah deriva la palabra fata, la cual se aplicaba a un joven de comportamiento caballeresco, cuya virtud cardinal es la generosidad y se caracteriza por las buenas maneras. El comportamiento del fata parte de una liberalidad del Alma que lo coloca más allá de la presión del grupo o del clan y más allá de la juventud física, por lo cual se entrevé aquí la idea de una elevación, de una madurez espiritual, que sería equivalente a una juventud del Alma, cuya energía o vigor puede, por orden divina, influir en el mundo mismo de los elementos. La futuwah, como dijo el iluminado Abu Hafs, consiste en obrar con rectitud y en no exigir al prójimo que haga otro tanto. El fata, es aquel cuya acción es gratuita, pues se realiza para Dios solo, con el único deseo de conformarse con la Verdad y no con el de cosechar sus frutos ante los hombres. En definitiva, la futuwah es un modo de realización espiritual consistente en una superación continua, en el comportamiento interior y exterior de los límites impuestos por el yo individual y social.

Seth, el hijo de Adán, fue, según la tradición islámica, el primer caballero consagrado por entero al servicio divino,  mientras que sus hermanos se dedicaron a dominar el mundo. El Angel Gabriel trae a la Tierra una túnica de lana verde con la que se viste Seth, y vuelve al Cielo con la noticia de que existe un hombre enteramente consagrado al servicio divino. De acuerdo con la tradición islámica, encontramos a Abraham como continuador de la futuwah, convirtiéndose en el iniciador y padre de todos los caballeros místicos de la fe. Así que algo muy profundo palpitaba en los corazones de los templarios y ellos, gracias a la insignia que representaban, eran los caballeros que portaban el escudo de la fe de la Alta Edad Media. Al igual que los fata, eran los Caballeros de Dios y del futuro Iman Madhi, el Liberador –aquel que vendrá a abrir al camino a Jesús de Nazaret (Paráclito nombrado en el Evangelio de San Juan) en su Segunda venida a la Tierra. Así, la caballería sufí y la caballería joánica coinciden por encima de las religiones.

Los Templarios supieron que de la Atlántida venía el conocimiento real del Ser y de Dios. Ese saber llegó a la Nueva Tierra –Ariadna- de manos de Thot (Manú Vaivasvata), quien sobrevivió al hundimiento de la Atlántida. Thot el Egipcio (Hermes Trimegisto), inauguró el continente nuevo o Ariadna, cargando desde el continente Atlante, las semillas del saber. Luego, Moisés, aprendió a descifrar los dictados de Dios en los centros sacerdotales egipcios, los llevó consigo a Israel, cuna de profetas y mesías, para empoderarlos luego en los cristianos, que a su vez recibieron del rabino de Belén, la vertiente gnóstica de manos de su Maestro Juan el Bautista. Y luego ese secreto se introduce en Europa de manos de José de Arimatea, siendo que él, según cuentan historias, arribó a Gran Bretaña y allí fundó la Iglesia de Glastonbury. De ese saber antiguo habían oído también sufís, cabalistas y yoguis y por eso no es extraño encontrar vestigios de contactos templarios con estos linajes, pues ese grupo de monjes-soldados tuvieron acceso a una sabiduría tradicional de muy remota antigüedad. Mas ese secreto solo era dado al círculo interno de la Orden y se trasmitían de forma especial en lugares especiales. Se dice que la Orden tenía siete círculos para los Misterios Mayores y tres para los misterios menores. Curioso no? Tal como los círculos de discípulos que tenía el dulce Jesús.

Durante su apogeo, que no duró más de dos siglos, los Templarios tuvieron 23 Maestres: Hugo de Payens (1118-1136), Robert de Craon (1136-1146), Evrard des Barrès (1147-1151), Bernard de Tremelay (1151-1153), André de Montbard (1154-1156), Bertrand de Blancfort(1156-1169), Philippe de Milly (1169-1171), Eudes de Saint-Amand (1171-1179), Arnaud de Torroja (1180-1184), Gérard de Ridefort (1185-1189), Robert de Sablé (1191-1193), Gilbert Hérail (1193-1200)Phillipe de Plaissis (1201-1208), Guillaume de Chartres (1209-1219), Pedro de Montaigú (1219-1230), Armand de Périgord (1232-1244), Richard de Bures (1245-1247), Guillaume de Sonnac (1247-1250), Renaud de Vichiers (1250-1256), Thomas Bérard (1256-1273), Guillaume de Beaujeu (1273-1291), Thibaud Gaudin (1291-1292)Jacques de Molay (1292-1314)Durante el Maestrazgo de Robert de Craon, el Papa Inocencio II en 1.139, emite la bula “Omne datum optimum, que excluye a los Templarios del pago de Impuestos y de la jurisdicción  episcopal, así que podían ordenar a su propios sacerdotes y diáconos. Con  Evrard des Barrès, la Orden comenzó su actividad económica, siendo el rey Luis VII el  primer beneficiario. Arnaldo de Torroja y dos Maestres más, inaugura los ataques y la envidia de los Hospitalarios contra la Orden. A Thibaud Gaudin le corresponde vivir la pérdida del último bastión en Tierra Santa y, el último gran Maestre Jaques de Molay muere quemado por orden del Papa Clemente V, títere del Rey Felipe llamado el Hermoso. Siete de los Grandes Maestres murieron en combate, dos renunciaran y el último fue quemado en París.  

Los grandes Maestres eran elegidos de por vida y respondían por el destino de la Orden. Con mucha frecuencia era elegido quien hubiese desempeñado un cargo importante en tierra santa y firmaba todas las actas como Magíster Humilis o Magíster Militae Templi. Sus acciones estaban limitadas por el Capítulo o Consejo Magistral que estaba compuesto por 13 miembros, y se constituía de esta manera: el Senescal (jefe de Logística) y el  Mariscal (Comandante Militar) escogían otros dos Hermanos para componer el primer núcleo. Los cuatro escogían otros dos y eran seis. Los seis, otros dos y eran ocho, los ocho, dos más y eran diez, los diez otros dos para reunir el número de los Apóstoles. De los doce,  ocho debían ser caballeros -de nuevo ocho- y cuatro escuderos y en conjunto elegían al Capellán -decimotercer miembro- que representaba a Cristo. Los Comendadores (Gobernadores zonales), tenían siempre a sus órdenes a diez caballeros para protección de los peregrinos, volviendo así a la primitiva función. Los Caballeros siempre vestían con capa blanca, mientras que los combatientes no nobles, lo hacían con capas pardas o negras.

Los templarios impulsaron la construcción de unas 200 catedrales góticas, arte maravilloso que dejó estupefacto al mundo con sus arcos y bóvedas de ojivas. Se dice que en las Catedrales los Templarios guardaron sus símbolos y secretos: eran una enciclopedia de todos los saberes medievales; con las catedrales, los Templario democratizaron los secretos por ellos encontrados. Debido a su forma todos los presentes recibían la energía cósmica, la saboreaban inconscientemente haciendo que las fuerzas creativas se hicieran perceptibles sobre ellos. Muchas de las catedrales tenían forma de octógonos más un centro circulan, conformando el nueve, número que muestra la búsqueda de la perfección. Fueron levantadas sobre antiguos enclaves de culto celta con cámaras subterráneas donde se practicaban los ritos a Isis y que luego fueron reemplazados por la presencia de las Vírgenes Negras. Los historiadores del arte han reconocido cierto parentesco del gótico con el arte arbóreo celta, caracterizado por montañas y cuevas. Las torres y pináculos son las agujas de las montañas, lo mismo que el pórtico de entrada es el retumbo de la entrada a la cueva. Y si en esta, dicen las leyendas, había monstruos que hacían de guardianes y serenos, las figuras asentadas en doseletes y capiteles harán las mismas labores. Por otro lado, ciertas catedrales francesas, como sucedía en Egipto con pirámides y templos, se alinearon entre sí hasta acabar por dibujar en la tierra el diseño que las estrellas de la constelación de Virgo tienen en el cielo. Virgo es la Virgen, mostrando la adoración por la expresión femenina de la Divinidad.

Algunas catedrales tenían construidos laberintos en su interior. El laberinto es una figura cabalística, que se encuentra al principio de ciertos manuscritos alquímicos y que forma parte de las tradiciones mágicas atribuidas al nombre de Salomón. El centro del laberinto es un cruce de fuerzas Harmann de alto voltajes, sólo percibidas por los altos dirigentes de la Orden. Las vidrieras de las Catedrales son escrituras divinas que derraman la claridad del Sol auténtico, es decir, de Dios. Los constructores de las catedrales se consideraban sucesores de Maitre Jacques, quien junto con Hiram Abiff y otro constructor, levantaron el Templo de Salomón. Los tres formaban parte del Compañerazgo, una forma iniciática basada esencialmente en el ejercicio de un oficio. Los integrantes de esa forma de iniciación fueron depositario de antiquísimos conocimientos esotéricos y transmisores de la iniciación en los misterios. Se vincularon con la tradición hermética (egipcia) y sirven como símbolo de ideas arquetípica en un dominio histórico y geográfico. Los constructores por tanto, poseían el conocimiento de las leyes que modifican lo creado y máximos exponentes de la vertiente del Secreto de Hiram Abiff. Se dice que ellos  pertenecían a un círculo interno, con un Maestro como cabeza seguido de los compañeros y por último los aprendices. Los constructores debían superar un período de formación de cuatro o cinco años y se les llamaron de dos maneras: rough-mason, los cuales trabajan la piedra más ordinaria, y los freestone-mason, cuyo trabajo requiere mayor complicación. De ahí provendrá el nombre francmason.

Los templarios ganaron mucho prestigio y poder gracias a las abundantes donaciones de los nobles y de las casa reales europeas. Tenían censadas 9.000 propiedades en toda Europa, sin contar los derechos sobre tierras, pastos, molinos y negocios portuarios, incluidos barcos de transporte y de guerra o las propiedades en Asia Menor. Contaban en el siglo XIV con más de 15.000 caballeros en toda Europa y tenían su riqueza repartida por España, Francia, Inglaterra, Portugal, Alemania, Italia, Bélgica, Luxemburgo y Polonia. Pero también fueron ganando muchos enemigos: los Hospitalarios de San Juan, los banqueros italianos y el cuerpo episcopal, entre otros. 

La Orden de los Hospitalarios de San Juan con las que se cruzaron los Templarios en Jerusalén, eran sólo de corte político-militar, inspirados más bien por San Agustín, quien comenzó a hablar como un pionero de la guerra justa, que se podía hacer “cuando un Estado, al que hay que hacer la guerra, se ha descuidado en la restitución de bienes (santo sepulcro y sus alrededores), que fueron arrebatado por medios de injusticia”. Con estas palabras puso los cimientos de la futura guerra santa de las Cruzadas que se iniciaron en el año 1099 y que llevaron a Palestina, especialmente, a guerreros al servicio de un señor feudal y que estaban solo sirviendo en competencias deportivas. Todos ellos pasaron a enrolar las filas de los Cruzados. Por eso los Templarios, en su primera llegada a Tierra Santa no participaron en ninguna batallas, solo iban buscando el Cáliz, aquello que los llevaría al contacto directo con Dios.

Los Hospitalarios de San Juan se opusieron a los Templarios y, llegado un tiempo, cuando Jerusalén quedó en mano de los sarracenos, algunos dignatarios querían la unión de Templarios y los Hospitalarios, cosa que no era posible. Los Hospitalarios y el Cuerpo Episcopal –del cual los Templarios no dependían-, vieron con muy malos ojos las buenas relaciones del Temple con las elites musulmanas y sus intercambios económicos, culturales y espirituales. Cuando se imparte la Orden de destruir al Temple, rápidamente, los Hospitalarios y los altos clérigos tenían lista, toda una serie de denuncias y testimonios sobre algunas acciones “no santas” y detalles acerca de las ceremonias de iniciación de los templarios, algo extrañas y lejos del canon católico. Una vez disuelta la Orden los bienes del Templo fueron puestos a disposición del Papa, quien se los dio, posteriormente, a los Hospitalarios de San Juan de Jerusalén, la Orden rival, conocida, hoy en día, bajo la denominación de Caballeros de Malta.

Los Templarios habían gestionado una compleja estructura económica dentro del mundo cristiano, creando incluso, nuevas técnicas financieras que constituyeron una forma primitiva del moderno banco; su hegemonía afecto a otros inversionistas. Eran una especie de rivales de los banqueros italianos, que no los veían con muy buenos ojos. La Orden se trataba de tú a tú con los príncipes, y las transacciones entre ellos siempre tenían un buen fin, mientras que los tratos con los banqueros italianos estaban a la merced de una orden real. Cuando subió al trono de Francia, Felipe el Hermoso, aquel  Rey que dio muerte a la Orden, escogió a financieros de Bancos italianos como consejeros. El Rey estaba endeudado con el Temple y atemorizado por su creciente poder, presionó al Papa Clemente V con el objeto de que tomara medidas contra sus integrantes.

Felipe además, deseaba iniciar una nueva cruzada en Palestina y Jacques de Molay se había negado. Para tal fin Felipe IV, buscaba, mediante el proyecto Rex Bellator, fusionar las órdenes militares y que ellas quedaran bajo su mando; con razón cuando quedó viudo, había pedido a la Orden que lo aceptara en sus filas y está se había negado a hacerlo. Felipe el Hermoso tenía como Ministro a un hombre muy siniestro llamado Guillermo de Nogaret, excomulgado por la Iglesia porque estuvo involucrado, en 1302, en la muerte del Papa Bonifacio VIII, cuando se negó a que el Rey estuviera por encima del Clero. Nogaret, con la muerte de este Papa, le permitió a Felipe el Hermoso elegir a Benedicto XI en 1303 (envenenado también por oponerse a las órdenes del Rey) y  Clemente V en 1305. Nogaret tenía un gran resentimiento contra la Iglesia y urdió un plan macabro para desprestigiarla y tramó culpar de herejía a su Orden más selecta, los Templarios.

El Capítulo de la conspiración contra la Orden ya tenía sus dos antagonistas, y muy poderosos: el Rey de Francia, Felipe IV y su Ministro, Nogaret; el primero, ansiaba sus riquezas y convertirse en el ministro de Dios, el defensor de la Iglesia (El poder temporal sobre el poder espiritual); el segundo, coronado por la ira, fraguo su estrategia. Felipe IV comenzó a tener diálogos con los banqueros italianos, pues sabía de antemano su deseo de convertirse en los dueños del poder económico de Europa. Puestas las fichas sobre el ajedrez y con Clemente V de su lado, se inicia el juego para darle jaque al Rey. Aconsejado por su ministro Nogaret, Felipe IV despachó correos a todos los lugares de su reino con órdenes estrictas de que nadie los abriera hasta la noche previa a la operación: el jueves, 12 de octubre de 1307. Los pliegos ordenaban la captura de todos los templarios y la requisa de sus bienes y fue así como 15.000 templarios fueron arrestados.

El 13 de octubre de 1307, a la salida de los funerales de la condesa de Valois, el Maestre Molay y su séquito fueron arrestados y encarcelados. Y durante la madrugada del viernes 13, la mayoría de los templarios franceses fueron apresados y sus bienes confiscados bajo pretexto de inquisición. La resistencia militar fue mínima a causa de la avanzada edad de los guerreros que permanecían en Francia. Los jóvenes se encontraban preparando la inminente cruzada en la base de Chipre. Clemente V incumplió acuerdos previos con los Templarios bajo la presión del Rey Felipe, no les permitió ninguna defensa ante las acusaciones y prácticamente los traicionó. 

Por medio de la tortura, la Inquisición obtuvo las declaraciones que deseaba, incluso del Gran Maestre, pero estas confesiones fueron revocadas por la mayoría de los acusados posteriormente. Mientras el Papa tomaba una decisión definitiva sobre la Orden, el futuro del Gran Maestre y el resto de cargos superiores, uno a uno los templarios fueron pasando por la hoguera en medio de un sinfín de irregularidades y el recelo del pueblo llano. En 1312, Clemente V cedió a las presiones de Felipe IV y disolvió la orden y en 1314, luego de estar siete años en prisión, Jacques de MolayGodofredo de Charney, Maestre de Normandía y otros dos altos dignatarios, fueron condenados a cadena perpetua, gracias a la interferencia del Papa y de importantes nobles europeos. La condena la llevaron a cabo encima de un patíbulo alzado delante de Notre-Dame y cuando la escucharon Jacques de Molay y Godofredo de Charney renegaron de sus confesiones exclamando: “!Nos consideramos culpables, pero no de los delitos que se nos imputan, sino de nuestra cobardía al haber cometido la infamia de traicionar al Temple por salvar nuestras miserables vidas!”.

Jacques de Molay se quitó su traje y mostró públicamente las cicatrices que le habían quedado por efecto de las muchas torturas a 4las que fue sometido. El desafío de los líderes templarios, rompiendo lo pactado, les condenó a muerte. Aquel mismo día, se alzó una enorme pira en un islote del Sena, denominado Isla de los Judíos, donde los dos dirigentes fueron llevados a la hoguera. Según se cuenta entre el mito y la realidad, antes de ser consumido por las llamas, Jacques de Molay se dirigió a los hombres que habían perpetrado la caída de los templarios: “Dios conoce que se nos ha traído al umbral de la muerte con gran injusticia. No tardará en venir una inmensa calamidad para aquellos que nos han condenado sin respetar la auténtica justicia. Dios se encargará de tomar represalias por nuestra muerte. Yo pereceré con esta seguridad”. Jacques de Molay era un visionario y no fue una maldición lo que salió de sus labios, sino que él solo hablo de lo que el destino les deparaba a sus dos enemigos. En efecto el Rey y de Papa antes de un año fallecieron. En el resto de Europa, la persecución templaria no fue tan violenta y sus miembros fueron absueltos en la mayor parte de los casos. Sus bienes, no en vano, fueron repartidos entre la nobleza o integrados en otras órdenes militares como la de los Hospitalarios. Felipe el Hermoso logró que el poder temporal triunfara sobre el espiritual y destruyendo la Orden del Templo, abrió el camino hacia el  absolutismo y el poder totalitario, el cual reposaría en manos de hombres ambiciosos y llenos de orgullo y falsedad.

En el año 2001 fue encontrado en los Archivos Secretos del Vaticano el pergamino el Chinon después de haber estado incorrectamente archivado durante años. El documento recoge los detalles del juicio de la herejía que se les atribuye a los Templarios. La profesora Barbara Frale fue quien lo encontró y cuando lo leyó descubrió que el documento libra de cualquier culpabilidad a esta orden militar. Ella tropezó con el pergamino por error y asegura que las confesiones como escupir a la cruz de Cristo, negar la existencia de Jesús, mantener relaciones homosexuales y demás, fueron logradas bajo tortura. El Vaticano inicio un estudio para confirmar lo que el documento decía y, en Octubre de 2007, absuelve públicamente a la Orden del Temple y les restituyó el honor a los Caballeros Templarios. En ese mismo mes, el Archivo del Vaticano presenta el libro “Processus contra los Templarios” que recoge las actas de exculpación del Santo Padre a la Orden del Temple. El documento presentando por el Vaticano corrige la leyenda negra sobre la Orden y muestra la voluntad personal del Papa Clemente V, voluntad que no supo llevar a cabo por miedo al Rey de Francia.

A partir de la disolución de la Orden, la tradición templaria puede considerarse fragmentada simbólicamente en tres partes: el “amor” se quedó en la Orden del Císter (seguidores de Jesús de Nazaret); el poder fue recogido por la francmasonería; y el saber continuó su camino en el muchos movimientos que luego surgieron, entre ellos  los rosacruces. Sin embargo en el Parsifal se dice que el Grial custodiado por los caballeros del Temple se llevó a Oriente en una nave de velas blancas con cruces rojas; simbólicamente, este traslado representa que la iniciación templaria se aparta del mundo y comienza un período de ocultamiento; el Grial se lleva precisamente al lugar donde surge la luz, donde nace el Sol: Oriente. Este “Oriente” no se debe entender necesariamente como un punto geográfico, sino que puede aludir a un núcleo secreto de la propia Orden. Este núcleo sería responsable de la custodia y protección de la tradición espiritual, de la cual la Orden, hasta entonces, era depositaria.

Con la aparición de la Orden, unos pocos hombres mostraron al mundo la unión de creencias en torno a lo más preciado que tiene todo ser humano: su fe. No obstante los Templarios vivieron en una época muy peligrosa y no pudieron gestar en los corazones del mundo, el ideal del verdadero guerrero cuya meta simplemente es defender su derecho a volar hacia su hogar real; la humanidad estaba aún en la infancia, como para iniciar con seriedad la lucha contra su peor enemigo: su propio egoismo. Pero ya el terreno esta despejado y por fin los misterios pueden ser mostrados más abiertamente. Los que están más despiertos, pueden saborear, si lo desean una mesa servida con exquisitos y variados manjares. Por fin se va rompiendo el fanatismo y es en esta una época, en donde nuevamente, la puerta está abierta y los caminos confluyen en uno solo.

Sheikh Abdul Salam o Alipur Karim 
La fe templaria no murió, solo dormito un largo sueño. Los  monjes-guerreros habitan en el presente, en otras formas y su núcleo está en Colombia. Jacques de Molay está entre nosotros y hoy se llama Sheikh Abdul Salam o Alipur Karim. El está ofreciendo al mundo una espiritualidad en la que confluyen todos los linajes; por fin los más de 25 mil discípulos, que quedaron sin guía en la Alta Edad Media, podrán alcanzar su anhelado objetivo espiritual que no es otro que tener el Santo Grial, su pasaporte a la iluminación.  

         




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